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sábado, 21 de julio de 2012

La farsa detrás de la guerra contra el narco



El libro de Nancy Flores Nández La farsa detrás de la guerra contra el narco (México, Editorial Océano, 2012) es de dolorosa actualidad. Su título presenta una hipótesis que ha venido comprobándose en estos años de una cruenta guerra que la autora sostiene que algún día será juzgada como un holocausto de pobres. La farsa consiste en encubrir la verdadera finalidad de una estrategia que en realidad ha incrementado el tráfico y el consumo de drogas y que, como señala en el prólogo José Luis Sierra: las organizaciones criminales mexicanas se han fortalecido en número, capacidad de fuego, poder corruptor, extensión territorial y dominio social.
Periodista de investigación de la prestigiada revista Contralínea, Nancy Flores demuestra en su valiente texto, escrito con base en información obtenida de fuentes oficiales, que detrás de las triunfalistas declaraciones de Felipe Calderón siempre se ocultó un gobierno represivo, basado en la utilización de las fuerzas armadas. Se evidencia también el carácter contrainsurgente de una guerra social cuya estrategia ha sido impuesta por Estados Unidos, a partir de la cual ha profundizado su injerencia en las fuerzas armadas, en los organismos de seguridad y de inteligencia mexicanos, a la par que se beneficia de la venta de armas y del lavado de dinero de los cárteles en los circuitos financieros internacionales.
En la primera parte de la obra se contrastan los discursos oficiales con los datos en materia de los enemigos públicos, esto es, capos buscados, capturados, encarcelados y liberados, frente a la realidad de los consignados; se pasa revista a los cárteles que operan en el país y más allá de sus fronteras; se tipifican los delitos y se denuncia la impunidad reinante debido a la extendida corrupción; se estudia el papel del crimen organizado mexicano en el negocio global, una de las tres más poderosas mafias internacionales, y se culmina destacando la industria del lavado y las complicidades del sistema financiero. En la segunda parte se presentan los costos humanos y económicos de esta nueva versión de guerra sucia, con sus crímenes de Estado, paramilitares, caravanas de la muerte, ejecuciones a cargo de las fuerzas armadas; se exhiben los gastos destinados a la nueva carrera armamentista, la importación y difusión de las armas, los civiles y el mercado negro, para culminar en lo que Flores denomina el ejército de pobres para el crimen, los jóvenes y su calvario, las formas de intoxicación, el papel de las drogas en la despolitización y, por último, la tragedia de los niños y el narco. En la tercera parte se identifica al promotor de la guerra, esto es, nuestro buen vecino, y se analizan los delitos cometidos por Estados Unidos con sus operativos como Rápido y furioso, la cooperación con el cártel de Sinaloa, la agenda estadunidense y la complicidad de las autoridades mexicanas. El epílogo trata sobre los sucesores de Colombia y el experimento del miedo que es México, mientras los anexos despliegan un listado de los defensores, activistas, luchadores y líderes sociales asesinados, de los periodistas ejecutados, así como de los asesinatos políticos. Los datos brindados desde la introducción son irrefutables: “de los más de 120 mil detenidos por delincuencia organizada en el marco de la estrategia, sólo a mil 306 consignados por delitos contra la salud y lavado de dinero en el periodo de enero de 2007 a febrero de 2010 se les acreditaron vínculos con los siete cárteles de las drogas vigentes. De estos, únicamente 114 son integrantes del poderoso cártel de Sinaloa... En los años de la guerra, ninguna red de protección en el sector empresarial, en el circuito financiero y en el gobierno ha sido investigada o desmantelada… Consultoras de seguridad estiman que al menos unos 500 mil mexicanos están vinculados a los cárteles. Los mil 306 consignados representan 0.26 por ciento de esa cifra”.
La protección de uno de los cárteles, el de Sinaloa, con respecto al resto, se acredita con la información proporcionada por Nancy Flores: “… el cártel del Pacífico ha consolidado su poder en el país y en el mundo, mafias como el cártel del Golfo –hasta hace poco tiempo la empresa más boyante y principal enemiga de El Chapo Guzmán– se han visto reducidas casi al punto de la extinción”.
Son muy significativas las tesis que se exponen sobre la impunidad, la cual llega hasta 90 por ciento en delitos como el secuestro. Se cita al jurista Liugi Ferrajoli, quien vincula el fracaso de las democracias en todo el mundo con el triunfo de la ilegalidad, la quiebra del estado de derecho y la violación sistemática de las constituciones nacionales, a partir de un análisis de lo que él llama criminalidad del poder, la cual se expresa de tres maneras: la primera es la criminalidad de la delincuencia organizada en todos los niveles. La segunda es la criminalidad que se da en los grandes enclaves económicos y que se presenta con tres rasgos: la complicidad con la delincuencia organizada y con los centros de poder político, la apropiación de los recursos naturales y la devastación del ambiente. La tercera es la criminalidad del poder, que actúa desde las estructuras del Estado que entran en el terreno de la llamada guerra sucia: desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias, torturas y homicidios, crímenes contra periodistas y comunicadores. Es la colusión de estas tres formas de criminalidad del poder la que explica la extensión de la ilegalidad y que hace posible la impunidad.
Ante el rumbo más sombrío que está tomando el país con la imposición de Enrique Peña Nieto en la Presidencia de la República, a contracorriente de una sociedad indignada por los procesos electorales marcados por el fraude estructural, un libro de esta profundidad investigativa se torna imprescindible.

