sábado, 11 de septiembre de 2010
A la memoria del gran socialista chileno: al compañero presidente Salvador Allende

Los herederos de los ideales de Allende han aprendido la lección para realizar cambios profundos que el gran presidente amigo se propuso para obtener lo que su gobierno careció: alianzas para lograr las mayorías parlamentarias que estén a favor del pueblo y de los más necesitados y no se está lejos de lograrse ese objetivo, basta una mirada a casi todo el sur del continente: Bolivia, Uruguay, Brasil, Argentina, Venezuela, Ecuador, Chile, ya casi todo el Cono Sur se pinta de rojo, símbolo del socialismo progresista del pueblo para el pueblo, ojala México algún día se atreva a voltear a ver ese gran Continente sur que se acerca a una justicia social que tanto falta hace, para la reivindicación de los desposeídos, de las bondades de un socialismo progresista para bien de la humanidad.
Como la genialidad de los dirigentes socialistas que surgieron en la década de los 30s, Salvador Allende tuvo una formación ideológica ecléctica, nunca se declaro marxista-leninista, ni cuando su partido el socialista lo hizo, diciendo: “yo no soy un teórico”, cuando asume la presidencia de la República, se dirigió a los trabajadores para pedirles que no lo llamaran su excelencia o señor presidente, sino compañero presidente, indicando que la tarea de Chile no es la tarea de un hombre, ni de un grupo de partidos (UP), la tarea es del pueblo organizado, disciplinado y consciente y diría: “yo no soy un caudillo, ni un mesías, ni un hombre providencial, soy un combatiente del pueblo que comprende que la unidad lleva en sí la posibilidad del triunfo del pueblo y no de un hombre, soy un militante del socialismo, un servidor del pueblo, un hombre que cumple una tarea, la tarea que el pueblo me ha dado”.
Qué grande es el abismo al voltear a ver a nuestros gobernantes y viendo la gran brecha que existe, lo contrario a las manecillas del reloj, Allende sembró los grandes cambios que necesitaba el país , como la nacionalización del cobre, la reforma agraria, además como dirigente político, como personaje histórico (como lo fue Luis Emilio Recabaren, considerado el padre del movimiento obrero de Chile, gran educador social) que además las masas acogieron sus palabras porque era de lenguaje claro, directo y sencillo y hablaba de asuntos que le interesaban a la gente saliendo al encuentro de las cosas en que el pueblo pensaba.
Cuatro veces candidato a presidente recorrió el país de norte a sur y de mar a cordillera, haciéndose presente desde la mañana a la medianoche, hasta en los más apartados rincones de su patria, Allende fue un político realista y responsable, convencido de la causa que enarbolaba y del llamado cambio pacífico que seguía el movimiento popular, decía: “Que quede claro, nosotros no buscamos la violencia”. A principios de 1971, una vez que se produce el triunfo electoral de la Unidad Popular en las elecciones municipales, en la que alcanzó más del 51% de los votos se dio un momento propicio por haber intentado modificar la composición de los mandos, alejando de las filas a los más reticentes o adversos del proyecto político de la Unidad Popular profundizando los cambios con los que se había iniciado.
La última página de de su vida alcanzó las altas cumbres del heroísmo, con serenidad, esa mañana del 11 de septiembre de 1973 se informo de todo y tomo decisiones, estando en su puesto de mando en la Moneda ya envuelta en llamas, exigiendo que se retiraran las mujeres entre ellas sus dos hijas: Beatriz e Isabel y su secretaria Miria Contreras, la Payita, quedando sólo con 40 colaboradores y miembros de su guardia personal, fijando posiciones de combate y empuñando su AK que le había regalado Fidel Castro y que solía mostrar orgullosamente, indicando que no saldría de la Moneda con sus propios pies y disipar hasta la última bala, en defensa de los derechos del pueblo y la legitimidad de su cargo, hay mucho de qué hablar no sólo de este gran estadista del proceso chileno y de la Unidad Popular, pero sobre todo de los aspectos negativos que desencadenaron el golpe militar que iremos dándole seguimiento en otros espacios de esta columna por el gran valor de los episodios tan entrañables para nuestra generación.
Corresponde ver la realidad, reconociendo que no fue menor la responsabilidad de la Unidad Popular, se podría decir que las limitaciones del presidente, derivadas de su propia formación, no eran el único obstáculo, el obstáculo principal estaba en la U.P. que ya había perdido su cohesión y en cuyo seno se habían conformado dos corrientes, una privilegiaba la lucha y la movilización de las masas populares en apoyo al gobierno en pro del estricto cumplimiento del programa y de la búsqueda de acuerdos con la Democracia Cristiana en torno a aquellas materias que requerían la aprobación del parlamento y la otra se declaraba partidaria de avanzar sin transar, de echarle para delante de cualquier manera, prescindiendo de la legalidad que el gobierno y los partidos de izquierda se habían comprometido a respetar y fuera de la cual, en las condiciones prevalecientes, no había ninguna posibilidad de ganar fuerzas, vencer las dificultades y avanzar.
En Salvador Allende solían chocar su firme propósito de llevar a cabo la revolución en democracia y libertad, con su decidido deseo de no permitir que la reacción retomara el poder para implementar un régimen contrario a la democracia. n
Por mi raza hablará el espíritu
Chile recuerda 37 años del golpe en el que Pinochet derrocó a Allende
Activistas la organización por los derechos humanos "Personas Detenidas y Desaparecidas" en Santiago, ChilePor Moisés Avila Roldán (AFP) – hace 7 horas
SANTIAGO — Chile recordó el sábado los 37 años del golpe de Estado en el que el general Augusto Pinochet derrocó al socialista Salvador Allende, hecho que el presidente Sebastián Piñera describió como un "desenlace previsible aunque evitable de una democracia que venía enferma".
Esta conmemoración ocurre por primera vez dentro de un gobierno de derecha, y estuvo enmarcada en una marcha pacífica de 8.000 manifestantes que se vio ligeramente perturbada por unos 50 activistas violentos, indicó la policía.
"Se quebró nuestra democracia, pero no fue una muerte súbita ni intempestiva. Fue más bien el desenlace previsible aunque evitable de una democracia que venía enferma", dijo Piñera en una visita al norte del país.
La sociedad estaba "enferma de odiosidad, de polarización extrema, de falta de diálogo. Daba la impresión que gobierno y oposición de la época se habían propuesto destruirse mutuamente y lo lograron", aseguró el gobernante.
"De paso destruyeron nuestra democracia, nuestra amistad cívica, nuestra sana convivencia y muchas cosas más", añadió Piñera.
El presidente pidió acabar con las divisiones del pasado, cuando el país se polarizó tras el golpe de Estado.
"Tres de cada cuatro chilenos que hoy día viven en nuestro país eran menores de edad o ni siquiera habían nacido el 11 de septiembre de 1973 y, por tanto, no podemos quedarnos atrapados en las mismas querellas y visiones y odios del pasado, eso no es la tarea de nuestra generación: la generación del Bicentenario", aseveró el gobernante.
Piñera aludió así a la próxima conmemoración de los 200 años de la Independencia de Chile, este 18 de septiembre.
En tanto, militares retirados de las Fuerzas Armadas también conmemoraron el golpe, resaltando la figura del dictador, a quien consideran gestor de la prosperidad económica que Chile tiene en la actualidad.
