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lunes, 8 de noviembre de 2010

A 93 años de iniciarse la primera experiencia socialista en el mundo


Organizaciones políticas e instituciones de todo el mundo celebran, este domingo 7 de noviembre, los 93 años del inicio de la Revolución, que marcó un hito en la historia y que sigue siendo referencia de los cambios hacia un mundo distinto y mejor.

La Revolución Rusa marcó la historia del siglo XX, pues fue el momento en que obreros, soldados y campesinos, dirigidos por el Partido Bolchevique, conquistaron el poder para iniciar la inédita experiencia de la construcción socialista.

Fue Vladimir Ilich Lenin su conductor, a quien correspondió la legendaria materialización del primer Estado socialista, a partir de aquel 7 de noviembre de 1917 en la vieja Rusia de los zares, según reseña el portal granma.cubaweb.cu

Sobre el poder obrero-campesino se hacían realidad, por primera vez, los ideales de Carlos Marx y Federico Engels, pese a las difíciles circunstancias de su ascenso en el contexto feudal o incipiente capitalista de Rusia.

Fue entonces cuando el poder soviético tuvo la capacidad de resolver enormes tareas en beneficio de las masas desposeídas, y crear un potencial humano que hiciese posible inconmensurables hazañas en la historia de la Humanidad.

Al margen de cualquier otra consideración, de las acciones del enemigo, de los errores propios o de las traiciones de algunos hombres, la Revolución de Octubre sembró la semilla siempre presta a fructificar e irradió una luz inapagable.

Ayudó a numerosos pueblos. Dio condiciones y facilidades que aún hoy son admirables al estudiarse las relaciones entre una gran potencia y los países más pequeños.

Sin la ayuda de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) muchos países europeos hubieran caído bajo el coloniaje alemán y la victoria de Vietnam para consolidar su independencia frente a la agresión de EEUU hubiera sido más complicada.

La revolución naserista en Egipto a partir de 1952 hubiera sido ahogada por las potencias occidentales si no hubiera llegado la mano amiga de la URSS en 1956 y en América Latina, la Revolución Cubana hubiera tenido que vencer muchos más problemas creados por EEUU si no es por el apoyo preciso y amplio de los soviéticos.

Igual hubiera ocurrido en la guerra de resistencia de Angola y Cuba, donde el apoyo logístico de la URSS facilitó la victoria sobre el régimen racista de Sudáfrica y ello cambio la historia de ese continente.

Para el escritor, científico y traductor Manuel Talens “la Revolución de Octubre fue desde su primer momento un referente del movimiento obrero internacional y de las organizaciones socialistas que no claudicaron frente al belicismo y las ansias de conquista de los poderosos de la tierra”.

Añadió: “Sobre el 7 de noviembre de 1917 y su importancia histórica se han escrito toneladas de páginas y lo que yo pueda añadir ahora es que la Revolución rusa fue la segunda de la historia, pero la primera que ganó el proletariado, pues la francesa, de carácter burgués, dejó intacta la propiedad privada capitalista de los medios de producción como sistema económico imperante”.

A juicio de Talens, la Revolución rusa o Revolución de Octubre fue “la prueba tangible que necesitaban los parias de la tierra para estar seguros de que el sueño de Marx no era irreal”.

La revolución de octubre crea una coyuntura histórica sin precedentes. Por primera vez una clase social desposeída, la clase obrera, encabezaba una revolución que establecía un nuevo poder, la República de los soviets, cuyo objetivo era acabar con el sistema explotador capitalista como parte de un proceso revolucionario de ámbito internacional, y así poder iniciar la construcción de una sociedad nueva, el socialismo, sin explotadores ni explotados.

Días previos a la insurrección de obreros, campesinos y soldados

Desde febrero de 1917 el proceso revolucionario contra el Zar había mostrado su fortaleza con la caída del zarismo, pero no definitivamente como para derrotar a la burguesía rusa que pretendió mantener el poder en sus manos como había ocurrido en la Revolución Francesa y a partir de la eliminación del Zar hizo cuanto pudo para apartar a los bolcheviques del poder.

Para Lenin, quien durante más de dos décadas estuvo en la batalla política contra al monarquía zarista, era imposible que sólo a través de las luchas sindicales los obreros llegasen a la consciencia socialista, necesaria para constituir un gobierno revolucionario por lo que el 12 de octubre, según el calendario ruso que luego fue cambiado por el calendario Gregoriano, el Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado aprobó el estatuto de su brazo militar: el Comité Militar Revolucionario.

El estatuto intencionadamente era ambiguo. Los bolcheviques todavía no podían hablar abiertamente de la ofensiva insurreccional y la escondían tras propuestas llamadas defensivas.

Los conciliadores habían percibido la maniobra bolchevique y se habían negado a participar en el Comité.

El órgano militar quedó integrado por bolcheviques y sus simpatizantes. El Comité Militar Revolucionario era presidido por León Trotsky, quien días después es apresado por el gobierno provisional.

Los bolcheviques eran ampliamente mayoritarios entre los soldados y marineros en Petrogrado, Moscú, Kronstadt, Finlandia, entre otros, aunque la situación en los frentes de combate más distantes de esos centros no les era tan favorable.

Esa coyuntura daba condiciones a los bolcheviques para planear la toma de Petrogrado y la destitución de Alexandr Fiódorovich Kerenski, quien tras la caída del Zar en la llamada Revolución de Febrero se había ocupado del establecimiento de un gobierno provisional republicano y había decretado la supresión del partido Bolchevique liderado por Lenin desde el exilio.

Ante tales circunstancias, la organización de la insurrección fue puesta en manos de los militares bolcheviques, los únicos con legitimidad ante las fuerzas populares para conducir las operaciones armadas.

A las dos horas del 25 de octubre (7 de noviembre por el calendario actual) comenzaron las operaciones con la ocupación de instalaciones públicas tales como correos, telégrafos, la central telefónica, la estación ferroviaria, la central térmica, el servicio de abastecimiento del agua, los almacenes de abastecimiento de alimentos, los arsenales militares, el Banco del Estado y también de las grandes gráficas, por parte de soldados, marineros e integrantes de la Guardia Roja, reseña el portal rebelion.org.

En el hecho no hubo mayores enfrentamientos armados y los primeros prisioneros se entregaron resignadamente.

El apoyo popular a la insurrección, al Soviet y a los bolcheviques era tan sólido que no hubo necesidad ni de barricadas ni de intensos tiroteos ni de movimiento súbito de tropas.

Los hechos se desarrollaron sin que corriese sangre. Aproximadamente a las 10 horas, sin haberse tomado la sede del gobierno provisional en el Palacio de Invierno, el Comité Militar Revolucionario del Soviet de Petrogrado divulgó un boletín anunciando la victoria, la destitución del gobierno y el traspaso del poder al propio Comité.

A las 12 horas el Pre-Parlamento fue evacuado y sus miembros se dispersaron sin resistencia. Las primeras medidas iban destinadas a acabar con la guerra, distribuir las tierras y a instalar el nuevo gobierno.

El Congreso eliminó la pena de muerte, determinó la liberación de los soldados y campesinos por motivos políticos, concedió la libertad de agitación, los altos funcionarios del gobierno provisional fueron destituidos de sus cargos y se decretó prisión para Kerensky y para el general del ejército ruso y comandante de las tropas Lavr Gueórguievich Kornílov, quien desde febrero preparaba un golpe de Estado contra Kerenski.

Es así como una declaración del gobierno revolucionario, dirigido por Lenin, planteando una paz democrática fue aprobada por el Congreso, sin anexiones territoriales ni indemnizaciones y la presentó a las demás naciones contendientes del conflicto, así como a sus pueblos.

De la misma forma se dejó sin efecto la diplomacia secreta y se propuso una tregua inmediata que permitiera iniciar las negociaciones de paz.

Asimismo, se hizo un llamado en particular a los obreros franceses, ingleses y alemanes para que luchasen por la paz y presionasen a sus propios gobiernos, a la vez que luchaban contra toda explotación.

El socialismo llegó al mundo proclamando la paz entre las naciones y los pueblos del mundo lo reconocen.
fuente- avn.info.ven

lunes, 30 de agosto de 2010


Vemos históricamente como el ser humano a través de su consciencia y de su carácter socialista ha querido descubrir el mundo que le rodea y comprenderlo, dejando atrás las neblinas de la mente, heredadas de l@s primer@s seres de nuestra raza humana.

Vemos al ser humano, convertido en persona, por meritos propios, meritos sociales, a través de los siglos y de las luchas incesantes por mantener su consciencia despierta y su libertad por encima de cualquier otra forma de expresión y concepción del mundo, en su joven Humanidad.

Porque es la libertad la que ha creado al ser humano y es por ella que depende su existencia. La libertad, este es el tesoro de la raza humana y su único adalid.

Inexplicable es la consciencia egoísta, ya que no es natural de nuestra existencia como personas conscientes. Por lo tanto el egoísmo es un muy lejano antepasado que aún nos acompaña de manera subyugante en nuestro viaje a lo largo de los siglos y del que como una molesta gripe, cuesta deshacerse.

Pero aunque las mentes conscientes y despiertas veamos inexplicable la existencia de consciencias egoístas o la formación de las mismas, si que podemos explicar su comportamiento con respecto a l@s demás miembros del genero humano, y seres de otras formas y familias.

Ningún ser humano o de otro genero viviente, necesita la opresión de su ser físico y mental, para vivir bajo ninguna circunstancia. Todo lo contrario, si fuese así, no existiríamos.

Ningún ser humano conformado en una sociedad de individuos o familias, necesita ser esclavizado para su existencia y desarrollo, como persona y como miembro de un grupo de personas.

Ningún ser humano afirmado como pueblo, territorio, nación o republica, necesita ser obligado a vivir en la pobreza, en la falta de libertad, en la sumisión más absoluta, por parte de ninguna forma de opresión, caracterizada y circunscrita en la formación y existencia de feudos, monarquías, estados-nación y republicas burguesas, todo ello aderezado y siendo imprescindible para su mantenimiento, buenas dosis de opresión militar y policial, orquestadas por l@s amig@s del Estado: bancos, corporaciones, multinacionales, que actualmente representan el neoliberalismo económico o capitalismo global.