martes, 31 de mayo de 2011

Gasto por 255 mil MDP en “seguridad nacional”

El gobierno de Calderón habrá gastado 255 mil millones de pesos en seguridad nacional al término de 2011, revelan tres estudios de la Cámara de Diputados. De ésos, la Sedena y la Marina habrán destinado 174 mil millones exclusivamente a las acciones represivas “en campo”. Delincuencia organizada, narcotráfico, guerrilla, terrorismo y vulnerabilidad de las fronteras, las amenazas que la administración federal intenta “anular”. El monto, el más grande que se haya destinado a este rubro desde la Revolución Mexicana, alcanza ya casi medio punto porcentual del PIB y significa el 250 por ciento del presupuesto total federal para todas las universidades e instituciones de educación superior públicas en un ejercicio fiscal

Nancy Flores / Primera parte

http://archivo.contralinea.info/2011/mayo/235/fotos/255mil/tanque.jpg

En cinco años de “guerra” contra las drogas, el gobierno de Felipe Calderón Hinojosa habrá gastado 255 mil 108 millones 280 mil pesos en acciones supuestamente destinadas a “garantizar” la seguridad y la soberanía nacionales. El monto significa el 247 por ciento del presupuesto total 2011 para la educación superior, de 103 mil 267 millones; o, el 533.91 por ciento del total de recursos federales destinados a promover la ciencia y la tecnología: 47 mil 781 millones.

Para la administración federal, la prioridad en este tema es “anular” cinco amenazas: la delincuencia organizada, el narcotráfico, la guerrilla, el terrorismo y la vulnerabilidad de las fronteras, indica el Programa para la seguridad nacional (2009-2012). El promedio de gasto anual durante el gobierno de Felipe Calderón oscila entre el 0.40 y el 0.43 por ciento del producto interno bruto.

No obstante, las ciudades fronterizas de México en el Norte y el Sur son tierra de nadie mientras que, a lo largo del país, los delincuentes imponen su ley y sus impuestos. Aunque miles de ciudadanos exigen el fin de la violencia, la tendencia económica de la “guerra” contra el narcotráfico revela que el multimillonario financiamiento a la represión institucional va en ascenso.

Y es que, desde su inicio, el gobierno panista privilegia las acciones de violencia respecto de las labores de inteligencia y estrategia, revelan tres estudios elaborados por el Centro de Documentación, Información y Análisis de la Cámara de Diputados.

De los más de 255 mil millones de pesos presupuestados para la seguridad nacional entre 2007 y 2011, las tácticas de guerra habrán consumido 174 mil 756 millones 800 mil pesos, mientras que la inteligencia apenas rebasará los 20 mil millones de pesos, se desprende de los análisis El presupuesto público federal para la función soberanía nacional, 2007-2009; El presupuesto público federal para la función seguridad nacional, 2009-2010; y El presupuesto público federal para la función soberanía nacional, 2010-2011.