De la actividad participó la hija mayor del dictador, Lucía, quien aseguró a la prensa que su padre pudo morir tranquilo y orgulloso "de que este país es lo que es gracias al gobierno de las Fuerzas Armadas encabezadas por Augusto Pinochet".
Por su parte, el subsecretario del Interior, Rodrigo Ubilla, rechazó los hechos de violencia registrados durante una marcha pacífica en rechazo al golpe, que si bien distaron de los ocurridos en años anteriores, dejaron una veintena de detenidos por alteración del orden y destrucción de la propiedad pública.
Según difundieron los canales de televisión locales, unos 50 encapuchados, provistos de piedras y objetos contundentes, destrozaron algunos semáforos, carteles con señales de tránsito, estaciones de servicio y varios vehículos de prensa. También se enfrentaron con la policía.
En las imágenes se veían individuos con el rostro cubierto prendiéndole fuego a una bandera chilena.
La marcha denominada "Por los Derechos Humanos", donde según la policía participaron unas 8.000 personas, se inició sin problemas en el centro de Santiago y recorrió la avenida Bernardo O'Higgins -principal arteria de la capital- escoltada por Carabineros (policía).
Sin embargo, al llegar al cementerio general, donde se programó el cierre de las actividades, irrumpieron los encapuchados. Más temprano, el coronel de Carabineros, Mauricio Toro, informó de un herido de bala y cuatro detenidos durante incidentes menores en la madrugada del sábado.
El 11 de septiembre de 1973, el general del ejército Augusto Pinochet lideró un golpe de Estado en el que derrocó al entonces mandatario socialista Salvador Allende. Tras la toma del Palacio de La Moneda por los militares, Allende se quitó la vida en su despacho, según testificaron sus allegados.
Durante la dictadura de Pinochet, que se extendió hasta 1990, 3.000 personas fueron asesinadas o desaparecieron. Unos 560 militares han sido procesados por esos crímenes. Pinochet, sobre quien pesaban varios procesos judiciales, falleció en 2006 sin recibir condena de la justicia.
fuente- AFP
miércoles, 8 de septiembre de 2010
11 de septiembre: 37 años del golpe militar en Chile

En la memoria de Allende, Neruda, Victor Jara....
37 años después, el "trabajo sucio de carnicería de Pinochet-Kissinger" perdura.
a modo de ejemplo en el trabajo minero, en especial en la mineria privada, sin derechos laborales, sin utilidades para el país.
a modo de ejemplo en la absoluta prolongación del exterminio de derechos entre los Originarios de Chile.
¿cuál sería la diferencia, para el Pueblo Mapuche, entre Piñera y Valdivia?
Mapuches y Mineros en Chile.
..que los 33 mineros chilenos atrapados bajo tierra en la mina San José, se hayan convertido en los rehenes de una perversa forma de concebir la política. La actitud de Piñera tratando de utilizar la tragedia de los mineros y sus familiares como si esto fuera un acto político de campaña, deja trascender la manifiesta perversión de este millonario que hoy ocupa la Moneda. Ahora ya se sabe; cada minuto que dure la tragedia de los mineros, será un minuto más de show montado en torno a este tragico hecho por el actual gobierno.
..salvar a los mineros y liberar a los presos Mapuche.
Atacama-y-Araucanía:
.¿. los mineros sabrán lo que pasa con los mapuches y viceversa ?. ¿podemos imaginar una mesa de diálogo entre ambos grupos, un foro sobre el tratamiento de los medios a ambos asuntos en que participen no sólo teóricos sino la gente que está afectada por estos acontecimientos...?
A unos se los define como héroes, a otros como subversivos. ¿Son estas palabras apropiadas para estos dos grupos de hombres-de-la-tierra?
Mapuche: Mapu: tierra, che: gente. gente de la tierra.
33 mineros, 34 presos Mapuche en huelga de hambre
http://tlc-no.blogspot.com/2010/09/chile-mineros-y-mapuches.html
http://www.tinku.org/content/view/4958/144/
canción de Victor Jara a los caras-negras
http://www.youtube.com/watch?v=vCTDCt2N6Fg
http://www.youtube.com/watch?v=wFhjH01_nYY&feature=related
a la mina no voy
http://www.youtube.com/watch?v=bRo9sSW71_E&feature=related
don Pablo Neruda: sobre el Pueblo Mapuche.
"Valdivia, el capitán intruso,
cortó mi tierra con la espada
entre ladrones: "Esto es tuyo,
esto es tuyo, Valdés, Montero,
esto es tuyo, Inés, este sitio
es el cabildo".
Dividieron mi patria
como si fuera un asno muerto…
Valdivia cortó las manos del cacique,
devolvió a los prisioneros
con narices y orejas cortadas,
empaló al Toqui, asesinó
a la muchacha guerrillera
y con su guante ensangrentado
marcó las piedras de la patria,
dejándola llena de muertos,
y soledad y cicatrices"
(Valdivia 1544, de Canto General).
"Lautaro era una flecha delgada. /
Elástico y azul fue nuestro padre. /
Fue su primera edad sólo silencio. /
Su adolescencia fue dominio. /
Su juventud fue un viento dirigido. /
Se preparó como una larga lanza. /
Acostumbró los pies en las cascadas. /
Educó la cabeza en las espinas. /
Ejecutó las pruebas del guanaco. /
Vivió en las madrigueras de la nieve. /
Acechó la comida de las águilas. /
Arañó los secretos del peñasco... /
Sólo entonces fue digno de su pueblo"
(Educación del Cacique, de Canto General).
jueves, 18 de febrero de 2010
Allende y Guevara

La pregunta encierra la opinión de que sólo uno de ellos podía tener razón, y el público espera a que yo escoja entre los caminos elegidos por Ernesto Guevara y por Salvador Allende.
En un determinado momento de su vida, Guevara abandona el despacho del ministro y su mesa de trabajo para marcharse a Bolivia, donde organiza un destacamento de guerrilla. Muere siendo el comandante de ese destacamento.
Allende, al contrario, muere defendiendo su mesa de trabajo, su despacho de presidente, del cual sólo lo sacarían –como siempre había dicho– “en un traje de madera”.
Aparentemente, pues, se trata de dos muertes muy diferentes, pero en realidad esa diferencia no estriba más que en el lugar, el tiempo y las circunstancias. Tanto Allende como Guevara sacrifican su vida por el poder del pueblo. El primero defendiéndolo, el segundo luchando por conseguirlo. La mesa de Allende sólo es un símbolo, al igual que lo son las botas de campesino que calza Guevara.
Hasta el último momento los dos están convencidos de haber elegido el más justo y acertado de los caminos. Para Guevara, es el de la acción armada. Y se sabe que ésta no puede saldarse sin víctimas. Para Allende, es el camino de la lucha política. Él quiere evitar víctimas cueste lo que cueste.
Los dos eran médicos. Guevara, cirujano; Allende, internista. ¿Influyó tal cosa en sus actitudes? Al elegir una profesión, la persona se guía por una serie de motivos psicológicos. Indudablemente, pero ¿también fue así en este caso? No lo sé. Los tiros que acaban con la vida de Guevara y de Allende no se disparan desde un escondite. Los dos aceptan su muerte conscientemente, a sabiendas de que llega. Cada uno de ellos puede salvarse, tiene su oportunidad, tiene tiempo. Entre la captura de Guevara herido y su ejecución transcurren veinte horas. El coronel Zenteno le promete que conservará la vida si consiente en comparecer ante un tribunal como acusado. Guevara rechaza la propuesta. Maniatado, permanece sentado en el suelo de tierra de la escuela rural de Higueras y calla, se niega a hablar. Le duele el muslo abierto por el balazo, le duelen los forúnculos, le asfixia el asma. Quizá ni siquiera se da cuenta del momento en que en la ventana aparece un sargento que aprieta el gatillo de su metralleta.
