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jueves, 17 de diciembre de 2009

Copenhague: Chávez denuncia planes militaristas contra Venezuela


Copenhague, 17 dic (PL) El presidente venezolano, Hugo Chávez, acusó hoy al Reino de los Países Bajos de preparar una agresión contra su país junto a Estados Unidos, como parte de la nueva geopolítica mundial de dominación de los pueblos.

Al hablar durante un encuentro de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) con movimientos sociales en Copenhague, Chávez responsabilizó a Holanda por la ocupación militar estadounidense de las islas de Aruba y Curazao, en el Caribe, a pocos kilómetros de las costas de Venezuela.

El imperio se está armando hasta los dientes y llenando de aviones de guerra, de espías de la CIA, de asesinos de los cuerpos de inteligencia norteamericanos y de barcos de guerra a esas dos islas, denunció.

Chávez pronunció su discurso ante miles de activistas progresistas en el Valvy Hall Center de la capital danesa.

Los Países Bajos, subrayó Chávez, debían considerar la independencia de esos territorios, así como Gran Bretaña debía devolver las Islas Malvinas a Argentina.

Al acusar a ese gobierno de preparar junto a Washington una agresión contra Venezuela, el líder suramericano recordó que Holanda es miembro de la Unión Europea y preguntó qué podría decir Europa por ello.

Chávez deploró la decisión del gobierno de Panamá de abrir sus bases militares a Estados Unidos, luego de la concertación del presidente colombiano, Alvaro Uribe, con el gobierno de Barack Obama para abrir en la nación andina de siete enclaves controlados por el Pentágono.

El jefe de Estado llamó a los jóvenes europeos a sumarse para hacer "una Revolución Mundial contra el imperialismo, el capitalismo y la muerte" y en pos de la vida y del amor, con una esencia ecológica, energética, moral y humana.

Estamos al borde del abismo, mañana puede ser demasiado tarde para la vida del planeta y tenemos que luchar con urgencia, pasión y voluntad para derrotar al capitalismo y construir una alternativa radical, humana y vital contra el modelo destructivo del capitalismo, enfatizó Chávez.

fuente- prensa-latina.cu

martes, 21 de abril de 2009

La cumbre en Trinidad y Tobago marcó el final del “consenso de Washington”