Samuel González Ruiz, experto en temas de seguridad y narcotráfico, y académico en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), indica que “el problema de la delincuencia organizada no es la enfermedad, es el síntoma de un padecimiento más grave que se llama debilidad del Estado. Esta debilidad no sólo se ve en la delincuencia organizada, sino en varios factores, como en la lucha de los grupos por el poder de las telecomunicaciones, en la falta de control de la actividad de corrupción, en que las campañas políticas no están controlando los flujos de capital y en que [los partidos] hacen lo que quieren”.

Sedena, el mayor gasto

http://archivo.contralinea.info/2011/mayo/235/fotos/255mil/operativos.jpgLa participación de las Fuerzas Armadas en la defensa de la seguridad y soberanía nacionales consiste en garantizar la integridad del territorio mexicano, del mar patrimonial y de las instalaciones estratégicas del país, aseguran los informes de la Cámara de Diputados.

También revelan que la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) es la institución que más recursos destinará al combate frontal en campo. En los cinco años del actual gobierno, la dependencia que encabeza el general Guillermo Galván Galván sufragará 128 mil 468 millones 400 mil pesos para operaciones directas contra las amenazas a la seguridad y soberanía de México.

Entre 2007 y 2011, la “defensa de la integridad, la independencia y la soberanía del territorio nacional” sumarán erogaciones por 112 mil 858 millones 610 mil pesos; al tiempo, las “acciones de vigilancia en el territorio nacional” de los militares implicarán gastos por 15 mil 609 millones 790 mil.

De acuerdo con los informes de la Cámara de Diputados, el presupuesto asignado para salvaguardar la seguridad nacional sirve para combatir el tráfico ilícito de drogas y la delincuencia organizada por mar, aire y tierra (terrorismo, contrabando, piratería, tráfico ilegal de personas, armas, estupefacientes y sicotrópicos).

Además, para apoyar al Sistema Nacional de Seguridad Pública, en colaboración y coordinación con la Armada de México, la Procuraduría General de la República y la Secretaría de Seguridad Pública; proporcionar seguridad a las instalaciones vitales del país mediante la cobertura aérea, terrestre y anfibia del territorio nacional; preservar la seguridad nacional del Estado, para que todos los mexicanos vean realmente protegida su integridad física, de su familia y su patrimonio en un marco de convivencia social armónica; proporcionar ayuda a la población damnificada durante cualquier tipo de desastre, auxiliando a la población, salvaguardando la vida y los bienes de las personas o en la reconstrucción de las áreas afectadas por estos acontecimientos; y reforestar el país.

Los gastos de la Marina

http://archivo.contralinea.info/2011/mayo/235/fotos/255mil/infos/porcentajes-ejercidos.jpgLos análisis parlamentarios destacan que, además de las operaciones directas, el sistema de seguridad nacional realiza labores de inteligencia, de diálogo y negociación para la resolución de conflictos e impulsa medidas de carácter preventivo para atender a la población ante desastres naturales.

Sin embargo, el mayor gasto se concentra en las acciones de “guerra”. “Emplear el poder naval de la federación para salvaguardar la soberanía y seguridad nacionales” es el rubro con el que la Secretaría de Marina Armada de México justifica los gastos de sus tácticas represivas, y el que, entre 2007 y 2011, implicará erogaciones por 46 mil 288 millones 400 mil pesos.

Los multimillonarios presupuestos que mantienen a la Sedena y la Marina en las calles contrastan con la violencia que asola al país. El Estado mexicano pierde a diario el control territorial, con evidencias recientes como las exhumaciones de más de 300 cadáveres en narcofosas ubicadas en Tamaulipas y Durango, en abril y mayo de este año.

El maestro en ciencias penales Delio Dante López Medrano, académico de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, de la UNAM, explica que “cuando hablamos de drogas no estamos hablando más que de un simple problema de salud, a lo sumo, porque incluso ahí tendríamos que ver el ámbito de decisión personal. Pero cuando nos dicen que es un problema de seguridad nacional y se actúa en consecuencia, como si fuera algo real, tenemos consecuencias terribles para 40 mil vidas y sus familiares”.