Allende dispone de ocho horas. Por la mañana se entera de que hay un avión esperándolo, que puede ir donde quiera, a condición de que dimita, de que abandone su puesto. Pero no lo hará. Todavía ayer era un señor mayor, de rostro cansado y preocupado, ya grave , ya bonachón, vestido siempre con sofisticada elegancia. Hoy rebosa en nuevas energías, en una fuerza y una vitalidad que asombra a todo el mundo: dispara, dicta órdenes, lidera su última batalla. Pasan las horas. A su alrededor hay muertos y heridos. También él está herido. Pero el pulso sigue firme, la metralleta no falla la diana. El ejército irrumpe en el Palacio. En uno de los salones, en medio del humo, el polvo y el olor a quemado, seguirá disparando hasta el final un hombre bajo, aunque robusto, cumplidos con creces los sesenta, con casco de minero y jersey de cuello alto: el presidente de la república.
En la manera en que mueren Guevara y Allende hay una implacable determinación, una inexorabilidad conscientemente escogida, una tremenda dignidad. En esas últimas horas, todo lo que podría llevar a la salvación queda rechazado: regateos, tejemanejes, compromisos, rendición o huida. El camino, ya despejado y recto, no lleva sino a la muerte.
Tanto una como otra, sus muertes son un lance de honor, un desafío. Un deseo de manifestar públicamente la justicia de sus convicciones y una disposición, más allá de toda vacilación, a pagar por ellas el máximo precio. Me veo obligado a irme, pero no me voy del todo, no por completo, no para siempre. Se tienen que ir: esto lo saben los dos, llevan tiempo preparándose para ello. Guevara se despide de Fidel, de sus padres y de sus hijos en unas cartas escritas meses atrás. Allende empieza su último y trágico día despidiéndose de sus hijas y, en un discurso radiado, del pueblo. A partir de entonces los dos se quedarán a solas con el destino, rodeados por un puñado de hombres que los seguirán hasta el final. Seguir hasta el final: ésta será la idea que los acompañará durante el resto de las horas que les quedan. Hasta el final actúan, no tienen tiempo, están ocupados en sus cometidos.
Los dos caen en plena marcha.
Sus muertes: tan parecidas; sus vidas: tan diferentes.
Dos personalidades antitéticas, dos temperamentos diametralmente opuestos.
Siendo un muchacho, Guevara viaja por el Amazonas en una balsa, quiere atravesar toda América Latina en bicicleta. Va a Bolivia por mor de una revolución, va a Guatemala por mor de una revolución, finalmente llega a México, que, tiempo atrás, también había sido escenario de una revolución. Allí conoce a Fidel Castro y juntos organizan el desembarco guerrillero en Cuba. Al alcanzar la costa caen en una emboscada. Es el 2 de diciembre de 1956. De los ochenta y dos milicianos sólo una docena queda con vida. Ni siquiera todos van armados con un fusil. Guevara está herido. Y aquella docena de hombres empieza la mayor epopeya de la historia reciente de América Latina.
La naturaleza inquieta de Guevara no para de empujarlo hacia delante, pero la suya es una inquietud dirigida, su energía se concentra en la causa revolucionaria.
Toda su vida es una constante búsqueda de un campo de batalla.
Nacido en 1928, muere a los treinta y nueve años. Pertenece a esa generación de jóvenes latinoamericanos que, tras levantarse en armas, en los años cincuenta se alzan con su primera y maravillosa victoria. A partir de ella se creerán que la historia enseguida, y siempre, se pone del lado de las causas más nobles. Muchos han pagado por esa fe con sus propias vidas. Estaban convencidos de que las masas no hacían sino esperar una señal, de que el barril estaba lleno de pólvora y de que bastaba con una sola chispa. Y, según ellos, esa chispa no era otra cosa que un destacamento de guerrilleros entregados a la causa, dispuestos a todo. Poco a poco se les unirían voluntarios y el destacamento se convertiría en un ejército popular que tomaría el poder y haría la revolución.
Guevara crea un destacamento así en Bolivia y empieza a combatir. Espera la llegada de voluntarios, sobre todo campesinos. Pero los campesinos no se le unen. Un campesino apellidado Rojas denuncia, condenándolos a la muerte, a trece hombres del destacamento de Guevara. El oficial del ejército le paga por ello cinco dólares, a los que añade una barra de chocolate. En su Diario, Guevara menciona a cada momento lo difícil que le resulta entenderse con los campesinos. Pero no es de extrañar. Él proviene de una familia burguesa argentina, es blanco y habla en español. En cambio el campesino al que espera es indio, sólo habla quechua y desconfía de los blancos, que lo han explotado durante siglos. Ese campesino de la desértica y olvidada provincia boliviana –que está tan alejada de la civilización moderna como la luna de la Tierra– no quiere luchar contra la corrupta dictadura del presidente Barrientos, porque ha oído decir que hace algún tiempo dicho presidente se presentó en una aldea y regaló a todo el mundo un par de zapatos. Los zapatos son el gran sueño de los campesinos. ¿Qué les pueden ofrecer los guerrilleros?
Portada del libro de Ryszard Kapuscinski (1932-2007)
Además, los guerrilleros han llegado de la ciudad o de otros países. En cambio los soldados que los combaten son chicos de las aldeas vecinas. Indios que hablan quechua. Cierto que los oficiales son hombres blancos y han recibido instrucción en academias norteamericanas. Pero el ranger raso es hijo de campesinos, nacido y criado en sus mismos pagos. En ese territorio desértico, yermo y pedregoso en el que los guerrilleros se pierden a cada momento y nunca están seguros de si van en la buena dirección, los soldados se sienten como el pez en el agua. Conocen cada piedra, cada quebrada. Allí habían jugado de niños, por aquel sendero iban a buscar agua.
Alrededor del destacamento de Guevara se estrecha el cerco de la muerte. Hambrientos y exhaustos, los hombres libran una batalla desigual en la que quedan derrotados. Es soleado y muy caluroso el último día del Che.
La vida de Salvador Allende discurre por otra vía. Aunque también entregada a la causa, es una vida ordenada, regular, sin sacudidas. A sus veintinueve años, Ernesto Guevara lidera el frente guerrillero en Sierra Maestra, tiene el brazo en cabestrillo y ha burlado la muerte en más de una ocasión. A sus veintinueve años, Salvador Allende se convierte en diputado al Parlamento y los amigos le auguran una carrera vertiginosa. Tiene treinta y un años cuando se hace cargo de la cartera de ministro de la Salud en el gobierno del radical Aguirre Cerda. Ingresa en una logia masónica. Funda el partido socialista. En 1945 es senador. Cuatro veces es candidato a la presidencia de la república: en 1953, 1958, 1964 y 1970. En veinte años es el único candidato de la izquierda a este cargo. Toda la vida de Allende transcurre en Santiago, en el Parlamento, o en las provincias chilenas, adonde lo llevan sus largas campañas electorales.