David Brooks
Corresponsal
Nueva York, 20 de abril. Quince años después de que todos los mandatarios del hemisferio, con excepción de Cuba, sumaron sus voces al coro conducido por Washington y Wall Street en la primera Cumbre de las Américas para cantar al unísono que el “libre comercio” era el camino al futuro, el concepto no fue mencionado por el presidente Barack Obama.
Aunque no fue declarado de manera formal ni explícita por los 34 mandatarios (algunos no están preparados para aceptarlo), en esta quinta Cumbre de las Américas se marcó el fin del atinadamente bautizado “consenso de Washington”. Ausente de la agenda estaba la llamada Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), justo el concepto al centro del consenso con el cual se inauguró la Cumbre de las Américas en 1994 en Miami. Aunque su fin empezó en el sur hace años, con cada vez más gobiernos electos en la región opuestos (en diferentes grados) de manera explícita a las políticas neoliberales al centro de ese consenso, en esta ocasión fue el propio Washington que anuló su “consenso”.
Y es que las cosas, igual que en el sur, han cambiado dentro de este país, y esos cambios se aceleraron aún más al detonarse la peor crisis económica en décadas. La crisis destruyó el frágil “consenso” en torno al modelo neoliberal dentro de Estados Unidos impulsado desde los tiempos de Ronald Reagan y promovido por las presidencias de George Bush (padre), Bill Clinton y George W. Bush. Eso se registra en el nuevo panorama político en este país y en los registros de la opinión pública.
Vale recordar que Obama se comprometió a “renegociar” el TLCAN, en particular sus aspectos laborales y ambientales, y expresó su crítica hacia otros, como el aún no aprobado con Colombia, durante su campaña electoral, algo que hizo en respuesta a la amplia oposición al libre comercio en varios estados claves en el mapa electoral como Ohio y Pensilvania (los cuales ganó en la elección general).
En encuestas durante las elecciones presidenciales del año pasado, mayorías (a veces hasta 70 por ciento) consideraban que sus familias habían sido afectadas de manera negativa por acuerdos de libre comercio, y se oponen tanto al TLCAN como a otros acuerdos por sus efecto sobre el empleo en Estados Unidos y algunas preocupaciones sobre la calidad de productos importados.
Un análisis de la organización de defensa del consumidor Public Citizen encontró que esto se expresó en el último ciclo electoral cuando 72 candidatos a la legislatura nacional que incorporaron su oposición de libre comercio en sus campañas electorales, derrotaron a legisladores que habían votado por el TLCAN y otros acuerdos de libre comercio.
Varios expertos en las relaciones internacionales coinciden con que “el libre comercio” se ha convertido en un “mal término” en algunos sectores, como comentó recientemente Julia Sweig, directora del programa de América Latina del prestigioso Council on Foreign Relations, a Congress Daily. Éstos señalan que no sólo se manifiesta por los cambios políticos y económicos en América Latina, sino también dentro del mismo Estados Unidos.
Y es así que Obama regresó de la Cumbre de las Américas al subrayar el mensaje de cooperación mutua para enfrentar la crisis económica y otros desafíos que enfrentan en común todos los países del hemisferio, pero la fórmula mágica de hace 15 años no está entre las recetas esta vez.
Sin embargo, aunque no se está dando prioridad a las políticas de libre comercio, tampoco hay intenciones del gobierno de Obama de hacer algo muy radical en torno al tema. No es que haya desaparecido esa gama de fuerzas empresariales y financieras que favorecen estas políticas, junto con algunos sectores que se han beneficiado, y que tienen enorme influencia en Washington, aunque no como antes. Hoy el Representante de Comercio de Estados Unidos del gobierno de Obama, Ron Kirk, dijo en una teleconferencia con periodistas que no hay planes para “reabrir el acuerdo” del TLCAN con México para fortalecer las normas laborales y ambientales, tal como Obama había planteado durante la campaña (igual que su entonces rival y ahora secretaria de Estado Hillary Clinton). “El presidente ha dicho que evaluaremos todas nuestras opciones, pero creo que pueden ser abordadas sin tener que reabrir el acuerdo”, afirmó Kirk. Agregó que en la Cumbre de las Américas, Obama y sus contrapartes de México y Canadá hablaron del asunto, y que opinaron que no era necesario reabrir el acuerdo por ahora.
Kirk, conocido promotor del libre comercio, también aseguró que se evalúan acuerdos de libre comercio aún no ratificados con Colombia y Panamá. Obama y Kirk se reunieron con sus contrapartes de dichos países para platicar del asunto, pero aparentemente Obama optó por no mencionar el tema en sus conferencias de prensa o declaraciones oficiales durante la cumbre.
Pero Obama está enfrentando algo mucho más grande en esta coyuntura, lo cual incluye reexaminar las políticas comerciales: “redefinir” el capitalismo estadunidense. Esto fue expresado tanto en la Cumbre de las Américas como durante su previa gira internacional por Europa.
En un reportaje analítico en el New York Times, se resume lo ocurrido después de la caída del Muro de Berlín, donde durante dos décadas el modelo estadunidense de capitalismo gozó de creciente dominio en el mundo sin enfrentar alternativas que lo desafiaran en gran escala, y que éste progresó “hacia lo que los conservadores percibían como un forma más pura de libertad económica y que liberales llegaron a considerar como un fundamentalismo de libre mercado mal guiado. Pero ahora, mientras Estados Unidos y otros países buscan lecciones entre los escombros de los excesos de ese periodo, están enfrentando incertidumbre sobre cuáles estructuras y valores económicos deberían de definir el próximo capítulo del capitalismo”.
O sea, ya no existe algo que pueda llamarse “consenso de Washington”, ni en Washington.
fuente- la jornada

lunes, 20 de abril de 2009

Viaje “de paso”