Siendo hereder@s de l@s grandes pensadores/ as, hechos tales por su consciencia social, tenemos los grandes escritos teóricos que nos hablan aún hoy, clarividentemente de cómo ha de ser la sociedad de seres humanos, adheridos/as en su existencia al entorno natural del que han surgido como seres conscientes.

Tenemos el gigantesco Capital de Marx, El origen de la familia, la propiedad privada y el estado, de Engels. El Manifiesto Comunista de ambos. Rosa Luxemburgo y Reforma o Revolución.

Tenemos, El estado y la revolución, de Lenin, La revolución permanente, de Trotsky.

Tenemos en definitiva, en vanguardia a nuestro lado, a grandes maestr@s concienciad@s de su papel social en la historia, dando muestra de ello, en su propia existencia.

Así pues es un grandísimo placer y elogio poder presentar de nuevo a forma de reseña, uno de los grandes libros escritos por el compañero y camarada, Lenin. Significativo y potencial en su contenido, que ya en su titulo expresa la inevitable evolución de los acontecimientos históricos. Este libro es llamado: El Estado y la revolución.


El Estado y la revolución
El libro está dividido en seis capítulos, los cuales pasaré por alto, para centrarme en las ideas principales.
- ¿Qué ha ocurrido con la doctrina de Marx? – pregunta Lenin a sus lectore

En la historia, las doctrinas de l@s pensadores/ as revolucionari@s y de l@s principales lideres y portavoces de las clases oprimidas, son tergiversadas en un claro oportunismo político, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria. Siendo la burguesía y l@s oportunistas dentro del movimiento obrero, l@s principales responsables de ello. Mermando así, el verdadero espíritu revolucionario que tod@ obrer@, marxista, siente en su interior. Debemos restaurar la verdadera doctrina de Marx y Engels, acerca del Estado, empezando por su concepción.

El Estado es el producto y la manifestación del carácter irreconciliable de las condiciones de clase, es decir, es enteramente un órgano burocrático creado para gestionar la desigualdad entre personas, de manera negativa, claro está, en beneficio de una clase minoritaria y dominante, y en detrimento de la clase trabajadora.

Se piensa que los estados pertenecen a una determinada fase de desarrollo de los hechos históricos, producidos desde dentro de la sociedad por quienes defienden sus intereses personales por encima de los sociales. E igualmente pensamos que es hora de avanzar al respecto de la historia y desarrollar nuestra propia sociedad igualitaria pero para ello debemos apoderarnos de la máquina estatal, como clase trabajadora, y despiezarla completamente, hasta la más minima partícula.

La existencia del Estado demuestra la existencia de la desigualdad e injusticia, de la opresión y la sumisión de los pueblos. Demuestra que la burguesía, ya sea de izquierdas o derechas, quiere mantener unos privilegios que ningun@ de nosotr@s les ha concedido, ni que decir tiene pensaran ell@s. Más lejos de la verdad, pueden estar las instituciones que constatan y firman la existencia de tales privilegios, defendidos y custodiados por sus órganos militares y policiales, que defienden la injusticia bajo una mascara democrática y social.

El ejército permanente y la policía son los instrumentos fundamentales de la fuerza del Poder del Estado, situados por encima de la sociedad y divorciados de ella.

Para mantener un Poder público aparte, situado por encima de la sociedad, son necesarios los impuestos y las deudas.

El Estado moderno representativo o democrático, es instrumento de explotación del trabajo asalariado por el capital, es decir, l@s capitalistas y sus secuaces políticos o viceversa, utilizan el Estado para explotar a la clase trabajadora, asalariando así, su vida, al Estado y el capital.

El sufragio universal es un arma de dominación de la clase explotadora, en la cual se decide qué clase dominante ha de representar y aplastar al Pueblo. Es el índice que sirve para medir la madurez de la clase obrera, es la falsa idea de expresar realmente la voluntad de la mayoría de l@s trabajadores/as, en su efectividad práctica.

El Estado no ha existido eternamente ni lo hará, como intentan hacernos creer desde todas partes. Las clases desaparecerán como surgieron en su día y así desaparecerá inevitablemente el Estado.

La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción, sobre la base de una asociación libre e igual de productores, enviará toda la máquina del Estado al lugar que le corresponde: al museo de antigüedades, junto a la rueca y al hacha de bronce.

La clase trabajadora ha de tomar en sus manos el presente y el futuro de su existencia, ha de apoderarse del Estado y socializar los medios de producción, ha de inutilizar las instituciones estatales para liberar al Pueblo de toda opresión. Ha de neutralizar los poderes fácticos del Estado, con la organización de l@s trabajadores/as.

El gobierno sobre las personas será sustituido por la administración de las cosas y los medios de producción serán dirigidos por l@s trabajadores/as. El Estado se extinguirá por si solo como consecuencia de todo ello, pero no se extinguirá por si solo como consecuencia del paso del tiempo, sin más.

Como bien he señalado, en este proceso, no he utilizado las palabras “dictadura del proletariado” porque es inexistente en él. Si bien he utilizado la palabra “inutilizar” para referirme a las instituciones estatales, y “neutralizar” para referirme a los poderes fácticoss/as

del Estado, creyendo innecesaria la utilización de una fuerza especial de represión, como hace el Estado, hacia ningún/a miembro del antiguo aparato estatal, si la Justicia Social no requiriera de ello, aún así, no utilizaríamos ninguna fuerza especial de represión, sino una fuerza conjunta del Pueblo, más que con l@s enemig@s potenciales del Pueblo, y no así, del Estado.

El Estado burgués solo puede ser destruido por la revolución social, a este efecto debemos avanzar midiendo las fuerzas que hay en juego, no siendo esto un juego, por supuesto, sino una forma de expresión, así pues, poniendo de manifiesto nuestra gran superioridad numérica, nuestro amor a la verdad, nuestra fuerza como sociedad libre y nuestras ganas de luchar por este cambio, invitaremos a l@s detractores/ as de la revolución social a abandonar sus privilegios en pos de una sociedad igualitaria, y si así no lo hiciesen o no lo viesen oportuno, serían considerad@s enemig@s del Pueblo y empezarían a engrosar ell@s mismos , las cárceles que ordenaron construir para así defender sus privilegios sobre el resto de las clases sociales.

Y quien así utilizara la violencia en contra de cualquier persona emancipada de la opresión del Estado, e hiciere del asesinato o la tortura, su actuación más premeditada, será considerad@ enemig@ potencial del Pueblo, y la Justicia, más absoluta, recaerá sobre dich@ element@. Pues nuevas formas de Justicia, sin intereses políticos ni privilegios, serán creadas en pos de una sociedad libre e igualitaria.

La violencia será medida, en caso de ser necesaria, justamente, por la violencia recibida por parte de l@s enemig@s potenciales del Pueblo.

Así pues, nuestras intenciones primordiales, son pacificas, sabemos que el Estado y su maquinaria, no lo son, y debemos utilizar la Justicia de nuestra nueva sociedad, la de todas las personas por igual para contrarrestar la venganza y el resentimiento, que siente tod@ am@ hacia el/la esclav@ liberad@.

Así pues la violencia utilizada como respuesta a la recibida adquiere un matiz revolucionario, y no, como agente del mal, como los aparatos del Estado la usan habitualmente en cualquiera de sus formas, contra la clase trabajadora.

Es de admitir por ello que la violencia revolucionaria es el instrumento con la ayuda del cual el movimiento social se abre camino y rompe las formas políticas muertas y fosilizadas.

Cabe señalizar, que nada tiene que ver la violencia terrorista con la revolucionaria. La violencia terrorista es aplicada por pequeños grupos de individu@s o individualidades, en beneficio de sus propios intereses y situad@s, como el Estado, fuera de la sociedad y divorciad@s de ella. Con lo cual cualquier miembro de la sociedad puede ser victima de los atropellos terroristas.

La violencia revolucionaria es aplicada como respuesta social, a los aparatos represores del Estado y al mismo Estado, por todo el conjunto de la sociedad, en beneficio de nadie y con intereses inexistentes.

Como bien he señalado arriba, la violencia revolucionaria es un instrumento, no un fin en si mismo. Es la misma sociedad y como sociedad, es la única que puede ejercer este derecho histórico, como Pueblo igualitario y libre.

Si bien la violencia revolucionaria no fuera necesaria como instrumento, no seria aplicada.
Si bien fuera necesaria en determinados periodos de tiempo revolucionarios, en periodos anteriores y posteriores, a la revolución, alcanzando el objetivo de la desaparición del Estado, la violencia revolucionaria habría de extinguirse con el mismo Estado, desapareciendo como tal. Siendo la nueva sociedad sin clases e igualitaria, la más perfecta asociación de personas libres, con derecho a decidir cómo quieren que esta nueva sociedad perdure en el tiempo y sirva de ejemplo al resto de sociedades que aún contemplan el Estado como única y eterna, forma de gobierno, y digo gobierno, pues no es asociación.

La clase obrera sustituirá la antigua sociedad burguesa por una asociación que excluya a las clases y su antagonismo, y no existirá ya un Poder político propiamente dicho, pues el Poder político será sustituido por el Pueblo, el cual no admitirá ninguna forma de represión contra sí mismo como tampoco aceptará ninguna forma de corrupción, indispensable para el mantenimiento del aparato estatal capitalista.

Marx afirma que el primer paso de la revolución obrera será la transformación del proletariado en clase dominante para conquistar la democracia.

Pero hay que ir más lejos de ese primer paso. El proletariado jamás debe transformarse en clase dominante, si, ha de constituirse como Pueblo, y como tal, defenderse de las posibles amenazas Estado-capitalistas. He aquí un error de concepción marxista, quizá ligado a su propio momento histórico.

El proletariado debe dirigir los medios de producción, pertenecientes a toda la sociedad y no por ello ha de convertirse en clase dominante aunque sea transitoriamente.

Desde el mismo momento en el que el proletariado dirija los medios de producción, la sociedad de clases habrá de desaparecer y derrumbarse.

Este es el objetivo principal de toda lucha socialista y en eso debemos basarnos, para la creación de la nueva sociedad igualitaria, no en ocupar el puesto de la antigua clase dominante, sino en hacerlo desaparecer con el mismo Estado.