El Parlamento de Chile: un edificio gris y feo, situado en el centro de la ciudad, calle de la Catedral. Aquí tiene Allende su despacho de senador. Estanterías desde el suelo hasta el techo, y en ellas, docenas de volúmenes de leyes y enmiendas a esas leyes, mil veces estu-diadas, corregidas y aumentadas. En este edificio, Allende trabaja y lucha treinta y tres años, primero como diputado, después como senador. El edificio forma su mentalidad legalista, su perfecto dominio del derecho, de la constitución, de la ley. De todos modos, la izquierda chilena siempre ha sido una acérrima defensora de la Constitución y del Parlamento burgueses. Sólo aparentemente es una paradoja.
La Constitución y el Parlamento garantizaban a la izquierda la libertad de actuar dentro de la legalidad, le brindaban la posibilidad de llevar su lucha política abiertamente. En 1969, durante el mandato del presidente Frei, el general Roberto Viaux quiso dar un golpe de Estado y clausurar el Parlamento. Fue precisamente la izquierda la que lo salvó, la que salvó ese mismo Parlamento que durante el mandato presidencial de Allende se convertirá en el principal centro de oposición, provocación y sedición. Pero Allende, que durante toda su vida ha construido la autoridad del Parlamento, una vez jurado el cargo de presidente, no lo disolverá aun a precio de perder el poder y la vida.
A menudo se oye la pregunta de por qué Allende no armó al pueblo y no empezó una guerra civil.
Distribuir armas a gran escala era imposible, porque en Chile el servicio de espionaje interno está en manos del ejército, el cual se habría enterado enseguida de cualquier traslado de partidas de armamento, de la formación de destacamentos populares, de su instrucción, etcétera. Tal cosa sólo habría acelerado el golpe. Además, Allende sabía que se trataba de un ejército moderno, con enorme potencia de fuego y que llamar a luchar contra semejante fuerza a un pueblo mal armado habría supuesto cientos de miles de víctimas, el derramamiento de sangre de la mitad de la nación.
En su rechazo a la guerra civil Allende también se guía por un importante principio moral. Cuando tomaba posesión de su cargo, él, el primer presidente popular de Chile, juró respetar la constitución. Y la constitución obliga al presidente a hacer todo lo posible para evitar el estallido de una guerra civil.
Allende desea preservar la honestidad ética.
De la misma manera se comporta Guevara.
Su destacamento no para de capturar prisioneros, soldados rasos y oficiales, a los que suelta enseguida. Desde el punto de vista militar, comete un grave error: los prisioneros no tardan en informar del lugar en que se encuentra el destacamento, del número de sus miembros y de su armamento. Pero Guevara no fusila a ninguno. “Estáis libres”, les dice; “nosotros, los revolucionarios, somos personas moralmente honestas, no vamos a ensañarnos con un adversario desarmado”.
Este principio de honestidad moral es un rasgo característico de la izquierda latinoamericana. También es causa de sus frecuentes derrotas en la política y en la lucha. Pero hay que intentar entender su situación. Todo joven latinoamericano crece rodeado de un mundo corrupto. Es el mundo de una política hecha por y para el dinero, de la demagogia desenfrenada, del asesinato y el terror policial, de una plutocracia implacable y derrochadora, de una burguesía ávida de todo, de explotadores cínicos, de arribistas vacuos y depravados, de muchachas empujadas a cambiar fácilmente de hombre. El joven revolucionario rechaza ese mundo, desea destruirlo, y antes de que sea capaz de hacerlo, quiere contraponerle un mundo diferente, puro y honrado, quiere contraponerle a sí mismo.
En la rebeldía de la izquierda latinoamericana siempre está presente ese factor de purificación moral, un sentimiento de superioridad ética, una preocupación por mantener esa superioridad frente al adversario. Perderé, me matarán, pero jamás nadie podrá decir de mí que he roto las reglas del juego, que he traicionado, que he fallado, que tenía las manos sucias.
Tanto Guevara como Allende son los mejores exponentes de esta actitud, que es toda una escuela de pensamiento. La pregunta importante es: ¿su trayectoria revela un intento consciente de crear un modelo para generaciones futuras que tal vez vivirán en ese mundo por el que ellos luchan y mueren?
¿Acaso se puede responder a la pregunta de cuál de ellos tenía razón? La tenían los dos. Actuaron en circunstancias diferentes, pero el objetivo de sus actuaciones era el mismo. ¿Cometieron errores? Eran seres humanos, ésta es la respuesta. Los dos han escrito el primer capítulo de la historia revolucionaria de América Latina, de esa historia que apenas está en sus inicios y de la que no sabemos cómo evolucionará.
fuente- kaos en la red
viernes, 4 de diciembre de 2009
La memoria del pueblo chileno pudo por fin honrar a Víctor Jara

Víctor Jara fue asesinado hace 36 años por la dictadura de Augusto Pinochet y enterrado en secreto por su esposa y dos amigos el 18 de septiembre de 1973.
El día del golpe, 11 de septiembre, las fuerzas represivas, detuvieron a Víctor, quien fue terriblemente torturado para asesinarlo después. Ese crimen aún permanece impune, ya que los responsables de su asesinato no han sido juzgados.
Miles de personas se han presentado para darle e homenaje que merece, entre quienes se cuentan políticxs, periodistas, artistas y personalidades de la cultura.
Mañana sábado, Jara será enterrado en el Cementerio General.
Empiezan a dar el último adiós a Víctor Jara
Aporrea. Centenares de personas empezaron hoy a dar el último adiós al cantautor Víctor Jara, asesinado en 1973 por militares, en el inicio del velatorio de sus restos, que se extenderá durante tres días para que sus compatriotas le ofrezcan el homenaje que no pudo recibir al momento de su muerte.
La británica Joan Turner, viuda del cantautor, custodió el féretro donde reposan los restos de su esposo, el mismo en el que fue sepultado en septiembre de 1973 cuando, acompañada solo por dos personas, lo depositó en un humilde nicho del Cementerio General.
"Está en el mismo ataúd con que fue sepultado casi en la clandestinidad por Joan Jara el 18 de septiembre de 1973. Su hija Manuela lo ha preparado", explicó la actriz Gloria König, presidenta de la Fundación Víctor Jara.
A la Fundación Víctor Jara, en el centro de Santiago, lugar elegido para velar al artista chileno, acudieron también representantes políticos, del mundo del arte y la cultura y de asociaciones de derechos humanos.
La primera guardia de honor fue encabezada por Joan Jara junto a sus hijas Amanda y Manuela.
Las siguientes fueron realizadas por los trabajadores de la Fundación Víctor Jara, la plana mayor del Partido Comunista de Chile, los máximos dirigentes de las juventudes comunistas y la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos.
Entre las personas que acudieron al velatorio figuran la ministra de Cultura, Paulina Urrutia; el músico chileno Ángel Parra, hijo de Violeta Parra, el director de cine Andrés Wood y el candidato presidencial de la izquierda extraparlamentaria, Jorge Arrate.
El entierro del autor de canciones como "Te recuerdo Amanda" y "¡Ay, canto, que mal me sales!" tendrá lugar el sábado 5 de diciembre a las 10.00 horas (13.00 GMT) cuando, desde la sede de la Fundación saldrá un cortejo que recorrerá las calles hasta el Cementerio General.