John M. Ackerman

La breve escala que realizó Barack Obama en la ciudad de México la semana pasada constituye un mal augurio para el futuro de las relaciones entre México y Estados Unidos. Durante su reciente viaje a Europa, Obama dirigió discursos a plazas rebosantes de ciudadanos y sostuvo diálogos con diversidad de actores políticos y sociales. En contraste, en su primera visita a México el presidente estadunidense se limitó a reunirse a puerta cerrada y de forma apresurada con Felipe Calderón y su gabinete.
En un artículo publicado el año pasado en el Dallas Morning News, Obama prometió que de llegar a la presidencia las reuniones que sostuviera con su homólogo mexicano se desarrollarían con total transparencia y contarían con la participación activa de “ciudadanos, trabajadores, sector privado y organizaciones no gubernamentales”. Sin embargo, esto no ocurrió la semana pasada. Los ciudadanos no pudimos incidir en la determinación de la agenda de trabajo y ni siquiera fuimos informados del contenido de las reuniones bilaterales.
La artificialidad de los supuestos encuentros de Obama con “la sociedad mexicana” fue vergonzante. Los niños que le ondeaban banderas durante el encuentro en el Campo Marte venían principalmente de escuelas privadas, como el Colegio Americano y Westhill. De forma clasista y discriminatoria, a última hora los organizadores tuvieron que improvisar lugares adicionales para algunos jóvenes del Conalep. La controvertida cena de gala en el Museo de Antropología incluyó a destacados representantes de la clase política y empresarial dominante del país y excluyó a la mayoría de los líderes de la izquierda.
El presidente estadunidense tampoco mostró mayor interés en acercarse a la sociedad mexicana. Exigió la reducción del número de asistentes a la cena y canceló un encuentro con organizaciones sociales que originalmente se había programado. No conoció al pueblo mexicano y el pueblo de México se quedó con las ganas de conocerlo, colgado de los puentes peatonales aledaños al aeropuerto en espera de algún saludo.
El siempre ingenioso corresponsal de La Jornada David Brooks tiene toda la razón al señalar que este encuentro demuestra que Estados Unidos sigue viendo sus relaciones con México como un asunto más de política interior (La Jornada, 16/4/09).
Efectivamente, Obama no incluyó en su comitiva a su esposa ni a su secretaria de Estado, Hillary Clinton. Janet Napolitano, secretaria de Seguridad Interna, fue quien tuvo el papel más activo con el gobierno mexicano. Otro dato significativo es que Obama se hizo acompañar de su secretario de Energía, Steven Chu, lo cual indica que el petróleo también fue un tema relevante en la reunión bilateral.
En la conferencia de prensa del jueves pasado, Calderón desaprovechó la oportunidad para exigir de manera contundente y de frente al mismo Obama la reinstalación de la prohibición de la venta de armas de asalto en Estados Unidos. Éste ha sido uno de los pocos temas en que el gobierno mexicano había demostrado cierta contundencia y valor ante los vecinos del norte. Sin embargo, en el momento de la verdad Calderón patinó: “En definitiva respetamos la decisión del Congreso, del pueblo estadunidense al respecto… Sabemos que es un tema políticamente delicado”.
El gobierno de Calderón también se negó a realizar comentario alguno respecto al nombramiento de Alan Bersin como el nuevo zar de la frontera entre México y Estados Unidos. Bersin ya ocupó un puesto similar durante la administración de Bill Clinton, desde donde encabezó la polémica Operación Guardián.
Esta desafortunada política obligó a los mexicanos a utilizar las zonas más inhóspitas para cruzar la frontera, lo que provocó de forma directa un aumento estratosférico de compatriotas muertos durante los años 90.
Estos silencios se suman a acciones concretas, como la apertura de una nueva oficina bilateral en la ciudad de México para combatir al crimen organizado, la negativa a intervenir en el asunto de Citibank y la participación en las operaciones militares conjuntas, que cada día ponen más en tela de juicio la disposición de Calderón para defender la soberanía nacional.
Las recientes declaraciones de Raúl Castro en el contexto de la Cumbre de las Américas ofrecen un buen contraste con la actitud asumida por Calderón ante el gobierno estadunidense. Castro afirmó que estaría dispuesto a “discutir todo”, incluso temas como derechos humanos, libertad de prensa y presos políticos, siempre y cuando fuera “en igualdad de condiciones, sin la mínima violación a nuestra soberanía y al derecho de autodeterminación”. Calderón, en contraste, se niega a abordar precisamente estos mismos temas espinosos con Obama y prefiere sacrificar la soberanía con actitudes exageradamente complacientes hacia el gobierno de Washington.
Los optimistas celebran que Obama haya estado dispuesto a “visitar” nuestro país y que los mandatarios parecen llevarse bien. Pero en la diplomacia lo más importante no es sólo la cordialidad, y las visitas “de paso” no abonan en nada al establecimiento de una nueva relación de largo plazo basada en el respeto mutuo.
Esclarecimiento inmediato para el artero asesinato de Beatriz López en Oaxaca.
fuente- la jornada