En efecto, desde que se inició la “guerra” contra las drogas, más de 40 mil personas han sido asesinadas en México. Hasta ahora, las autoridades federales no han esclarecido el número de civiles inocentes abatidos no sólo en fuego cruzado, sino en retenes militares.

Ese saldo mortal no ha implicado el cese del negocio de las drogas. El Departamento de Estado de Estados Unidos acusa, en su International narcotics control strategy report 2011, que México es, a la vez, un importante país de tránsito y de origen de drogas ilícitas.

“Aproximadamente el 95 por ciento del flujo estimado de cocaína que llega a Estados Unidos transita desde América del Sur por el corredor Centroamérica-México. Este último también es un importante proveedor de heroína, mariguana y metanfetaminas para el mercado estadunidense. La mayoría de cultivos de drogas se produce en las zonas rurales del Oeste de México, donde la detección y la erradicación de cultivos ilícitos son difíciles y la presencia policial es mínima.”

El patrullaje de los militares y marinos, cuyo costo se paga en miles de millones de pesos y que no alcanza para erradicar las drogas, tampoco ha debilitado las estructuras de los cárteles ni su capacidad de fuego. En su reporte Mexican drug war 2011, el centro de inteligencia estadunidense Stratfor asegura que los criminales mexicanos mantienen sus luchas por el control de los lucrativos puertos de entrada a lo largo de la frontera Norte de México y por las rutas estratégicas en el interior del país: Ciudad Victoria, San Luis Potosí, ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Durango, Torreón, Saltillo y Chihuahua.

“Algunas de estas zonas son importantes porque sus rutas se extienden a lo largo de las costas. Otras tienen un valor estratégico por las carreteras que las atraviesan, sobre todo aquéllas que conectan con la costa del Pacífico y los puertos de entrada en la frontera de Texas.”

Inteligencia, gasto menor

http://archivo.contralinea.info/2011/mayo/235/fotos/255mil/inteligencia.jpgEn México, cuatro dependencias federales son las encargadas de “garantizar” la seguridad nacional: la Presidencia de la República, la Secretaría de Gobernación, la Sedena y la Marina.

De acuerdo con los análisis de la Cámara de Diputados –elaborados por el investigador parlamentario Reyes Tépach–, de los más de 250 mil millones que se han presupuestado en este rubro para los ejercicios de 2007 a 2011, el 68.73 por ciento lo habrá ejercido la Defensa Nacional (175 mil 321 millones 510 mil pesos).

En segundo lugar está la Marina, cuyo gasto representa el 26 por ciento (66 mil 313 millones 250 mil). Luego, con el 4.3 por ciento, se ubica el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen), organismo desconcentrado de la Secretaría de Gobernación (10 mil 795 millones 180 mil); y la Presidencia, con el 0.55 por ciento (1 mil 407 millones 220 mil pesos).

El doctor en derecho Daniel Márquez, investigador en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, dice que “hay que repensar este problema de la guerra contra el narcotráfico en todas sus dimensiones, porque Los Zetas se han convertido en el cajón de sastre para todo: hoy en día es muy fácil decir que Los Zetas asesinaron, mataron, hicieron… El narcotráfico se convirtió en una especie de escusa-justificación. Pero, ¿hasta dónde, detrás de esta guerra, se pueden ocultar fenómenos como, por ejemplo, escuadrones de la muerte, lucha social, guerrilla, terrorismo y fenómenos vinculados directamente con la propia delincuencia organizada?”.

El jurista agrega que “para nadie es ignorado que algunas personas en los gobiernos tienden a manejar dentro de los sótanos, dentro de las cañerías, aparatos de represión no institucionalizados que sirven para generar miedo en la población y para eliminar adversarios políticos incómodos para el sistema: personajes que, por sus características, quizás es más simple eliminarlos que someterlos a la exposición de un juicio”. Apunta también que, en el mundo, esta función se ha identificado en bastantes ocasiones con los servicios de inteligencia, tanto internos como externos.

En materia de labores de inteligencia, la Sedena es la institución que más recursos ejercerá: de 2008 a 2011, el gasto de la Jefatura del Estado Mayor de la Defensa, a cargo del área de inteligencia y contrainteligencia militar, habrá erogado 9 mil 532 millones 550 mil pesos.