El cantautor y director de teatro fue asesinado en el Estadio Chile, un recinto deportivo utilizado como centro de reclusión y tortura, días después del golpe de Estado que el 11 de septiembre de 1973 terminó con el mandato del presidente Salvador Allende (1970-1973).
Según determinó la investigación judicial, fue brutalmente golpeado y torturado, sus manos sufrieron golpes de culatas de fusiles y después recibió 44 disparos en todo el cuerpo.
Largas colas para rendir homenaje al cantante comunista Victor Jara
InSurGente.- Esta semana llegó el momento que se postergó por más de tres décadas: el homenaje y funeral como la gente que merecía Víctor Jara, símbolo del arte popular. El jueves comenzó el velatorio, que culminará con una despedida en el Cementerio General el día sábado, previo recorrido por Santiago. La afluencia de personas es incesante.
Así se anunció en el velatorio que se está realizando en el Galpón que lleva su nombre. El recorrido del sábado comienza a las 10:00 horas en calle Huérfanos. La idea es que pase por calles Brasil, Compañía, San Martín, San Pablo, Morandé y General Mackenna. Pasará también por la Estación Mapocho y será homenajeado por las pergoleras de avenida La Paz.
No será el único: la Brigada Ramona Parra hará el suyo en La Paz con Olivos. Luego Santos Dumont y Recoleta, hasta el Cementerio. Allá será llevado hasta el mismo lugar en que lo sepultó Joan Jara en 1973, con sólo 3 asistentes y bajo fuerte vigilancia militar, que prohibió hacer una despedida masiva.
La actividad lleva varias semanas de planificación y fue autorizada por Intendencia, considerada como muy importante para el Gobierno.
Para que se realice sin inconvenientes, Carabineros coordinó un plan especial para el perímetro del Galpón, con el apoyo de 700 voluntarios civiles.
El jueves y viernes está cortado el tránsito en Huérfanos, entre Cumming y Brasil. Compañía, Agustinas y Brasil siguen con libre circulación. Frente al Galpón, en la Plaza Brasil, se montó un escenario donde diversos artistas tributarán a Jara, incluyendo algunos de gran renombre como Inti Illimani y el Bafochi.
fuente- kaos en la red
Testimonio acerca del asesinato de Víctor Jara

Texto leído en el Acto Homenaje a Víctor Jara, e inauguración de una escultura de Víctor en el frontis de la Casa Central la actual Universidad de Santiago (ex U.T.E).
16 Octubre de 2003
¡A ESE HIJO DE PUTA ME LO TRAEN PARA ACA!.-
Gritó el oficial apuntando con su dedo a Víctor Jara, quien junto a unos 600 profesores y estudiantes de la UTE ingresábamos prisioneros con las manos en la nuca y a punta de bayonetas y culatazos al Estadio Chile la tarde del Miércoles 12 de Septiembre de 1973. Era el día siguiente del Golpe fascista. El día antes, el 11, Víctor debía cantar en el Acto que se realizaría en la UTE, donde nuestro Rector Enrique Kirberg recibiría al Presidente Allende, quien anunciaría el llamado a Plebiscito al pueblo de Chile. ..... Sin embargo, la voz de Allende fue apagada en la Moneda en llamas y la guitarra de Víctor quedaría allí, destrozada por la bota militar en el bombardeo de la UTE, como testimonio más de la barbarie fascista.-
¡A ESE HIJO DE PUTA ME LO TRAEN PARA ACA!. Repitió iracundo el oficial…. Casco hasta los ojos, rostro pintado, metralleta al hombro, granada al pecho, pistola y corvo al cinto, balanceando su cuerpo tensado y prepotente sobre sus botas negras..
A ESE HUEVON!. ¡A ESE!!. El soldado lo empuja sacándolo de la fila.
¡ NO ME LO TRATEN COMO SEÑORITA, CARAJO! Ante la orden, el soldado levanta su fusil y le da un feroz culatazo en la espalda de Víctor. Víctor cae de bruces, casi a los pies del Oficial.
¡CH’E TU MADRE!. VOS SOY EL VICTOR JARA HUEVON. EL CANTOR MARXISTA, ¡EL CANTOR DE PURA MIERDA!. Y, entonces, su bota se descarga furibunda una, dos, tres, diez veces en el cuerpo, en el rostro de Víctor, quien trata de protegerse la cara con sus manos, -ese rostro que cada vez que lo levanta esboza esa sonrisa, que nunca lo abandonó hasta su muerte-. Esa misma sonrisa grande con que cantó desde siempre al amor y a la revolución.-
YO TE ENSEÑARE HIJO DE PUTA A CANTAR CANCIONES CHILENAS, ¡NO COMUNISTAS!.
....El golpe de una bota sobre un cuerpo indefenso no se olvida jamás.... El oficial sigue implacable su castigo, enceguecido de odio, lo increpa y patea. La bota maldita se incrusta en la carne del cantor. Nosotros, apuntados por los fusiles contemplamos con horror la tortura de nuestro querido trovador y pese a la orden de avanzar nos quedamos transidos frente al horror. Víctor yace en el suelo. Y no se queja. Ni pide clemencia. Sólo mira con su rostro campesino al torturador fascista. Este se desespera. Y de improviso desenfunda su pistola y pensamos con pavor que la descerrajará sobre Víctor. Pero, ahora le golpea con el cañón del arma, una y otra vez. Grita e increpa. Es histeria fascista. Y, entonces, la sangre de Víctor comienza a empaparle su pelo, a cubrirle su frente, sus ojos......... Y la expresión de su rostro ensangrentado se nos quedaría grabada para siempre en nuestras retinas........
El oficial se cansa y de pronto detiene sus golpes. Mira a su alrededor y advierte los cientos de ojos testigos que en una larga hilera lo observan con espanto y con ira. Entonces, se descompone y vocifera.
¡¿QUE PASA HUEVONES?!. ¡QUE AVANCEN ESTAS MIERDAS!!. Y A ESTE CABRON, se dirige a un soldado, ME LO PONES EN ESE PASILLO Y AL MENOR MOVIMIENTO, LO MATAS, ¡LO MATAS!, ¿ENTENDISTES, CARAJO?!.
El Estadio Chile se iba llenando rápidamente con prisioneros políticos. Primero, 2 mil, luego seríamos más de 5.000.- Trabajadores heridos, ensangrentados, descalzos, con su ropa hecho jirones, bestialmente golpeados y humillados. El golpe fascista tuvo allí, como en todas partes, una bestialidad jamás vista. Las voces de los oficiales azuzando a los soldados a golpear, a patear, a humillar esta “escoria humana” a la “cloaca marxista”, como lo espetan. -Hasta hoy día la gente nos pregunta si los miles de prisioneros del Estadio presenciaron estas torturas de Víctor y la respuesta es que, sólo unos pocos, sus compañeros de la UTE y los más cercanos, ya que el destino y la vida de cada uno estaba en juego- y, además, el ESTADIO CHILE era un MULTIESCENARIO DEL HORROR, de la bestialidad más despiadada. .....Allí arriba un oficial le cortaba la oreja con su corvo a un estudiante peruano, acusándolo por su piel morena de ser cubano. Allá, un niño de unos 12 años, de repente se levanta de su asiento y llamando a su padre corre enloquecido entre los prisioneros y un soldado le descargaba su ametralladora. De pronto un soldado tropieza en las graderías con el pie de un obrero viejo y “El Príncipe”, que así se hacía llamar uno de los oficiales a cargo, desde lo alto de los reflectores que nos enceguecían, le ordena que le golpee y el soldado toma el fusil por su cañón y quiebra su culata en la cabeza del trabajador, que se desangra hasta morir. Un grito de espanto nos sobrecoge. Desde lo alto de la gradería, un trabajador enloquecido se lanza al vacío al grito de ¡VIVA ALLENDE! y su cuerpo estalla en sangre en la cancha del estadio. Enceguecidos por los reflectores y bajo los cañones de las ametralladoras llamadas “las sierras de Hitler” siguen llegando nuevos prisioneros.