Dirigir los medios de producción significa dirigir la sociedad hacia su libertad como individualidades o personas, y como sociedad misma.

Así pues la sociedad no se convierte en clase dominante, sino en asociación de individuos libres y asociados.

No es cuestión a tratar que la clase trabajadora, no ya como clase, sino como personas libres, háganse con el antiguo Poder político, pues este Poder era usado, creado, perteneciente y defendido, para su mantenimiento, por el Estado, desapareciendo junto a él, indefectiblemente, siendo las personas libres de sus antiguas cadenas de clase, las creadoras y portadoras de una nueva forma de sociedad libre e igualitaria, en la cual cada persona participa de su existencia y de las demás, repartiendo libre y equitativamente, responsabilidades, y ejerciendo como ciudadan@s libres y asociad@s.

Todo ello dirigido por l@s mism@s ciudadan@s asambleariamente y teniendo en cuenta todas las opiniones de cada persona libre, en pos de la creación de esta nueva sociedad.

Organizaremos la producción nosotr@s mism@s , basándonos en nuestra propia experiencia obrera, socializando el trabajo y los medios de producción, creando nuevas formas de organización descentralizada, y no así, utilizar las burocráticas estatales. Distribuiremos la riqueza obtenida, a todas las regiones y pueblos, a todas las personas y familias, dependiendo de la necesidad y siguiendo unas directrices igualitarias.

Tenemos que derrocar a l@s capitalistas, destruir por la mano férrea de la Revolución, la resistencia de est@s explotadores/as, romper la máquina burocrática del Estado moderno, y tendremos ante nosotr@s un mecanismo de alta perfección técnica, libre de parasitismos y perfectamente puesto en marcha por l@s mism@s obrer@s unid@s, dando ocupación a técnic@s, inspectores/as y contables, y retribuyendo el trabajo de tod@s éstos,como el de tod@s l@s funcionari@s del Estado en general, con el salario de un/a obrer@.

Organizaremos la economía en función a sueldos igualitarios para tod@s, no superiores al salario de un/a obrer@, bajo el control, supervisión y dirección, del proletariado revolucionario.

Los Parlamentos serán sustituidos por Consejos de Trabajo Obrero, y l@s trabajadores/as, no ya como clase, sino como trabajadores/as libres, serán l@s encargad@s de poner en marcha el motor económico y social de la nueva sociedad.

Debemos organizarnos de un modo absolutamente libre en asociaciones de Pueblos y unificar la acción de todas las asociaciones para dirigir la acción contra el capital, para neutralizar la resistencia de l@s capitalistas, para entregar a toda la nación, a la República, a la Unión de Repúblicas, a cualquier nueva forma de autodeterminación, pero sobre todo, a la sociedad en

general, la propiedad de los medios de producción, de la tierra, las fábricas, y consecuentemente, la libre propiedad de nuestras vidas.

Debemos ser conscientes de nuestro papel en la historia como trabajadores/as que somos, hemos ido construyendo los siglos, a base de nuestro trabajo, de los sacrificios personales para la familia, para l@s hij@s, para la creación de una sociedad nueva, con valores nuevos. Para que todas las personas por igual disfruten de un hogar, una familia, en el lugar que sea del planeta, para que la unión de las personas sea un valor predominante por encima del egoísmo estatal y capitalista.

Nosotr@s, y solamente nosotr@s como trabajadoras/es hacemos funcionar esta maltrecha y subyugante máquina, llamada Estado .Así que por qué no decir basta, hagamos parar esta locura que a ningún lugar nos lleva más que a la autodestrucción.

Dejemos de colaborar con nuestr@s opresores/as y plantemos cara y corazón, al capital.

Vivimos en un Estado moderno por lo tanto somos esclav@s modern@s, esclav@s voluntari@s, poniendo en evidencia la historia de la liberación humana y olvidando los logros obtenidos por nuestr@s semejantes a través de los siglos para que el valor humano prevalezca por encima de los demás subvalores.

Representamos este periodo de la humanidad, de esta raza humana a la que pertenecemos, estamos representando una época, un periodo, muchos lugares diferentes pero con rasgos semejantes de sumisión y pasividad.

Este periodo podría ser considerado como una época incomprensible en la inteligencia de la humanidad, en la cual destruimos nuestro entorno y a nosotr@s mism@s, en la cual dejamos que nos destruyan y destruyan nuestro entorno natural.

El Estado y el capital no son eternos, no existieron siempre ni lo harán. El Estado está más cerca del final, junto al capitalismo, de lo que puede alcanzar a imaginar.

Nosotr@s, las clases oprimidas, tenemos la fuerza para hacer cambiar la sociedad, para librarnos de estos parásitos que conforman el Estado y su política burocrática. Para librarnos de esta sociedad que están construyendo sobre los peores valores humanos, sobre el fango de la inteligencia, el egoísmo, la codicia, el negativismo y pesimismo social, en general una sociedad que se construye con los peores sentimientos humanos, está destinada a su extinción, a su propia aniquilación.

Pero esto no es lo que queremos, no queremos esperar a ver como nos destruimos más y más, no queremos levantar nuestras vidas sobre los cimientos de la negatividad y la autocompasión, esto es lo que intentan hacernos creer imperiosamente como si fuera una virtud social, desde el Estado, el capital y su masa de filósofos amorfos que normalmente se esconden tras tapaderas de religiosidad, tras las letrinas del pensamiento humano, parasitando a los ya parásitos de por sí y nutriéndose como una enfermedad, del dolor ajeno, provocado por el mismo Estado y su capital.¿ Acaso puede ser un pacto entre ambos?. Sin duda lo es.

¿Qué libertad intentan hacernos creer que vivimos? Explotad@s en trabajos alienantes y estresad@s por ello. Los hogares se convierten en cárceles. Las personas se agrietan y agrian por dentro, creciendo el malestar y el pesimismo hacia la creación de nuevas formas de organización social.

Millones de personas desempleadas, este hecho admite, que es un error creer en el Estado y en su forma económica de traducir las relaciones sociales.

Este hecho admite la gran desigualdad existente entre l@s que dominan y l@s que somos dominad@s. Sería un hecho natural comprenderlo y asimilarlo si lo que pretendiésemos fuera estar dominad@s pero no es así, ni lo queremos, ni lo deseamos y mucho menos lo admitimos.

Así pues qué es lo que nos obliga a seguir permitiéndolo, ha seguir permitiendo la violencia que el Estado capitalista sigue infringiéndonos en cada momento, qué fuerza mayor hace que sigamos a estos suicidas sociales llamados políticos hacia el borde del precipicio. Porque a ell@s no les importa nada sacrificarnos, si podemos ser sustituidos, y hablo de nuestras vidas, para mantener sus privilegios vigentes y a la orden del día.

Nos necesitan san@s para seguir produciendo y consumiendo, aunque cada vez eso les importa menos mientras sigamos controlad@s.

Necesitan que sigamos produciendo para ell@s, claro está y es muy simpática la idea de vender (porque no hay otra opción) nuestra fuerza de trabajo a un precio inferior de su valor, de ese hecho ya se están enriqueciendo pero aún hay más, debemos pagar el coste de los valores añadidos a los productos derivados de la producción, y esos valores añadidos no vienen de otro lugar más que de nuestra mal vendida fuerza de trabajo.

Es decir, el salario que recibimos es inversamente proporcional al valor añadido del producto, con lo cual mientras mayor sea el valor añadido, menor será el salario recibido por el obrero y mayor la riqueza obtenida por el capitalista.

Esto nos lleva a pensar y al hecho concluyente de que la idea principal que un Estado capitalista tiene con respecto a la sociedad, es la idea generalizada que tiene una empresa explotadora del ser humano y su entorno natural, para beneficio propio y personal y para detrimento de dicha sociedad, vista y entendida como objeto material para obtener valor económico, con lo cual el ser humano y el entorno natural pasan a ser meramente materias primas o materias con las cuales se obtienen otros productos que han de enriquecer a un grupo reducido de element@s . L@s cuales han de invertir muchas cantidades de dinero en mantener la máquina explotadora estatal en funcionamiento (haciéndonos creer que son inversiones sociales) por medio del control y la represión, por parte de las fuerzas represoras del Estado capitalista, ya sea la policía, el ejercito, la fiscalía y los consejos judiciales, o sus subalternos burocráticos, ya sean los bancos y las cajas de ahorro, la administración publica, etc.

Existe en todos ellos el hecho legitimo que todo Estado capitalista se atribuye a sí mismo, pues son órganos creados por y para el Estado, y no para la sociedad. El hecho es estar por encima de la sociedad y divorciad@s de ella.

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He intentado expresar con claridad las ideas principales del presente libro escrito por Lenin, el cual hace referencia a las ideas expresadas por Marx principalmente, y por Engels.

He pasado por alto ciertos puntos que me parecían irrelevantes, en este escrito personal mío y he unido mi voz a la de Marx, Engels y Lenin, en algunos aspectos yendo un poco más allá de las circunstancias históricas y en otros recalcando y expresando con mis palabras las ideas predominantes. También he expresado y añadido mi opinión a otros ciertos aspectos que sí me parecían relevantes señalar, a riesgo de parecer oportunista (espero que no) o pedante.

Con todo ello, espero que resulte como mínimo un escrito atractivo de leer y que haga reavivar de nuevo la llama de la inteligencia en la mente de quién así lo desee.

Salud y Revolución.

viernes, 8 de enero de 2010

Trotsky molesta


Supongo que el artículo de Navarrete Trotsky no existe hay que leerlo en clave interna de su grupo. No obstante, creo que no estará de más decir cuatro cosas sobre su contenido aunque sea sin ánimo de resultar exhaustivo.

0. Para empezar…Si se trata de constatar que Trotsky murió hará 70 años, y que desde entonces ha llovido mucho, me parece fuera de cuestión.