Le sigue el Cisen, que en ese mismo periodo habrá gastado 8 mil 49 millones 430 mil pesos. En tercer sitio está la Marina, institución que destinará al “desarrollo y dirección de la política y estrategia naval” un total de 2 mil 804 millones 530 mil. La Presidencia, por su parte, no ejercerá en todo el periodo ni un peso para esas labores.

El narcotráfico se debe atender de manera integral, señala el doctor José María Ramos, investigador en El Colegio de la Frontera Norte. Refiere que los gobiernos que han tenido éxito en sus estrategias antinarcóticos, como España, no han “confundido” el problema como asunto de seguridad nacional, sino que lo han enfrentado en el ámbito de la seguridad ciudadana, sobre todo con labores de inteligencia.

Aunque el investigador considera que esta administración tiene voluntad política para solucionar el problema del crimen organizado y la delincuencia, indica que las estrategias que ha seguido no cuentan con elementos para asegurar su efectividad. Ramos observa que, en primer lugar, ha faltado transparencia y fiscalización, elementos esenciales para corregir lo que está mal.

Añade que no hay ninguna experiencia internacional exitosa que se haya centrado exclusivamente en la parte reactiva policial-militar, como la que impulsa el gobierno federal: “El Ejército no puede solo; requiere preparación en aspectos legales, garantías individuales, investigación”.

También observa que se requiere “una efectiva gestión y coordinación intergubernamental en los tres niveles de gobierno, pero sobre todo en la parte federal: no ha habido una coordinación entre las tareas de investigación, de inteligencia del Cisen, la Policía Federal, el mismo Ejército, la Marina. Cada policía tiene su propia inteligencia y no hay una coordinación, no hay un hilo dorado que permita un combate integral a los diferentes grupos del crimen organizado”.

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Por cada militar en las calles, una sentencia firme cada tres años

En la “guerra” de Felipe Calderón contra el narcotráfico –que ha costado más de 40 mil vidas–, para obtener una sentencia firme por delincuencia organizada se necesita un militar cada tres años, señala el maestro en ciencias penales Delio Dante López Medrano.

Y es que, mientras datos del Consejo de la Judicatura federal indican que, de enero de 2007 a febrero de 2010, únicamente se han dictado 735 sentencias de última instancia por delincuencia organizada y 43 mil 849 por delitos contra la salud en todas sus modalidades, información de la Secretaría de la Defensa Nacional detalla que son 70 mil efectivos del Ejército los que diariamente “patrullan” las calles.

Una sentencia condenatoria es un criterio de efectividad: si se detiene a una persona y al final se obtiene la sentencia condenatoria, el procedimiento ha sido exitoso desde el punto de vista de la autoridad, explica López Medrano.

Agrega que, si se considera que la mayoría de las detenciones vinculadas a delitos federales como crimen organizado y narcotráfico las realizan militares, “resulta que necesitamos un soldado, un militar, para obtener una sentencia condenatoria cada tres años. Esto, notablemente, nos habla de ineficacia o inoperancia, cuando menos”.

El cálculo –explica el académico en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, de la Universidad Nacional Autónoma de México– se obtiene de las tres variables: el número de militares en las labores de la “guerra” contra las drogas, el número de detenidos (que, a decir de las autoridades, supera los 121 mil) y el de sentenciados.

“Si relacionamos esas tres variables, nos da la aproximación, cerrando números, de que la actividad de un militar se va a traducir en una sentencia condenatoria cada tres años exactamente.”

López Medrano agrega: “Este dato nos habla de una absoluta ineficacia. Ahora, ¿a qué se debe esta ineficacia? Uno de los factores, desde el punto de vista técnico, es que los militares no están capacitados para recabar pruebas: al final de cuentas, lo que un juez va a analizar son pruebas. ¿Y por qué no están capacitados? Porque las pruebas que están atendiendo son básicamente dos: la confesión y los llamados testigos anónimos o testigos protegidos. Los testigos anónimos no son otra cosa que quienes dicen que parece que alguien traficó o que está metidísimo en las drogas. Ésa es una prueba muy endeble, y es prácticamente seguro que, al final del procedimiento, ésa no va a ser efectiva. Por eso hay índices tan bajos de éxito en cuanto a las sentencias condenatorias”.