VICTOR, herido, ensangrentado, permanece bajo custodia en uno de los pasillos del Estadio Chile. Sentado en el suelo de cemento, con prohibición de moverse. Desde ese lugar, contempla el horror del fascismo. Allí, en ese mismo Estadio que lo aclamó en una noche del año 69 cuando gana el Primer Festival de la Nueva Canción Chilena, con su PLEGARIA DE UN LABRADOR:
Levántate
Y mírate las manos
Para crecer, estréchala a tu hermano
Junto iremos unidos en la sangre
Hoy es el tiempo que puede ser mañana.
Juntos iremos unidos en la sangre
Ahora y en la hora
de nuestra muerte, amen (fragmento)
Allí es obligado a permanecer la noche del Miércoles 12 y parte del Jueves 13, sin ingerir alimento alguno, ni siquiera agua. Víctor tiene varias costillas rotas, uno de sus ojos casi reventado, su cabeza y rostro ensangrentados y hematomas en todo su cuerpo. Y estando allí, es exhibido como trofeo por el Oficial superior y por “el Príncipe” ante las delegaciones de oficiales de las otras ramas castrenses y cada uno de ellos hace escarnio del cantor.
La tarde del Jueves se produce un revuelo en el Estadio. Llegan buses de la Población La Legua. Se habla de enfrentamiento. Y bajan de los buses muchos presos, heridos y también muchos muertos. A raíz de este revuelo, se olvidan un poco de Víctor. Los soldados fueron requeridos a la entrada del Estadio.
Entonces, aprovechamos de arrastrar a Víctor hasta las graderías. Le damos agua. Le limpiamos el rostro. Eludiendo la vigilancia de los reflectores y las “punto 50”, nos damos a la tarea de cambiar un poco el aspecto de Víctor. Queremos disfrazar su estampa conocida. Que pase a ser uno más entre los miles. Un viejo carpintero de la UTE le regala su chaquetón azul para cubrir su camisa campesina. Con un cortauñas le cortamos un poco su pelo ensortijado. Y cuando nos ordenan confeccionar listas de los presos para el traslado al Estadio Nacional, también disfrazamos su nombre y le inscribimos con su nombre completo: VICTOR LIDIO JARA MARTINEZ. Pensábamos, con angustia, que si llegábamos con Víctor al “Nacional”, y escapábamos de la bestialidad fascista del “Chile”, podríamos, tal vez, salvar su vida.
Un estudiante nuestro ubica a un soldado conocido, le pide algo de alimento para Víctor. El soldado se excusa, dice que no tiene, pero mas tarde aparece con un huevo crudo, lo único que pudo conseguir y Víctor toma el huevo y lo perfora con un fósforo en los dos extremos y comienza a chuparlo y nos dice, recuperando un tanto su risa y su alegría, “en mi tierra de Lonquén así aprendí a comer los huevos”. Y duerme con nosotros la noche del Jueves, entre el calor de sus compañeros de infortunio y, entonces, le preguntamos que haría él, un cantor popular, un artista comprometido, un militante revolucionario, ahora en Dictadura y su rostro se ensombrece previendo, quizás, la muerte. Hace recuerdos de su compañera, Joan, de Amanda y Manuela, sus hijas y del Presidente Allende, muerto en la Moneda, de su amado pueblo, de su partido, de nuestro Rector y de sus compañeros artistas. Su humanidad se desborda aquella fría noche de Septiembre.
El Viernes 14 estamos listos para partir al Nacional. Los fascistas parecen haberse olvidado de Víctor. Nos hacen formar para subir a unos buses, manos en alto y saltando. Y las bayonetas clavándonos. En el último minuto, una balacera nos vuelve a las graderías.
Y llegamos al fatídico SABADO 15 DE SEPTIEMBRE DE 1973. Cerca del mediodía tenemos noticias que saldrán en libertad algunos compañeros de la UTE. Frenéticos empezamos a escribirles a nuestras esposas, a nuestras madres, diciéndoles solamente que estábamos vivos. Víctor sentado entre nosotros me pide lápiz y papel. Yo le alcanzo esta libreta, cuyas tapas aún conservo. Y Víctor comienza a escribir, pensamos en una carta a Joan su compañera. Y escribe, escribe, con el apremio del presentimiento. De improviso, dos soldados lo toman y lo arrastran violentamente hasta un sector alto del Estadio, donde su ubica un palco, gradería norte. El oficial llamado el Príncipe tenía visitas, oficiales de la Marina. Y desde lejos vemos como uno de ellos comienza a insultar a Víctor, le grita histérico y le da golpes de puño. La tranquilidad que emana de los ojos de Víctor descompone a sus cancerberos.- Los soldados reciben orden de golpearlo y comienzan con furia a descargar las culatas de sus fusiles en el cuerpo de Víctor. 2 Veces alcanza a levantarse Víctor, herido, ensangrentado. Luego no vuelve a levantarse. Es la última vez que vemos con vida a nuestro querido trovador. Sus ojos se posan por última vez, sobre sus hermanos, su pueblo mancillado.
Aquella noche, nos trasladan al Estadio Nacional y al salir al foyer del Estadio Chile vemos un espectáculo dantesco. Treinta o cuarenta cuerpos sin vida están botados allí y entre ellos, junto a Litre Quiroga, Director de Prisiones del Gobierno Popular, también asesinado, el cuerpo inerte y el pecho perforado a balazos de nuestro querido VICTOR JARA. 42 balas. La brutalidad fascista había concluído su criminal faena. Era la noche del Sábado 15 de Septiembre. Al día siguiente su cadáver ensangrentado, junto a otros, sería arrojado cerca del Cementerio Metropolitano.
Esa noche, entre golpes y culatazos ingresamos prisioneros al Estadio Nacional.- .......Y nuestras lágrimas de hombres quedaron en reguero, recordando tu canto y tu voz, amado Víctor, Víctor del Pueblo:
| Yo no canto por cantar | Te recuerdo Amanda |
Esa misma noche, ya en el Nacional, lleno de prisioneros, al buscar una hoja para escribir, me encontré en mi Libreta, no con una carta, sino con los últimos versos de Víctor, que escribió unas horas antes de morir y que el mismo tituló “ESTADIO CHILE”, conteniendo todo el horror y el espanto de aquellas horas. Inmediatamente acordamos guardar este poema. Un zapatero abrió la suela de mi zapato y allí escondimos las dos hojas del poema. Antes, yo hice dos copias de él, y junto al ex Senador Ernesto Araneda, también preso, se las entregamos a un estudiante y a un médico que saldrían en libertad.
Sin embargo, el joven es chequeado por los militares en la puerta de salida y le descubren los versos de Víctor. Lo regresan y bajo tortura obtienen el origen del poema. Llegan a mí y me llevan al Velódromo, transformado en recinto de torturas e interrogatorio.