No tengo duda de que su obra, leída incluso desde una valoración alta, responde a una época cuyos ejes resultan bastante diferentes a los actuales. Desde entonces han tenido lugar varios “cataclismos”: II Guerra Mundial, ascenso, crisis y descomposición del estalinismo, apogeo del neoliberalismo…

También creo que está fuera de duda de que la gran cuestión actualmente pasa por recomponer los movimientos sociales desde abajo, y en ese sentido es my importante concentrar la mayor fuerza posible. En esta lucha, puede que la devoción excesiva a una escuela suponga un obstáculo, y que lo que más importa es lo que haces. De esta manera puede suceder que en la cotidianidad, militancias diferentes, a veces incluso muy distantes. Sin embargo…

No creo que el debate histórico sea un asunto menor, sobre todo considerando que la situación actual se caracteriza por el desprestigio radical de las izquierdas tradicionales que bloquearon el movimiento obrero durante la fase histórica anterior…Por lo tanto, el socialismo del siglo XXI o e opuesto al burocrático-policiaco que se gestó en la URSS, o no será.

Trotsky murió hace 70 años. Durante los años cuarenta y cincuenta apenas si se publicaron sus obras. En los sesenta fue diferente, su nombre se encuentra entre los referentes más importantes de lo que se llamó la “nueva izquierda”. En los setenta, su tradición conoció un rico “aggiornamiento”, y supuso un desafío (aunque insuficiente) a la hegemonía del comunismo oficial. En lo que ahora se está cociendo, la situación ha comenzado a cambiar, Francia y Portugal son ejemplos de situaciones que hasta hace poco podían parecer imposibles.

En cuanto al viejo, lo cierto s que se están publicando nuevamente sus obras y la de camaradas suyos (Nin, Serge, etc). Aparecen las buenas (Mi vida, Historia de la revolución rusa…), y las malas (Comunismo y terrorismo, la peor, y la primera editada en el Estado español), se efectúan antológicas (la de Jaime Pastor en Libros de la Catarata), se editan y reeditan biografías, , su historia atrae a cineastas y a escritores. De una manera u otra se vuelve a hablar, y mucho del “gran negador”. Esta reanimación tiene un sentido puesto a las diferentes biografías sobre Stalin, el personaje que ocupó el vértice de la historia comunista desde la segunda mitad de los años veinte, y que cuando murió podía presumir de acabar con un cisma como el de Tito con su pequeño dedo. Mientras que estas biografías van en el sentido de la campaña de desprestigio del “comunismo”, la “resurrección” de Trotsky es una llamada a la revolución. A la explicación de lo sucedió en el siglo XX, el siglo de las revoluciones traicionados según palabras certeras de Camus..

Quien reduzca esto a una confrontación de “tribus” está muy equivocado.

Otra cosa que en nombre de Trotsky se de también la tentación sectaria. El “trotskismo” no ha atravesado el desierto sin desarrollar sus propias patologías, pero en este caso habría que concretar quienes y porqué…

1. Trotsky molesta. En pleno triunfal-capitalismo, con el “comunismo” ya derrotado, corrió una consigna para tribunalista y editorialistas: no había que permitir ninguna duda sobre una “presunta” diferencia entre el tiempo de Lenin y el de Stalin, y entre este y Trotsky. En la línea de “no hay alternativa”, esta consigna fue reproducida fielmente, y en diarios de “izquierdas” como El País (o Le Monde) se hizo ley. No la han cambiad. Así, en muchas de las reseñas del best seller de Leonardo Padura, El hombre que amaba los perros, reinciden sobre la simetría: verdugo y víctima son equiparadas por el mismo “totalitarismo”. Es evidente que no han leído la novela, o lo que también es posible: han leído lo que han querido leer.

Es curioso: anticomunistas y estalinistas coinciden en el primer extremo: Stalin fue el continuador de Lenin, y por lo mismo, existe una continuidad entre 1917 y el “Gulag”.

2. El justo medio. No lo puedo evitar, cuando ante actitudes antagónicas alguien trata de establecer un “justo medio”, no puedo por evitar un ataque de cólera. Los lectores comprender, me he criado en un ambiente que podría llamarse de la “tercera España”, gente trabajadora que no tuvo tiempo para llegar a vivir la República (la vida siempre había sido lo mismo), y que después de rechazar el “gran terror” franquista, trataban de cortar mi búsqueda de la República diciendo que “en otras partes los otros hicieron lo mismo”. Este “justo medio” se ha erigido en un elemento capital para la historia oficial escrita al servicio de la monarquía parlamentaria…

Se trata de una equiparación de la que se sirve Manuel M. Navarrete en su Trotsky no existe, que es como decir que Trotsky le molesta. En base a este principio establece su propia versión, busca al peor Trotsky y no dice nada del peor Stalin, y al pesar de negarlo personaliza. Habla de millones de muertos como si fueran moscas, del asesinato de Trotsky y su familia con “liberalidad”, y pasa por alto todo un historial bárbaro que los fanáticos achacan a una “campaña burguesa”. Esto por no hablar de otros detalles, por ejemplo de la miseria teórica de sus partidarios que antepusieron la fe ala razón crítica.

Por ejemplo, se olvida de pequeños detalles como el carácter problemático de Octubre (primer eslabón de la cadena, donde será más fácil conquistar el poder pero mucho más difícil construir una alternativa obrera en un océano campesino), o como que la guerra civil dejó la revolución al borde del abismo. En ese contexto, uno y acabaron representando “partidos” opuestos.

3. Defensa de la URSS. Recuerdo que allá a principios de los años noventa me topé con n viejo amigo anarquista que no veía casi desde la juventud, y después del cordial saludo, me comentó: “No te lo crearas, pero vengo de un programa de radio donde me he visto defendiendo a Stalin…”. Yo hubiera hecho lo mismo con mayor facilidad ya que mi amigo se io confrontado contra un frente neocon, y por lo tanto tuvo que replicar. Sintéticamente, servidor les habría objetado:

---a) que el estalinismo fue un monstruo producido ante todo por la combinación entre la actuación “contra” de los imperialismos, con la vieja casta burocrática que había gestionado el país desde tiempo inmemorial;

---b) que sus principales adversarios y también sus principales víctimas fueron los comunistas insumisos, quienes además proporcionaron los elementos críticos para un análisis marxista del fenómeno, elementos en lo que han bebido todo el socialismo militante ulterior;

---c) que, a pesar de los pesares, los logros de la sociedad soviética (sin soviets desde 1921), era un logro frente a lo que había ahora, significó un avance en cuestiones fundamentales como la planificación económica, una brecha en un sistema capitalista que bloqueaba cualquier avance en el “Tercer Mundo”, un apoyo incierto pero real para las naciones que querían apartarse del imperialismo…

Esto fue lo que defendió el comunismo democrático a lo largo de varias décadas, en un tiempo de supervivencia (y de persecución sistemática, lo peor que te podía pasar un país del “socialismo real” es que te llamaran “trotskista”), cuando la disidencia movía al menosprecio o a la ironía cuando no a la descalificación pura y simple (agentes de la CIA, y lindeza parecidas)…Ahora la situación es muy diferente. Ahora el comunismo democrático aparece como los que se enfrentaron a la burocracia y al monolitismo, y los que se pudieron equivocar en tal o cual cuestión, pero que nunca traicionaron. Siempre estuvieron en la barricada de la revolución, Nin es un ejemplo pero se pueden encontrar por todas partes. Se pueden contar con los dedos los que sobrevivieron en la URSS, pero aún y así dejaron una literatura marxista en medio del absoluto desierto teórico. Dejaron por ejemplo monumentos literarios y testimoniales como los Relatos de Kolyma.

Porque el siglo XX es el siglo de Auschwitz, Hiroshima, y Kolyma.

4. El estalinismo no es solamente la defensa del “socialismo real” y de las políticas del “comunismo oficial” en una larga historia de desastres…Es la filosofía del “mando único”, de la dirección vertical, del monolitismo, de la política como manobra, del comunismo como “institución”, la denigración “fascista” de los adversarios. El grado de desprestigio del “estalinismo” es tal que hasta los propios estalinistas más integrales dicen ahora que eso del “estalinismo” es un invento. Tanto tanto, que el problema central radica en que ha podido daña tanto tanto la causa socialista que a pesar de que el capitalismo se encuentra más desprestigiado que nunca, pero los movimientos que tendrían que darle la respuesta se encuentran todavía convalecientes del todas las consecuencias de la descomposición del “socialismo real”, y de la desintegración de lo que fue el movimiento comunista internacional…

En cuanto al término “trotskismo, hay una trampa. Primero, lo acuñaron los “viejos bolcheviques” (Zinóviev, Kámenev, Bujarin, Stalin), y lo consagró Stalin como una “quinta columna” de antes de 1917 (¿o es que no se han leído la Historia del PCUS (Bolchevique)?), todo para oponerlo al leninismo, por supuesto interpretado por las “supremas autoridades leninistas”. Esto del “leninismo” forma parte de una historia de la escolástica, y lo que ahora verdad hoy lo dejaba de ser mañana según dictaba el Presidium del PCUS. Hay anécdotas para dar y vender, por ejemplo el PCF echó para atrás una obra del filósofo Henri Lefrebvre, entonces este se inventó unas citas de Lenin, y entonces se la dejaron publicar.

Algunas de las afirmaciones de Navarrete sobre Trotsky (¡comparar la actuación sin piedad del Ejército Rojo con el tiro en la cabeza¡) solamente pueden ser fruto de una formación estaliniana (eso sí, en decadencia, a la defensiva), de alguien que no cita una sola fuente, posiblemente porque considera que los aportes de toda una legión de historiadores cuyo prestigio ha superado la prueba del tiempo como Deutscher, Carr, anderson, Liebmann, Mandel, Marie, etcétera, etcétera, son cosas del “trotskismo”.

5. Para terminar. Cuando a Ken Loach le preguntaron en una ocasión si era “trotskista”, respondió que la pregunta era un arma arrojadiza. Una manera de no abordar en sí misma una película o una cuestión a debatir…Cada día encontramos en las páginas de Kaos un buen número de exaltados que utiliza la palabra como algo peyorativo. Se trata de un equívoco. Defender el combate de la izquierda comunista contra el estalinismo, o reconocer la importancia capital de la obra de Trotsky y de su escuela no implica ser “trotskista”. En prime lugar porque sería restringir un legado que es mucho, pero que mucho más amplio. Fue su asilamiento en los años treinta lo que acentuó esa personalización.

