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viernes, 16 de octubre de 2009

Rusia propone profundizar relaciones con países del ALBA


16 de Octubre de 2009, 07:15pm ET
COCHABAMBA, Bolivia (AP) - Presidentes y delegados de alto nivel de los países del ALBA inauguraron el viernes en esta ciudad la séptima cumbre de este bloque en la que intervino un enviado del mandatario de Rusia que expresó el deseo de profundizar relaciones multilaterales y bilaterales con las naciones de la región.
El mensaje del presidente ruso Dmitri Medvedev fue leído por el secretario de Seguridad, Nokolai Patrushev en el acto de apertura de la cita de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA), que concluye el sábado.
"Rusia está dispuesta a desarrollar relaciones mutuamente beneficiosas en el plano bilateral y multilateral. Creo que es necesario fortalecer los lazos con este foro y estoy convencido que el diálogo tiene buenas perspectivas", dijo Medvedev en su mensaje .
Rusia fue uno de los países invitados a la cumbre en la que toman parte los presidentes de Bolivia, Evo Morales; Ecuador, Rafael Correa, y Venezuela Hugo Chávez. También asisten los primeros ministros de Dominica, Roosevelt Skerit; de Antigua y Barbuda, Winston Baldwin Spencer, y de San Vicente y las Granadinas.
Se anunció que el presidente de Nicaragua Daniel Ortega llegará el sábado mientras que el presidente cubano Raúl Castro delegó su representación al vicepresidente José Ramón Machado.
Chávez dijo que los países del ALBA no reconocerán al gobierno que emerja "de elecciones dirigidas por un golpe de estado en Honduras". Patricia Rodas, la canciller del presidente depuesto Manuel Zelaya, está presente en el foro.
Poco antes de iniciarse las deliberaciones, Morales y Correa advirtieron en un encuentro paralelo con líderes sociales y pueblos indígenas que la impaciencia de grupos indígenas y la presión de "izquierdistas radicales" hacen el juego a la derecha.
"Lo último en que debemos creer es que los cambios que hemos comenzado son irreversibles. No subestimemos al imperio", dijo Correa, en evidente alusión a Estados Unidos, y se quejó por la "impaciencia" de grupos de indígenas en su país y por la presión de "izquierdistas radicales".
El ALBA está integrado por Bolivia, Ecuador, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Dominica, San Vicente y las Granadinas, y Antigua y Barbuda.
La coca considerada planta sagrada por las culturas andinas bolivianas está presente en la cumbre. "Coca no es cocaína" dice una leyenda trabajada con pétalos de flores en el centro de una inmensa mesa de la deliberación de los mandatarios.
En la cumbre social, los indígenas bolivianos mastican coca y la regalan a los otros delegados para aumentar el rendimiento y despejar el sueño. En su estado natural la coca es inocua.
La crisis política de Honduras, las bases militares en Colombia, la creación de un sistema único de compensación comercial, primer paso para la creación de una moneda común para el bloque; el cambio climático y "derechos de la madre tierra", la creación de un multinacional estatal para fomentar el comercio, entre otros serán los temas que deliberarán los jefes de estado.
En forma paralela líderes indígenas andinos, afrodescendientes, caribeños, representantes de pueblos originarios de Canadá y bulliciosos activistas, muchos de ellos rubios, perfilan en la cumbre social un "modelo de desarrollo más armónico con la naturaleza" y reflexionan sobre "economía comunitaria, soberanía alimentaria, crisis civilizatoria, cambio climático y derechos de la madre tierra".
Ambas cumbres concluirán el sábado en un estadio de fútbol donde se encontrarán los mandatarios con líderes sociales.
En tanto, la oposición al presidente Morales ha calificado el encuentro como una "reunión de los amigos de (Hugo) Chávez", según ha dicho el ex presidente y líder opositor de derecha Jorge Quiroga.
El mandatario venezolano a su arribo a Cochabamba calificó al ALBA como "un espacio geopolítico del nuevo continente latinoamericano" y llamó a los bolivianos a respaldar las políticas de Morales.
Dijo que el bloque buscará la aprobación del Sistema Unificado de Compensación de Pagos Recíproco, (Sucre), como moneda virtual de intercambio comercial para "liberar al bloque la dictadura del dólar".
Se trata del quinto año del ALBA que nació en 2004 bajo el patrocinio de Cuba y Venezuela y como un alternativa al Area de Libre Comercio de las Américas, ALCA, promovida por el ex presidente de Estados Unidos George W. Bush.

fuente- Univision

martes, 21 de abril de 2009

La cumbre en Trinidad y Tobago marcó el final del “consenso de Washington”