Me entregan a la FACH y tan pronto me arrojan de un culatazo a la pieza de tortura, el oficial me ordena sacarme el zapato donde oculto los versos. ¡Ese zapato, cabrón!!! Grita furibundo. Su brutalidad se me viene encima. Golpea el zapato hasta hacer salir las hojas escritas. Mi suerte estaba echada. Y comienzan las torturas, patadas, culatazos y la corriente horadando las entrañas, torturas destinadas a saber si existían más copias del poema. Y ¿por qué a los fascistas les interesaba el poema? Porque a 5 días del golpe fascista en Chile, el mundo entero, estremecido, alzaba su voz levantando las figuras y los nombres señeros de SALVADOR ALLENDE y VICTOR JARA y, en consecuencia, sus versos de denuncia, escritos antes del asesinato, había que sepultarlos.-
Pero, quedaba otra copia con los versos de Víctor, que esa noche debía salir del estadio.
Entonces, se trataba de aguantar el dolor de la tortura. De la sangre. Yo sabía que cada minuto que soportara las flagelaciones en mi cuerpo, era el tiempo necesario para que el poema de Víctor atravesara las barreras del fascismo. Y, con orgullo debo decir que los torturadores no lograron lo que querían. Y una de las copias atravesó las alambradas y voló a la libertad y aquí están los versos de Víctor, de su último poema, “ESTADIO CHILE”:
(fragmento)
Somos cinco mil
En esta pequeña parte de la ciudad.
Somos cinco mil
¿Cuántos seremos en total
en las ciudades y en todo el país?
¡Cuanta humanidad
hambre, frío, pánico, dolor,
presión moral, terror y locura!.
Somos diez mil manos menos
que no producen
¿Cuántos somos en toda la Patria?
La sangre del compañero Presidente
golpea más fuerte que bombas y metrallas
Así golpeará nuestro puño nuevamente.
CANTO QUE MAL ME SALES
CUANDO TENGO QUE CANTAR ESPANTO
ESPANTO COMO EL QUE VIVO
COMO EL QUE MUERO, ESPANTO.
Estos versos recorrieron todo el planeta. Y las canciones de Víctor, de amor y rebeldía, de denuncia y compromiso, siguen conquistando a los jóvenes de todos los rincones de la tierra.
El oficial fascista que ordenó acribillarlo debió quedar contento con su crimen, pensando que había silenciado la voz del cantor, sin saber que hay poetas y cantores como VICTOR JARA, que no mueren, que mueren para vivir, y que su voz y su canto seguirán vivos para siempre en el corazón de los pueblos.
Este es mi testimonio y a ustedes se lo entrego queridos compañeros.-
Boris Navia
fuente- purochile.org
viernes, 11 de septiembre de 2009
iPoema de Benedetti: "ALLENDE"

Homenajean a Allende en el 36 aniversario del golpe militar en Chile
(AFP) – Hace 1 hora.SANTIAGO — El ex presidente socialista Salvador Allende fue recordado este viernes en Chile al conmemorarse 36 años del golpe militar que lo derrocó en 1973, con una ceremonia oficial en el palacio de La Moneda y homenajes por parte de políticos, antiguos colaboradores y familiares.
La ceremonia en la sede de gobierno fue encabezada por la presidenta Michelle Bachelet, en un acto breve que consistió en una celebración religiosa ecuménica y una visita al llamado Salón Blanco, antiguo despacho de Allende en el palacio presidencial.
"Ese Salón Blanco será por siempre un lugar de encuentro, de reflexión y de aprendizaje para las futuras generaciones. Un lugar que dirá con elocuencia que la libertad y la dignidad del ciudadano nunca más se perderá en Chile", declaró Bachelet, médica socialista tal como Allende.
"Ése es el ejemplo del Presidente Allende y de sus colaboradores", enfatizó la mandataria, que fue torturada por la dictadura que sucedió al gobierno de Allende y salió al exilio junto a su madre.
Familiares de víctimas de la dictadura militar, agrupaciones sindicales y líderes políticos de la izquierda depositaron ofrendas florales ante una estatua del ex presidente marxista y también en la puerta de la calle Morandé 80, en un costado de la sede de gobierno, por donde Allende ingresaba a diario.
Las conmemoraciones se retomarán el domingo cuando se realice la tradicional marcha callejera convocada por la Asamblea de Derechos Humanos, que realiza una romería desde el centro de Santiago hasta la tumba de Allende en el cementerio general de la ciudad.
El golpe militar del 11 de septiembre de 1973 derrocó a Allende, que se suicidó en el interior de su despacho presidencial en medio de la asonada militar, e instaló en el poder al general Augusto Pinochet, que encabezó una dictadura hasta 1990.
El ex dictador murió en diciembre de 2006 sin recibir condena en los procesos judiciales abiertos por las más de 3.000 víctimas que dejó su régimen entre muertos y desaparecidos.
Partidarios y familiares de Pinochet también conmemoraron la fecha con una misa y celebraciones privadas.
sábado, 5 de septiembre de 2009
Discurso de triunfo de Salvador Allende (5 de septiembre de 1970)
Con profunda emoción les hablo desde esta improvisada tribuna por medio de estos deficientes amplificadores.
¡Qué significativa es, más que las palabras, la presencia del pueblo de Santiago, que interpretando a la inmensa mayoría de los chilenos, se congrega para festejar la victoria que alcanzamos limpiamente, el día de hoy, victoria que abre un camino nuevo para la patria, y cuyo principal actor es el pueblo de Chile aquí congregado! ¡Qué extraordinariamente significativo es que pueda yo dirigirme al pueblo de Chile y al pueblo de Santiago desde la Federación de Estudiantes! Esto posee un valor y un significado muy amplio. Nunca un candidato triunfante por la voluntad y el sacrificio del pueblo usó una tribuna que tuviera mayor trascendencia. Porque todos lo sabemos. La juventud de la patria fue vanguardia en esta gran batalla, que no fue la lucha de un hombre, sino la lucha de un pueblo; ella es la victoria de Chile, alcanzada limpiamente esta tarde.
Yo les pido a ustedes que comprendan que soy tan sólo un hombre, con todas las flaquezas y debilidades que tiene un hombre, y si pude soportar -porque cumplía una tarea- la derrota de ayer, hoy sin soberbia y sin espíritu de venganza, acepto este triunfo que nada tiene de personal, y que se lo debo a la unidad de los partidos populares, a las fuerzas sociales que han estado junto a nosotros. se lo debo al hombre anónimo y sacrificado de la patria, se lo debo a la humilde mujer de nuestra tierra. Le debo este triunfo al pueblo de Chile, que entrará conmigo a La Moneda el 4 de noviembre.
La victoria alcanzada por ustedes tiene una honda significación nacional. Desde aquí declaro, solemnemente que respetaré los derechos de todos los chilenos. Pero también declaro y quiero que lo sepan definitivamente, que al llegar a la Moneda, y siendo el pueblo gobierno, cumpliremos el compromiso histórico que hemos contraído, de convertir en realidad el programa de la Unidad Popular.
Lo dije: no tenemos ni podríamos tener ningún propósito pequeño de venganza. sería disminuir la victoria alcanzada. Pero, si no tenemos un pequeño propósito de venganza, de ninguna manera, vamos a claudicar, a comerciar el programa de la Unidad Popular, que fue la bandera del primer gobierno auténticamente democrático, popular, nacional, y revolucionario de la historia de Chile.