En segundo lugar porque hay varios Trotsky, por época, y también con aportaciones o análisis que pueden ser contradictorios. En tercer lugar porque la perspectiva histórica nos permite apreciar desaciertos en algunas de sus actuaciones, la de la guerra de España es un buen ejemplo. En cuarto lugar pues, que han pasado muchos cosas. Habría canto menos un quinto punto. Suele suceder que la apropiación de un término (comunista, marxista, anarquista, trotskista, etc), viene a ser como una suerte de escudo heráldico o como una pócima con la cual mucha militancia que busca “su verdad” como refugio de autoridad, como una manera de soportar las inclemencias de una historia y de una realidad en perpetuo movimiento…

También algo tan importante y necesario como la unidad puede esconder su trampa. Evidentemente, en tal o cual plataforma vamos a defender la pluralidad y la participación, y vamos a respetar a la gente que trabaja lealmente. Pero esa no es la cuestión, porque no se trata de n hecho individual ni tan siquiera local. Se trata de algo mucho más importante. A saber que las palabras socialismo, comunismo, y otras no podrán ser recuperados en toda su dignidad y significación sin llevar a cabo un ajuste de cuentas radical con todos los desastres que hay detrás de nombres como los de Stalin, Mao, Ceaucescu, Enver Hoxa, Pol Pot, etcétera, etcétera.

Esta es una cuestión sine qua non. No debe de haber la menor duda. Una condición que veo además confirmada en la continuidad de los métodos burocráticos que algunos se atreven a llamar todavía “comunistas” o cuando alguien tilda e agente de la CIA o e anticomunista a los denuncian los horrores perpetrados en nombre del pueblo, del socialismo o de la clase obrera, o como amalgamar una evocación a la obra de Vasili Grossman con la propaganda de Libertad Digital, eso por no hablar de los recursos “poéticos” al piolet que, seguro, seguro, saldrá en algunos de exabruptos que suscitará este modesto trabajo..

Por lo demás, a pesar de la discrepancia, pienso que artículos como el de Manuel M. Navarrete ayudan a sacar estos debates de los círculos cerrados, y ayudan a clarificar posiciones que son parte de una historia que no cesa.

fuente- kaos en la red

lunes, 28 de diciembre de 2009

Lenin. Un retrato




Vladimir Illich Ulianov, mucho más conocido como Lenin, ha sido considerado durante mucho tiempo como "el personaje más influyente del siglo XX", quizás esto ayude a explicar la manifiesta voluntad por parte de restauración conservadora por ahoracrlo tras un juicio sumario. Los títulos son muchos: autor marxista excepcional, padre del bolchevismo ruso, dirigente de la revolución de Octubre y del nuevo "Estado obrero" concebido como un prólogo a la revolución mundial, cofundador de la Internacional Comunista, jefe de Estado que se sobrepone a una guerra pavorosa, crítico de la burocracia, amargo adversario de Stalin antes de su muerte, patéticamente autocrítico al final de su existencia. Convertido en el Supremo Hacedor de una nueva religión del Estado, Lenin resultaría desfigurado hasta lo indecible, por supuesto por parte de los ideológos reaccionarios, capaces de amputarle toda clase de perversiones, pero sobre todo por el estalinismo que lo convertiría en la fuente de su legitimación para sus propios fines.

Apreciado por los trabajadores y los campesinos de todo el mundo como el símbolo de una revolución que osaba vencer y plantear la cuestión del socialismo, su nombre fue evocado durante décadas como símbolo de la revolución a la que aspiraban. Después de la caída del Muro de Berlín, Lenin siguió siendo una leyenda revolucionaria respetada por los de abajo, pero abandonado por una intelligentzia que cambiaba de dioses. Desde entonces, su obra, que durante tanto tiempo compitió con los autores de la Biblia como el autor más traducido del mundo, ha pasado, al igual que la indigesta iconografía producida por la burocracia, a los anaqueles de los libros llenos de polvo, mientras que los ensayos y las biografías que abordan su obra con ecuanimidad son una excepción contra las que se erigen o se utilizan como pruebas de un jucio sumarísimo sobre el que, un amplio tropel de académicos, tribunalistas, editorialistas, documentales, etc, reinciden una y otra vez para consagrarlo como antecesor de Stalin, y por la misma línea émulo de Hitler o Ceacescu. Quizás sea el momento de comenzar a desenmascar esta jauría sobre la cual sobran precedentes en el pasado, no en vano el nombre de Espartaco fue maldecido hasta los tiempos de la Ilustración, pasaron al menos dos siglos para que los historiadores restituyeran el lugar histórico de Cromwell, y no hablemos de los jacobinos, de nuevos enterrados a finales del siglo XX, culpables de resultar los antecesores del Gulag. aNte tantos excesos reaccionarios, es ya el momento que revisemos este juicio con ahorcamiento, empezando por explicar brevemente quien fue y que significó…

Lenin nació en 1870 en Simbirsk (Ulianovsk en la época soviética), en una familia en la que el padre es inspector de enseñanza y la madre tiene origen germánico; su padre murió en 1886 dejando a la familia en una precaria situación económica, Por aquella época inicia su ruptura oon el cristianismo, en 1887, un año después su hermano mayor Alejandro será detenido por participar en un atentado contra el Zar Alejandro IIIº, siendo ajusticiado dos meses después. Este capitulo será obviamente trascendental para la evoluoión de Lenin que se ahorra la trágica y frustrante experiencia de la exaltación terrorista del populismo que se inmoló tratando de conquistar las libertades acabando con las tiránicas testas coronadas, tan odiadas por toda la democracia internacional. Le llevará lejos del populismo y de la tentación de terrorismo, y tendrá ocasión de comprobar directamente la pusilánimidad del liberalismo ruso que rehuye a su familia. Estudia en la Universidad de Kazan y logra, a pesar de las graves dificultades policiacas -estaba marcado como el hermano de Alejandro-, hacerlo también en la de San Petersburgo, En esta universidad inicia los contactos con los circulos marxistas, pero antes ya había leido con mucho interés al gunos de los textos básicos del marxismo, entre ellos El Capital. En 1892, obtiene el grado de doctor que le autoriza a ejercer como abogado. En 1894 conoce a Nadehza Krupskaya, con la que se casará en 1897. Ella será su principal colaboradora siempre, y su vida sentimental no conooe más horizontes. Todo lo que se ha insinuado sobre sus relaciones con Ines Armand no han podido ser comprobados todavía, aunque la hipótesis más verosimil es que se tratara de un amor "platónico".

Desde sus primeros trabajos critica las tesis populistas, afirmando que la vía capitalista era inevitable en Rusia. "Los principales rasgos de su carácter, escribirá años más tarde Trotsky en su Lenin, ideología y formas de actuación ya quedan constituidos en el período comprendido entre sus 17 y 23 años". Su prematura madurez sorprende a sus comtenporáneos que le llaman "el viejo". En octubre de 1893 inicia su contacto con los trabajadores junto con la Krupskaya; en 1895 escribe ¿Quiénes son los "Amigos del pueblo?, que supone una critica marxista a las ideas políticas del populismo. Al año siguiente hace su primera incursión al extranjero y conoce algunas de las personalidades más relevantes del soclalismo --Plejanov, Kautsky, Lafargue, Liebknecht--,y de vuelta es uno de los fundadores de la Liga para la liberación de la clase obrera. Es encarcelado en 1895 y dos años más tarde deportado a la Siberia, pero a pesar de estos obstáculos, su obra teórica se desarrolla con vigor. Escribe La tareas de los socialdemócratas rusos, pero sobre todo El desarrollo del capitalismo en Rusia. el trabajo de investigación teórica más riguroso de su tiempo sobre las condiciones y la evolución económica de un país muy diferente a los que están en la avanzada de la revolución industrial. Con ocasión del debate sobre el revisiosionismo de Bernstein, Lenin no solamente interviene en contra de éste, también extiende sus reprobaciones sobre los "economicistas", a los que describe como los "revisionistas" del movimiento socialista ruso. Movimiento que en 1898 ha creado el partido socialdemócrata ruso, el POSDR, del cual Lenin se declara miembro activo.

Tras acabar su destierro y ser detenido de nuevo, se ve obligado a emigrar. Entonces participa en la creación y en el equipo redactor de la mítica Iskra, el órgano periodistico de la socialdemocracia rusa, lo dirige junto con Plejanov, Alxerold, Martov, Vera Sazulith. Pronto entra en polémioa con Plejanov mostrando tanto su rigor como su intrasigencia, En 1902 se traslada a Londres y defiende la entrada del joven Trotsky, "La Pluma", en la redacción de la revista. Las diferencias que les separa de los otros socialdemócratas son de momento apenas perceptibles. Sin embargo, aunque con ocasión del IIº Congreso del POSDR, el grupo de la revista aparece en un primer momento totalmente identificado, la controversia estalla en relación al grado de entrega y profesionalidad de los militantes de un partido que tiene que sobrevivir bajo la terrible Oljrana. La polemica se centra en la cuestión de la organización: mientras que Yuri Martov, de acuerdo con la centralización tal como se entiende en el partido alemán, aboga por un partido con una base amplia, no estrictamente militante, Lenin, por el contrario, lo hace por un partido delimitado tanto orgánioa como políticamente. El trasfondo del problema -que no aparecerá claramente sino oon el tiempo-, es que Lenin quiere un partido para derrocar el zarismo y hacer la revolución. Desde este punto de vista, Lenin admite que mientras Martov es el girondino, el representa el jacobinismo. Al conseguir la "mayoría" (bolchevique), Lenin, y Martov la "mínoria" (menchevique), se sienta las baees de una discrepancia que en 1917 aparecerá con mayor claridad. Junto con Lenin permanece en un primer momento George Plejanov y los cuadros del interior; el resto con Martov y Trotsky, menchevique incial, tratará vanamente de crear un "puente" entre ambas. En su momento, los aistentes al congreso creyeron que existían otros puntos tanto o más importante que el organizativo, y existió un amplkio acuerdo en una serie de puntos como los referentes a la dictadura del proletariado (1), el derecho de autodeterminación de las nacionalidades, la socialización de la tierra, y que serían patrimonio común dse ambas corrientes. Una ilustración de las concepciones de Lenin sobre las cuestiones de este importante Congreso se encuentran en dos libros suyos, ¿Que hacer? (2) , y Un paso adelante. dos pasos atrás. En los años siguientes, polemiza con Kautsky como con Rosa Luxemburgo, sobre la interpretación que sobre la escisión de la socialdemocracia rusa se ofrece en la Internacional Socialista. En esta, el conflicto meramente aparece como fruto de la voluntad ultracentralista de Lenin. En el III Congreso del POSDR, en el ya solo participan los bolcheviques, Lenin es elegido presidente

La revolución de 1905 le coge en medio de un tenso debate entre ambas fracciones. En el calor de los acontecimientos, Lenin formula su teoría sobre "la dictadura democrátioa del proletariado y del campesinado", que parte de la idea de que la burguesía liberal resultará un obstáculo para la revolución democrática. En medio del proceso revolucionario este conflicto se aclarará un poco más: mientras los mencheviques mantienen que hay que apoyar a la débil burguesía democrática y dudan sobre si los obreros deben de ir a la insurrección, los bolcheviques extraen otras conclusiones. De retorno a Rusia, ya pleno período de reflujo, Lenin trabaja en la clandestinida, y defiende la reunificación entre las dos facciones en la Iª Conferencia bolchevique que se celebra en Finlandia. El asunto no quedará definitivamente resuelto hasta la víspera de la revolución de octubre, aunque desde 1912 --por lo menos--, Lenin tenía claro que dicha unificación no era posible. Es en esta época cuando se dan sus ataques más virulentos contra Trotsky que aparece como el "conciliiador" capaz de atraer a los bolcheviques más reblandecidos.