David Brooks
Corresponsal
Nueva York, 20 de abril. Quince años después de que todos los mandatarios del hemisferio, con excepción de Cuba, sumaron sus voces al coro conducido por Washington y Wall Street en la primera Cumbre de las Américas para cantar al unísono que el “libre comercio” era el camino al futuro, el concepto no fue mencionado por el presidente Barack Obama.
Aunque no fue declarado de manera formal ni explícita por los 34 mandatarios (algunos no están preparados para aceptarlo), en esta quinta Cumbre de las Américas se marcó el fin del atinadamente bautizado “consenso de Washington”. Ausente de la agenda estaba la llamada Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), justo el concepto al centro del consenso con el cual se inauguró la Cumbre de las Américas en 1994 en Miami. Aunque su fin empezó en el sur hace años, con cada vez más gobiernos electos en la región opuestos (en diferentes grados) de manera explícita a las políticas neoliberales al centro de ese consenso, en esta ocasión fue el propio Washington que anuló su “consenso”.
Y es que las cosas, igual que en el sur, han cambiado dentro de este país, y esos cambios se aceleraron aún más al detonarse la peor crisis económica en décadas. La crisis destruyó el frágil “consenso” en torno al modelo neoliberal dentro de Estados Unidos impulsado desde los tiempos de Ronald Reagan y promovido por las presidencias de George Bush (padre), Bill Clinton y George W. Bush. Eso se registra en el nuevo panorama político en este país y en los registros de la opinión pública.
Vale recordar que Obama se comprometió a “renegociar” el TLCAN, en particular sus aspectos laborales y ambientales, y expresó su crítica hacia otros, como el aún no aprobado con Colombia, durante su campaña electoral, algo que hizo en respuesta a la amplia oposición al libre comercio en varios estados claves en el mapa electoral como Ohio y Pensilvania (los cuales ganó en la elección general).
En encuestas durante las elecciones presidenciales del año pasado, mayorías (a veces hasta 70 por ciento) consideraban que sus familias habían sido afectadas de manera negativa por acuerdos de libre comercio, y se oponen tanto al TLCAN como a otros acuerdos por sus efecto sobre el empleo en Estados Unidos y algunas preocupaciones sobre la calidad de productos importados.
Un análisis de la organización de defensa del consumidor Public Citizen encontró que esto se expresó en el último ciclo electoral cuando 72 candidatos a la legislatura nacional que incorporaron su oposición de libre comercio en sus campañas electorales, derrotaron a legisladores que habían votado por el TLCAN y otros acuerdos de libre comercio.
Varios expertos en las relaciones internacionales coinciden con que “el libre comercio” se ha convertido en un “mal término” en algunos sectores, como comentó recientemente Julia Sweig, directora del programa de América Latina del prestigioso Council on Foreign Relations, a Congress Daily. Éstos señalan que no sólo se manifiesta por los cambios políticos y económicos en América Latina, sino también dentro del mismo Estados Unidos.
Y es así que Obama regresó de la Cumbre de las Américas al subrayar el mensaje de cooperación mutua para enfrentar la crisis económica y otros desafíos que enfrentan en común todos los países del hemisferio, pero la fórmula mágica de hace 15 años no está entre las recetas esta vez.
Sin embargo, aunque no se está dando prioridad a las políticas de libre comercio, tampoco hay intenciones del gobierno de Obama de hacer algo muy radical en torno al tema. No es que haya desaparecido esa gama de fuerzas empresariales y financieras que favorecen estas políticas, junto con algunos sectores que se han beneficiado, y que tienen enorme influencia en Washington, aunque no como antes. Hoy el Representante de Comercio de Estados Unidos del gobierno de Obama, Ron Kirk, dijo en una teleconferencia con periodistas que no hay planes para “reabrir el acuerdo” del TLCAN con México para fortalecer las normas laborales y ambientales, tal como Obama había planteado durante la campaña (igual que su entonces rival y ahora secretaria de Estado Hillary Clinton). “El presidente ha dicho que evaluaremos todas nuestras opciones, pero creo que pueden ser abordadas sin tener que reabrir el acuerdo”, afirmó Kirk. Agregó que en la Cumbre de las Américas, Obama y sus contrapartes de México y Canadá hablaron del asunto, y que opinaron que no era necesario reabrir el acuerdo por ahora.
Kirk, conocido promotor del libre comercio, también aseguró que se evalúan acuerdos de libre comercio aún no ratificados con Colombia y Panamá. Obama y Kirk se reunieron con sus contrapartes de dichos países para platicar del asunto, pero aparentemente Obama optó por no mencionar el tema en sus conferencias de prensa o declaraciones oficiales durante la cumbre.
Pero Obama está enfrentando algo mucho más grande en esta coyuntura, lo cual incluye reexaminar las políticas comerciales: “redefinir” el capitalismo estadunidense. Esto fue expresado tanto en la Cumbre de las Américas como durante su previa gira internacional por Europa.
En un reportaje analítico en el New York Times, se resume lo ocurrido después de la caída del Muro de Berlín, donde durante dos décadas el modelo estadunidense de capitalismo gozó de creciente dominio en el mundo sin enfrentar alternativas que lo desafiaran en gran escala, y que éste progresó “hacia lo que los conservadores percibían como un forma más pura de libertad económica y que liberales llegaron a considerar como un fundamentalismo de libre mercado mal guiado. Pero ahora, mientras Estados Unidos y otros países buscan lecciones entre los escombros de los excesos de ese periodo, están enfrentando incertidumbre sobre cuáles estructuras y valores económicos deberían de definir el próximo capítulo del capitalismo”.
O sea, ya no existe algo que pueda llamarse “consenso de Washington”, ni en Washington.
fuente- la jornada