Dije y debo repetirlo: si la victoria no era fácil, difícil será consolidar nuestro triunfo y construir la nueva sociedad, la nueva convivencia social, la nueva moral y la nueva patria.
Pero yo sé que ustedes, que hicieron posible que el pueblo sea mañana gobierno, tendrán la responsabilidad histórica de realizar lo que Chile anhela para convertir a nuestra patria en un país señero en el progreso, en la justicia social, en los derechos de cada hombre, de cada mujer, de cada joven de nuestra tierra.
Hemos triunfado para derrocar definitivamente la explotación imperialista, para terminar con los monopolios, para hacer una profunda reforma agraria, para controlar el comercio de exportación e importación, para nacionalizar, en fin, el crédito, pilares todos que harán factible el progreso de Chile, creando el capital social que impulsará nuestro desarrollo.
Por eso, esta noche que pertenece a la Historia, en este momento de júbilo, yo expreso mi emocionado reconocimiento a los hombres y mujeres, a los militantes de los partidos populares e integrantes de las fuerzas sociales que hicieron posible esta victoria que tiene proyecciones más allá de las fronteras de la propia patria. Para los que estén en la pampa o en la estepa, para los que me escuchan en el litoral, para los que laboran en la precordillera, para la simple dueña de casa, para el catedrático universitario, para el joven estudiante, el pequeño comerciante o industrial, para el hombre y la mujer de Chile para el joven de la tierra nuestra, para todos ellos, el compromiso que yo contraigo ante mi conciencia y ante el pueblo -actor fundamental de esta victoria- es ser auténticamente leal en la gran tarea común y colectiva. Lo he dicho: mi único anhelo es ser para ustedes el Compañero presidente.
Chile abre un camino que otros pueblos de América y del mundo podrán seguir. La fuerza vital de la unidad romperá los diques de la dictadura y abrirá el cauce para que los pueblos puedan ser libres y puedan construir su propio destino.
Somos lo suficientemente responsables para comprender que cada país y cada nación tiene sus propios problemas, su propia historia y su propia realidad. Y frente a esa realidad serán los dirigentes políticos de esos pueblos los que adecuarán la táctica que deberá adoptarse.
Nosotros sólo queremos tener las mejores relaciones políticas, culturales, económicas, con todos los países del mundo. Sólo pedimos que respeten -tendrá que ser así- el derecho del pueblo de Chile de haberse dado el gobierno de la Unidad Popular.
Somos y seremos respetuosos de la autodeterminación y de la no intervención. Ello no significará acallar nuestra adhesión solidaria con los pueblos que luchan por su independencia económica y por dignificar la vida del hombre.
Sólo quiero señalar ante la historia el hecho trascendental que ustedes han realizado, derrotando la soberbia del dinero, la presión y amenaza, la información deformada, la campaña del terror, de la insidia y la maldad. Cuando un pueblo ha sido capaz de esto, será capaz también de comprender que sólo trabajando más y produciendo más podremos hacer que Chile progrese y que el hombre y la mujer de nuestra tierra, la pareja humana, tengan derecho auténtico al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la educación, al descanso, a la cultura y a la recreación, juntos, con el esfuerzo de ustedes vamos a hacer un gobierno revolucionario.
La revolución no implica destruir sino construir, no implica arrasar sino edificar; y el pueblo chileno está preparado para esa gran tarea en esa hora trascendente de nuestra vida.
Compañeras y compañeros, amigas y amigos: Cómo hubiera deseado que los medios materiales de comunicación me hubieran permitido hablar más largamente con ustedes y que cada uno hubiera oído mis palabras, húmedas de emoción, pero a la vez firmes en la convicción de la gran responsabilidad que todos tenemos y que yo asumo plenamente. Yo les pido que esta manifestación sin precedentes se convierta en la demostración de la conciencia de un pueblo. Ustedes se retirarán a sus casas sin que haya el menor asomo de una provocación y sin dejarse provocar. El pueblo sabe que sus problemas no se solucionan rompiendo vidrios o golpeando un automóvil. Y aquéllos que dijeron que el día de mañana los disturbios iban a caracterizar nuestra victoria, se encontrarán con la conciencia y la responsabilidad de ustedes. Irán a sus trabajos, mañana o el lunes, alegres y cantando; cantando la victoria tan legítimamente alcanzada y cantando al futuro. Con las manos callosas del pueblo, las tiernas manos de la mujer y la sonrisa del niño, haremos posible la gran tarea que sólo un sueño responsable podrá realizar. El hecho de que estemos esperanzados y felices, no significa que nosotros vayamos a descuidar la vigilancia: el pueblo, este fin de semana, tomará por el talle a la patria y bailaremos desde Arica a Magallanes, y desde la cordillera al mar, una gran cueca, como símbolo de la alegría sana de nuestra vida.
Pero al mismo tiempo mantendremos nuestros comités de acción popular, en actitud vigilante, en actitud responsable, para estar dispuestos a responder a un llamado, si es necesario, que haga el comando de la Unidad Popular.
Llamado para que los comités de empresas, de fábricas, de hospitales, en las juntas de vecinos, en los barrios y en las poblaciones proletarias, vayan estudiando los problemas y las soluciones; porque presurosamente tendremos que poner en marcha el país. Yo tengo fe, profunda fe, en la honradez, en la conducta heroica de cada hombre y de cada mujer que hizo posible esta victoria. Vamos a trabajar más. Vamos a producir más. Este triunfo debemos tributarlo en homenaje a los que cayeron en las luchas sociales y regaron con su sangre la fértil semilla de la revolución chilena que vamos a realizar.
Quiero antes de terminar, y es honesto hacerlo así, reconocer que el gobierno entregó las cifras y los datos de acuerdo con los resultados electorales. Quiero reconocer que el jefe de plaza, General Camilo Valenzuela, autorizó este acto, acto multitudinario, en la convicción y certeza que yo le diera de que el pueblo se congregaría, como está aquí en actitud responsable, sabiendo que ha conquistado el derecho a ser respetado en su victoria, el pueblo que sabe que entrará conmigo a La Moneda el 4 de noviembre de este año. Quiero destacar que nuestros adversarios de la Democracia cristiana han reconocido en una declaración, la victoria popular. No le vamos a pedir a la derecha que lo haga. No lo necesitamos. No tenemos ningún ánimo pequeño en contra de ella. Pero ella no será jamás capaz de reconocer la grandeza que tiene el pueblo en sus luchas, nacida de su dolor y de su esperanza.
Nunca como ahora, sentí el calor humano; y nunca como ahora la canción nacional tuvo para ustedes como para mí tanto y tan profundo significado. En nuestro discurso lo dijimos: somos los herederos de los padres de la patria y juntos haremos la segunda independencia: la independencia económica de Chile.
Les digo que se vayan a sus casas con la alegría sana de la limpia victoria alcanzada. Esta noche, cuando acaricien a sus hijos, cuando busquen el descanso, piensen en el mañana duro que tendremos por delante, cuando tengamos que poner más pasión, más cariño, para hacer cada vez más grande a Chile, y cada vez más justa la vida en nuestra patria.
Gracias, gracias, compañeras. Gracias, gracias, compañeros. Lo mejor que tengo me lo dió mi partido, la unidad de los trabajadores y la Unidad Popular.
A la lealtad de ustedes, responderé con la lealtad de un gobernante del pueblo, con la lealtad del compañero Presidente.