Atraviesa el largo período que va desde el fin de la revolución de 1905 hasta 1917, absolutamente a contracorriente (3). Junto con su compañera, dedica todo su esfuerzo por preservar y reforzar el partido contra todos los obstáculos -reflujo, represión, errores políticos, etc--, que lo dejan muy aislado, pero se mantienen llevando grandes debates contra los mencheviques, contra Trotsky, contra Bogdanov y sus posiciones neokantianas y contra el grupo de Veriod o los "otzovistas". que proponían que se retiraran los representantes socialdemócratas de la Duma. Lenin defendió por el contrario la necesidad de utilizar todas las posibilidades legales, la plataforma de la Duma y la de prensa, cuando no se podía esperar una reanimación de la lucha de clases. Interviene en la IIª Internacional como representante ruso en el Buró Socialisra Internacional. En el Congreso socialista de Copenhague defiende junto con Rosa Luxemburgo y Martov una moción de lucha contra la guerra que se ve venir. Escribe una múltitud de proclamas, así como sobre la cuestión de las nacionalidades oprimidas, un tema capital bajo el zarismo "carcelero de pueblos", sobre la que escribe: "los trabajadores con conciencia de clase no predican el separatismo, pues conocen las ventajas de los grandes estados y de la unión de grandes masas de trabajadores; sin embargo, los grandes estados sólo pueden ser democráticos con plena igualdad de derechos de las naciones. y una igualdas supone también el derecho del separatismo". Compara el derecho a la separación con el divorcio; toda mujer tiene derecho a divorciarse, otra cosa es que puede ser más recomendable una unión entre iguales, o sea entre naciones libres.

En 1912, tras la masacre del Lena, tiene lugar unos primjeros pasos en una recomposición del movimiento obrero ruso, entonces Lenin se traslada desde París a Cracovia para estar más cerca de los acontecimientos. Y vuelve a anudar nuevos hilos con el interior. Pero el estallído de la guerra en Europa los desata. En un principio no creyó que los socialistas alemanes votaran a favor de los créditos de guerra, hasta el momento se había preocupado de remarcar que no tenía diferencias con Kautsky y Bebel (muerto antes del estallído); piensa que se trata de diarios amañados por la burguesía. Cuando comprende que es cierto, son muchas las cosas que cambian en sus esquemas. Los diputados bolcheviques en la Duma votaron no a los créditos y fueron detenidos, y poco tiempo despuéss lo será Lenin por las autoridades austriacas por sus denuncias contra la guerra. Una vez liberado se traslada a Suiza y redacta sus primeras tesis sobre la guerra. En ella se dice con toda claridad que cada militante socialista debía de luchar en primer lugar contra su propio gobierno y que el mejor resultado de la guerra sería la derrota del gobierno zarista. Propone convertir la guerra interimperialista en una guerra civil por la revolución y la lucha por una IIIª Internacional que haga el relevo de la Socialista traicionada. Este es el esquema que defenderán los bolcheviques en Zimmervald y en Kienthal. Por estas fechas, Lenin efectúa una rica relectura de Hegel (como es patente en sus Cuadernos sobre Hegel, que no fueron publicados hasta los años sesenta) y escribe su obra, El imperialimo, etapa superior del capitalismo, en el que establece que el capitalismo del sigl0 XX es un capitalismo monopolista en cuanto su estructura interna, e imperialista en cuanto a su eficacia en la política exterior y, en relación a su significado histórico, lo juzga como un capitalismo en descomposición.

No pudo volver a Rusia cuando triunfó la revolución de febrero. Después de intentar diversas maneras, decidió volver a través de Alemania en un vagón precintado. La historia dió pie para que los reaccionarios y el sector más derechista de los partidos reformistas lo acusaran de connivencia con el gobierno alemán, todavía esta es una munición que se utiliza en la Rusia actual, sin embargo, todavía está por aparecer el primer documento que deemuestre algo, y es evidente que el gobierno alemán lo habría utilizado con beneplácito después de Octubre. Su llegada a la estación de Finlandia causa conmoción: ante el estupor de propios y extraños se pronuncia por la revolución proletaria rusa como primera parte de la revolución mundial contra la guerra. Condenó a la socialdemocracia y llamó a la formación de un partido comunista (3), así como al derrocamiento del gobierno provisiomal que los propios líderes bolcheviques --Kámenev y Stalin sobre todo-- apoyaban críticamente desde Pravda.

Después del fracaso de la insurrección de julio --que los bolcheviques desaconsejaron pero que compartieron con las masas--, Lenin tuvo que esconderse y permanecer en el anónimato. Este hecho, afeado por algunos de sus partidarios, se mostró como plausible y correcto cuando dos años después la soldadesca alemana bajo el mando de un socialdemócrata (Noske) asesinaba a Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht y Leo Jogiches. Desde su escondite apremió al Comité Central a preparar la insurrección y empezó a escribir El Estado y la revolución, una primera formulación de los esquema teóricos marxistas concretados a través de los propios medios organizativos que se estaba dotando la revolución. Su peso en el partido, y en el movimiento, es cada vez más sólido, es un momento que los bolcheviques atraen a otras fracciones, a los interradios liderados por Trotsky, pero tambièn a mencheviques, anarquistas, populistas, y crece cuando el resultado de la contienda no está en absoluto claro; cuando Kornilov trata de dar un golpe de Estad para limpiar el patío, Lenin llama a sostener a Kerensky, pero igual que la horca sostiene al ahorcado. Solo un gobierno revolucionario podía garantizar la derrota de las viejas castas así como el pan, la paz, la libertad para los pueblos, el control obrero….

Llegó clandestinamente a Petrogrado con ocasión del IIº Congreso pan ruso de los Soviets y participó decisivamente en las sesiones del CC bolchevique ayudando a modificar la orientación del partido: llamó a tirar la "camisa vieja" de la dictadura democrática, a insertarse en las masas que estaban "a la izquierda del partido", defendiendo la consigna de un gobierno soviético, y volvió a presionar para preparar la insurrección. En este congreso se decidió la insurrección y la toma del poder. El 25 de octubre tuvo lugar esta decisión apoyada por la mayoría de los soviets. Fue Lenin el que proclamó el comienzo de la República Socialista y el que firmó sus dos primeros decretos el cese de la guerra y la reforma agraria. Luego vendrían la libertad para las nacionalidades oprimidas, el control obrero de la producción, etc. Se opuso a toda idea de gobierno de coalición y confió en la capacidad de las masas. Al frente del puesto de mayor responsabilidad tuvo que enfrentarse a los problemas creados con los tratados de paz de Brest-Listovk, respetando siempre las posiciones de sus adversarios políticos dentro del partido donde su voz era la más respetada, pero donde era también otra más. El 30 de agosto de 1918 fue herido por la socialrevolucionia Kaplan --que entendía que el Tratado de paz era una "traición"--, permaneciendo entre la vida y la muerte durante un tiempo, y resultando afectado en los años siguientes.

Siguió siendo el principal pilar de la nueva República durante una guerra civil provocada como una operación "contra" por 21 naciones bajo la égida franco-británica, y que se jugóa vida o a muerte. En este tiempo, la resolución de Lenin en no detenerse en ninguna consideración por encima de la revolución, causó la indignación de muchos de sus amigos, como Máximo Gorky y otros intelectuales que no creían que el socialismo permitiera sacrificar rehenes o exterminar a la familia zarista, criaturas incluídas; seguramente si hubiera sido aplastado como lo serían tantas otras tentativas revolucionarias, desde la Comuna de París hasta la centroamericanas, la historia del siglo XX habría psado por otros sitios…Esta terrible guerra de tres años que seguía a otra guerra de cuatro acabó atrasando las bases socioeconómicas de la revolución hasta los extremos de la supervivencia. La industria quedo reducida a su mínima expresión, la clase obrera había quedado desestructurada, buena parte del pueblo militante que había protagonizada la gesta que conmovía el mundo, había perecido, o estaba muy cansada. El Estado se convirtió en la única garantía de una república que siguió estando asediada, y sobre la cual se seguía cirniendo la amenaza de una intervención (los británicos no la abandonaron hasta 1929). En este contexto emerge el Lenin que desarrolla las bases de la Nueva Política Económia (...). En cada paso, tiene lugar un denso y complejo debate en el que toman parte tendencias y fracciones internas, ya que, después de la guerra, las demás han quedado marginadas y bajo el punto de mira de un aparato represivo que tiene ya, desde hace tiempo vida propia aunque nadie es consciente de ello. Y entre sus bastidores emergen nuevso modelos de bolcheviqus. Los de la vieja guardia, y las nuevas prompciones, que creeen que ya es hora de institucionalizar la revolución, de acabar; .

Lenin tuvo también un papel de primer protagonista en fundación y desarrollo de la Intenacional Comunista. Su libro más conocido sobre esta cuestión tiene un título famoso, El izquierdismo, la etapa infantil del comunismo, cuyo significado ha sido normalmente trivializado. Lenin debate --polemiza, argumenta, discute, puede utilizar adjetivos, pero jamás menosprecia ni condena a nadie-- con la primera generación de comunistas, sobre todo europeos, concretamente con los izquierdistas y/o consejistas que en los dos primeros congresos han marcado una línea de ofensiva, creyendo que la conjunción entre las crisis revolucionarias y la creación improvisada de un partido a lo bolchevique, serían suficientes. En este sentimiento generalizado coincidieron entre otros el italiano Amedeo Bordhiga --responsable de la codificación de los 21 puntos para cortar el camino a los socialdemócratas, perro que acabó alejando también a sectores revolucionarios como los de origen anarquista--, Gorge Lukács, Hermann Gorter, anton Pannekoeck, Otto Rühle, etc. Lenin les recuerda que la revolución rusa fue el producto de unas circunstancias excepcionales, y que el partido bolchevique no se forjó de la noche a la mañana sino que requirió todo un proceso. Lenin abogaba por una política de frente único, de acumulación de fuerzas y enraizamiento, y aconsejaba que la capital de la Internacional fuese Berlín, ya que temía que pasara como con la Socialista, arruinada por el peso decisivo de la socialdemocracia alemana.

Menosprecia el seguidismo y el culto a la personalidad. Cuando un eserista de izquierda comienza a exaltarlo en una sesión de los soviets, comenta, "ya empiezan otra vez con las calumnías". . Su introducción a El Estado y la revolución, resulya perfectamente clara al respecto. Su último combate será contra Stalin y la burocracia. Sus últimos escritos rezuman dolor y amargura cuando hace el balance de un proceso que el -rectificando a Trotsky que habla del Estado obrero-- define como el de un Estado obrero burocraticamente deformado. Ya en plena agonía, el 5 de marzo de 1924 escribió dos cartas, una a Trotsky, pidiéndole que tomara a su cargo la lucha en la cuestión georgiana, otra a Stalin, amenazándolo con la ruptura de todas las relaciones personales. El 9 de marzo, murió después de sufrir un nuevo ataque. Su Testamento y gran parte de sus últimos escritos fueron ocultados en la URSS hasta l960.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Marxismo leninismo:base ideologica del revolucionario


Cuando planteamos iniciarnos en el Marxismo-Leninismo (M-L) de forma autodidacta solemos tener la tentación de recurrir directamente a textos o libros clásicos. Sin embargo la traumática experiencia que por ejemplo supone coger de buenas a primeras El Capital u cualquier otro libro clásico e intentar tragárselo suele ser seguida por una desesperada sensación de frustración al no entender nada de nada, y al consiguiente abandono de cualquier libro de los denominados clásicos, y, junto con ello, cualquier cosa que huela a formación.
En cualquier discusión política –con los amigos, profesores...- a los Comunistas siempre nos echan en cara lo de la URSS, lo de que “eso ya está pasado de moda”, lo de “el Comunismo no funciona” y, sobre todo, eso tan insoportablemente paternalista de “las teorías de Marx estaban bien para el siglo XIX, pero ahora las cosas han cambiado”, cuando no lo de “ahora eres Comunista porque aun eres joven e impulsivo, pero cuando seas mayor veras las cosas de otra manera”.
Claro que ninguno de nuestros contertulios suele tener ni puñetera idea de lo que dijeron Marx y Lenin. Y, lo que es peor, que a menudo tampoco nosotros lo tenemos muy claro, con lo que tan solo nos queda encerrarnos en nuestras convicciones y repetir eso de “¡no, no, seguro que tenemos razón!... aunque yo no la conozca”. Todo es confuso y no sabemos muy bien hacia donde tirar: qué hacer –que decía el bueno de Lenin-.
No podemos ir por la vida de Comunistas y luego no ser capaces de sostener una discusión ideológica sin un mínimo de posibilidades de salir de ella –al menos- dignamente. Se supone que debemos entender por qué ocurren las cosas y qué es lo que hay que hacer. Y malamente vamos a poder hacer eso sin una formación básica.
Además, sería caer en un empirismo barato y estrecho pensar que podemos prescindir de las experiencias, luchas, conclusiones y enseñanzas de los que estuvieron en la lucha antes que nosotros. Porque eso es, precisamente, el Comunismo: la experiencia concentrada de 150 años de movimiento obrero, de lucha. Es lo general, lo que se puede aplicar a cada lucha concreta: y, a su vez, es una abstracción –una generalización- de cada una de esas luchas particulares.
fuente- comunismo global

lunes, 7 de septiembre de 2009

Los movimientos sociales, las revoluciones, mueren cuando se institucionalizan


1. La principal oposición a las luchas sociales y a las revoluciones es, obviamente, la clase conservadora o reaccionaria que ha sido desplazada del poder. Las revoluciones las hacen los pueblos explotados y oprimidos para liberarse de los grandes empresarios y de los gobiernos a su servicio y, cuando las luchas del pueblo triunfan, los primeros en reorganizarse para recuperar sus privilegios y riquezas son los derrocados. Así sucedió en la Francia del siglo18, en México, Rusia, China, Cuba, Nicaragua y otros países en los 20. Pero además de las oposiciones obvias de la derecha, en casi todos los países han surgido oposiciones desde la izquierda con el fin de exigir que las revoluciones se radicalicen, que sean auténticas, que no se institucionalicen, que no mueran. Estas oposiciones no pueden confundirse con las que están al servicio del imperio.

2. Me acaba de llegar un comunicado del Movimiento Indígena Pachakuti de Bolivia firmado por Román Loayza, Félix Santos y Felipe Quispe, indígenas que llevan décadas luchando por los intereses del pueblo boliviano. Señalan que Evo Morales y el MAS han pisoteado las Autonomías Indígenas al reducirlas a meras alcaldías rurales; que pretende utilizar a los pueblos indígenas como simple masa sin conciencia ni criterio y que no ha habido nacionalización de hidrocarburos (porque) las multinacionales siguen imponiendo su dictado. La corrupción ha aumentado: los masistas que vivían en El Alto ahora se compran casas lujosas en la exclusiva zona Sur de La Paz. Sus luchas contra los terratenientes y clases dominantes a través de las décadas han sido muy importantes. Los compañeros pueden tener razón, pero habría que aquilatar el contexto mundial.

3. Hace unos seis años conocí documentos de la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) donde se describían y analizaban las batallas de esa organización. Pablo Dávalos, uno de sus asesores, escribía sobre la experiencia de participar en las instituciones: "Supongamos que vamos a las elecciones y gana (nuestro principal dirigente) Luis Macas. Nos va a pasar lo mismo que a los bolivianos: los cuadros organizativos se convierten en cuadros del Estado y empiezan a legitimar al Estado, un Estado liberal, y cuando hablan lo hacen en función del Estado y ahí ya tienes otras dinámicas y otros comportamientos. Por eso estamos discutiendo qué hacemos, porque otra vez vamos a tener una victoria que la burguesía convierta en derrota, pero no es sólo un problema de los ecuatorianos sino de los bolivianos, los mexicanos...". Esto es importante, ¿pero qué hacer frente las agresiones yanquis?

4. En la Francia de 1789/95, después de derrocamiento de Luis XVI por la gran revolución, la aristocracia, los terratenientes y el alto clero, la derecha del parlamento, buscaron recuperar el poder por medio de mil argucias, pero no pudieron, al parecer fueron enterrados. Sin embargo las filas de la revolución se dividieron entre girondinos y jacobinos, así como un gran pantano o llanura independiente; esas batallas llevaron a la formación del Comité de Salvación Pública que agudizó la confrontación al interior del ala izquierda del parlamento, es decir, entre los revolucionarios, llevando a la guillotina a los dirigentes derrotados. A pesar de ser compañeros de luchas contra el poder durante muchos años fueron acusados injustamente y los argumentos para confrontarse suelen ser siempre los mismos: agentes de la reacción, aliados del enemigo, etcétera.

5. Los mismito sucedió después de la revolución mexicana maderista que derrocó la dictadura de Porfirio Díaz en 1911 pero dejó intacto al ejército y no tocó el poder de la clase dominante. En nombre de establecer la paz y la reconciliación se trató de desarmar a los revolucionarios (Orozco, Zapata); fue tan repudiado y débil presidente Madero que los porfiristas dieron un golpe de Estado para restaurar su poder; pero eso provocó la segunda etapa de la revolución armada que concluyó 1917. La nueva revolución burguesa triunfante persiguió a quienes desde la izquierda radical exigían que se cumplieran las demandas de la población y no descansó hasta asesinar a los que fueron los verdaderos revolucionarios ligados al pueblo (Emiliano Zapata, Ricardo Flores Magón, Francisco Villa) Hoy son héroes para la burguesía después de haber borrado sus ideales y sus luchas.

6. También en Rusia fue derrocado el régimen aristocrático zarista por la revolución de febrero de 1917 y luego los dirigentes de esta revolución fueron echados abajo –ocho meses después- por los revolucionarios bolcheviques encabezados por Lenin. A la muerte de éste en 1924 la confrontación interna entre los revolucionarios cambiaría casi totalmente las perspectivas “proletarias” de la revolución. En Cuba la oposición fue siempre yanqui y de derecha, pero fue derrotada. En la última década han surgido planteamientos de izquierda autogestiva que han realizado fuertes críticas internas a cierta burocracia gubernamental. Sin duda debe respetársele porque no tiene liga alguna con el imperio y su honestidad está fuera de duda. Además estos sectores disidentes radicales de izquierda luchan contra la parálisis y muerte de las revoluciones.

7. Las revoluciones deben barrer con la explotación y la opresión donde quiera que esta se encuentre o quiera esconderse; los enemigos de los pueblos: los grandes burgueses han estado siempre inscritos –por sus acciones y comportamientos- como enemigos de los trabajadores y deben recibir su castigo. Los luchadores sociales de la izquierda radical, los que durante décadas han venido luchando por transformar el país y que siguen siendo oposición, deben tratárseles con el mayor respeto del mundo. Pero también estas oposiciones –me parece- deben medir bien a los que realmente son amigos, enemigos y aliados. ¿Podría decirse que es igual internamente un gobierno de derecha, de centro izquierda o de izquierda? ¿Cómo medir y comparar en importancia y el peso de las políticas imperiales con el peso de las políticas internas?

8. Hace 40 leí de Engels una idea: los socialistas participan en todas las luchas de los trabajadores, en las oposiciones, los ayudan a obtener triunfos, pero ellos siempre siguen adelante. Los movimientos sociales, las revoluciones, para no burocratizarse y no morir, deben estar siempre renovándose y transformándose. Luchemos por las reivindicaciones de los trabajadores, por hacer menos mal sus vidas y por gobiernos menos deshonestos, pero sólo como un medio o una forma para que se agrupen y organicen para batallas más profundas. Los socialistas tienen que estar en todas las luchas contra el capital, la explotación y la opresión, pueden ayudar a construir gobiernos democráticos y progresistas, pero su objetivo es más grande: acabar con el trabajo asalariado y construir una sociedad igualitaria. pedroe@cablered.net.mx


fuente- kaos en la red

martes, 25 de agosto de 2009

Retorno a los orígenes



En tanto que estamento a cargo del poder político en las sociedades divididas en clases, la derecha existió siempre, mientras la izquierda, como se le conoce actualmente, apareció en Europa occidental a medidos del siglo XIX donde debutó con Carlos Marx, Joseph Proudhon y otros forjadores hace unos 160 años.
La partida de nacimiento de la izquierda moderna fue la fundación de la Primera Internacional en 1864. En aquella oportunidad se trató de un encuentro de personalidades y no una reunión de partidos. Entonces, a pesar de la abundancia de matices, hubo consenso en la crítica al capitalismo salvaje expresada en el discurso inaugural y en los estatutos, ambos redactados por Carlos Marx, el primer ideólogo de la izquierda y el primer líder socialista a escala europea.
Aquella matriz única alimentó las coincidencias esenciales que dieron lugar a la fundación partidos de izquierda, bautizados por el propio Carlos Marx como socialdemócratas y que adoptaron el socialismo como opción para enfrentar al capitalismo. El primero de aquellos partidos fundadores nació en Alemania en 1869 y el último en Rusia en 1898 y, a pesar de la hostilidad de la reacción, en varios países europeos alcanzaron una enorme influencia política. Lenin, Rosa Luxemburgo, Karl Kautsky, Fernando Lassalle, Jean Jaurés, estuvieron entre los líderes de las formaciones iniciales.
Antes que partidos políticos, el marxismo, la socialdemocracia, el anarquismo e incluso la doctrina socialcristiana fueron expresiones del pensamiento político avanzado, nacidas de reflexiones que formaron una especie de tronco común y compañeras de viaje hasta que, a principios del siglo XX, por coyunturas asociadas a la Primera Guerra Mundial, se distanciaron. La guerra terminó, más la desunión en la izquierda persistió, entre otras cosas porque Stalin entró en la escena.

La fractura de aquella coherencia virtual en la izquierda europea comenzó cuando varios partidos adoptaron posturas reformistas. El hecho de que en 1899 Alexandre Millerand, un socialista francés ocupara un cargo de ministro que pudo ser un suceso positivo se convirtió en un factor de ruptura, agudizado cuando ese mismo año, Eduard Bernstein propuso la alianza con otras fuerzas para alcanzar metas socialistas. El crack definitivo llegó cuando los partidos integrantes de la II Internacional se dividieron en torno a la aprobación de los créditos de guerra en los respectivos parlamentos, hecho calificado por Lenin de traición y que precipitó la bancarrota de la primera organización socialista europea.
Por una coincidencia histórica, a raíz de aquella polémica, triunfó la revolución bolchevique de cuyo liderazgo, emanó el proyecto de crear una organización internacional sustitutiva para la difusión de las ideas marxista y para impulsar la revolución mundial que entonces se creía inminente. En 1919 nació la III Internacional que auspició la creación de partidos comunistas en todo el mundo. En 1920 la Internacional adoptó las 21 condiciones que excluían cualquier alianza de los comunistas con otras fuerzas políticas locales, cercenaba la libertad de acción de los partidos y codificaba la obediencia a Moscú.
Ayer como hoy ninguna fuerza, partido o líder político, por más partidario que sea de una corriente ideológica mundial, puede sustraerse de los entornos nacionales en los cuales actúa, donde se encuentran sus bases sociales, se definen sus tareas y prevalecen los factores que condicionan su actuación y determinan sus alianzas. La idea de convertir las coincidencias políticas, en metas estratégicas comunes y de hacer del “Movimiento Comunista Internacional” una entidad orgánica, regida desde Moscú, fue primero una quimera y luego una suma de errores, especialmente costosos al aplicarse a la realidad latinoamericana.
Es probable que una vez concluida la guerra civil y derrotada la intervención extranjera, Lenin y Trotski, partidarios de la Nueva Política Económica que incluía el propósito de atraer el capital extranjero, habrían incentivado los esfuerzos para insertar al Estado soviético en los ambientes europeos, proceso que inevitablemente hubiera conllevado a una aproximación a la izquierda socialdemócrata que había elevado considerablemente su protagonismo político e incluso participaba en el gobierno en varios países.
Esa posibilidad fue cancelada con la muerte de Lenin, la defenestración de Trotski y el acceso de Stalin al poder, hecho que crearon un abismo ideológico y político entre los comunistas y la izquierda socialdemócrata que luego, bajo la ocupación nazi, en muchos países fue virtualmente exterminada.
Ahora, cuando ningún líder y ninguna fuerza aspira a la hegemonía, renace la pluralidad y unas corrientes progresistas no excomulgan a otras, en América Latina, la izquierda renace formando un arco iris de fuerzas sociales cohesionadas por el interés en el cambio social y por el compromiso con las causas populares. En ese ambiente, el marxismo genuino, sin imposiciones, dogmas ni sectarismo, retoma su lugar como uno de los elementos, no el único en la ideología y la práctica de la izquierda renacida que retorna a sus orígenes plurales.
Jorge Gómez Barata
fuente- kaos en la red

miércoles, 22 de abril de 2009

VLADIMIR LENIN: A 139 AÑOS


Pedro Brenes
Hoy veintidós de Abril se cumple el 139 aniversario del nacimiento del revolucionario ruso y gran teórico del marxismo Vladimir Ilich Ulianov, conocido universalmente por Lenin, seudónimo que adoptó en sus años de lucha contra la policía política zarista. Hombre de extraordinaria inteligencia, indomable voluntad y gran capacidad de trabajo, dedicó su vida al estudio del marxismo y a la causa de la revolución socialista mundial.
Entre sus muchas aportaciones a la teoría y la práctica revolucionarias, quizá debamos destacar, en primer lugar, su defensa de las ideas del marxismo frente a los que pretendían revisarlas y corregirlas embotando su filo revolucionario hasta hacerlas aceptables por la burguesía, pues nunca han faltado individuos que intenten “convertir a Marx en un adocenado burgués”, y fundamentalmente las concepciones marxistas sobre el Estado como instrumento de dominación de una clase social sobre el conjunto de la sociedad.
Posiblemente sea éste el aspecto de la teoría marxista más inaceptable por la burguesía capitalista y, por consiguiente, el más atacado y combatido por sus intelectuales y propagandistas. Lenin, en una larga lucha ideológica, rescató las ideas marxistas sobre el Estado, la democracia y la dictadura, y demostró el carácter de clase del Estado explicando que la democracia burguesa no es más que la forma y la manifestación de la esencia del Estado burgués como dictadura de la clase de los capitalistas.
Y de la misma manera, el Estado socialista, cualquiera que sea la forma en que se presente, posee, en esencia, el carácter de dictadura de una clase social: la dictadura del proletariado, que ejerce el Poder de su Estado para combatir la reacción burguesa y asegurar la hegemonía política y el dominio económico de los trabajadores.
Lenin teorizó y aclaró, frente a los revisionistas de la obra de Marx, que la dictadura del proletariado es lo principal en la doctrina del marxismo. Y que los obreros necesitan esa dictadura para aplastar la resistencia de las clases explotadoras, llevar tras de sí al conjunto de los trabajadores y crear una sociedad nueva, la sociedad socialista. Y para cumplir esta misión histórica el proletariado debe tener su propio partido revolucionario el cual, guiándose por la teoría científica, señale acertadamente a la clase obrera el objetivo a conseguir y se ponga al frente de su lucha por el socialismo.
Podemos destacar también la larga polémica de Lenin contra los que, al criticar su espíritu internacionalista y su defensa de la libertad y del derecho a la autodeterminación de todos los pueblos sojuzgados y sometidos por el imperialismo, le acusaban de indiferencia hacia los intereses de su patria y de carencia de patriotismo.
Lenin replicó adecuadamente a los difamadores y explicó lo que significa ser un verdadero patriota. Escribió que a los comunistas y a los obreros conscientes no les es ajeno el amor a la patria, que aman a su pueblo y luchan por su instrucción y emancipación del yugo social y nacional. Señaló que el Partido Bolchevique servía abnegadamente a los intereses de la patria, que los intereses nacionales de los obreros de Rusia coincidían con los intereses socialistas del proletariado mundial.
Se sentía orgulloso del gran pueblo ruso, que había dado brillantes ejemplos de heroísmo, valor y firmeza en la lucha por la independencia de la patria, por la libertad y el socialismo, y enriquecido a la humanidad con grandiosas realizaciones en la ciencia y la cultura.
Pero quizá la mayor enseñanza que nos legó el genial Lenin sea la de que los comunistas estamos obligados, por encima de todo, a estudiar profundamente la teoría marxista para, a partir de ella, elaborar la teoría de la propia revolución y hacer la debida aportación al proceso revolucionario mundial. Pues el marxismo es una doctrina viva y en constante desarrollo.
“Nosotros no consideramos en absoluto -escribió en uno de sus trabajos redactados en el destierro- la teoría de Marx como algo acabado e intangible, estamos convencidos, por el contrario, de que esta teoría no ha hecho sino colocar las piedras angulares de la ciencia que los socialistas deben impulsar en todos los sentidos, siempre que no quieran quedar rezagados de la vida.”
Biografía de Vladimir Ilich Ulianov (Lenin)
(*) Pedro Brenes es Secretario General del Partido Revolucionario de los Comunistas de Canarias (PRCC)

fuente- Kaos en la red