Respecto de la confesión, el investigador dice que es común que los militares la obtengan con torturas. “Esto es muy obvio cuando nos presentan a los detenidos. Por lo tanto, van a ser pruebas que al final no van a ser eficaces”. Refiere que sólo dos de cada 100 serán condenados.

Por ello, detalla, “una persona que se va a dedicar al narcotráfico tiene más probabilidades de éxito que si usted y yo compramos un boleto para ganarnos la lotería. Las probabilidades de que él sea condenado son bajísimas. La criminología actuarial nos explica que las personas, en todos los ámbitos, realizan una operación de costo-beneficio. Aquí, haciendo el símil, la operación sería: si ingreso a las filas del narcotráfico, voy a tener un beneficio bastante alto, y mi costo, es decir las probabilidades de que me detengan, son muy bajas; por tanto, el costo-beneficio determina a las personas a ingresar en este tipo de actividades”.

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Fuente Contralínea 235 / 29 de mayo de 2011

sábado, 23 de abril de 2011

La guerra antinarco: victoria inalcanzable


FOTO: Miguel Dimayuga

Galván y Saynez. Ruta al fracaso.

Desde 2009 Alfonso Reyes Garcés, capitán de fragata de infantería e integrante de las Fuerzas Especiales de la Armada de México, advirtió que la estrategia del gobierno federal para combatir el narcotráfico estaba encaminada al fracaso. De no cambiarla, dijo, la guerra contra los cárteles no tendrá fin. Y se explayó sobre el tema en su tesis de maestría, que presentó en diciembre de ese año en la Escuela de Posgrado Naval en Monterey, California. Entre sus críticas, el oficial de marina afirma que si el narcotráfico es una amenaza para la seguridad nacional, entonces debe ser tratado como tal. La estrategia no ha cambiado y, en efecto, el gobierno y sus fuerzas armadas no tienen manera de sostener que pueden alcanzar la victoria…

MÉXICO, DF., 23 de abril (Proceso).- Renuente a modificar la estrategia que exacerbó la violencia en el país, el gobierno de Felipe Calderón quedó entrampado en “una guerra sin fin” contra el narcotráfico y a menos de dos años de abandonar el poder ni siquiera sabe bajo qué parámetros puede demostrar una victoria.

Esta evaluación de lo que ha sido la principal política del sexenio es autoría de un jefe de la Marina, Armada de México, el capitán de fragata de infantería e integrante de Fuerzas Especiales Alfonso Reyes Garcés. La escribió en su tesis de maestría que presentó en la Escuela de Postgrado Naval (NPS, por sus siglas en inglés) de Monterey, California, centro de formación académica naval de Estados Unidos.

Adscrito actualmente al Batallón de Infantería de Marina 27, en el Distrito Federal, Reyes Garcés se graduó en diciembre de 2009 de la NPS, donde se especializó en el Departamento de Análisis de Defensa, división dedicada a la preparación de cuadros para los futuros campos de batalla, en especial en temas de terrorismo, insurgencia, guerras no convencionales y operaciones de información.

Militares estadunidenses y extranjeros egresados de esa división están ahora operando en Iraq, Afganistán, Filipinas y Colombia como parte de su formación en guerras irregulares, dentro de las cuales algunos analistas estadunidenses ubican la “insurgencia delictiva” que padece México y que la secretaria de Estado Hillary Clinton y otros funcionarios estadunidenses han tipificado como “narcoinsurgencia”.

Contrario al entusiasmo del titular de la Secretaría de Marina, Armada de México (Semar), Francisco Saynez Mendoza, con la estrategia de Calderón –que llevó incluso al almirante a declarar el miércoles 20 en Veracruz que la violencia desatada en el país se debe a que “la fiera está acorralada” y un día después a decir “que los cárteles se están desbaratando” –, Reyes Garcés hace una revisión sin paliativos de la manera en que se ha pretendido combatir el narcotráfico en el actual sexenio y las consecuencias negativas que ha tenido, sobre todo, por la creciente violencia.

Extracto del reportaje principal que se publica en la edición 1799 de la revista Proceso, ya en circulación.

fuente- proceso

lunes, 13 de diciembre de 2010

Michoacán, narcorebelión

Jorge Carrasco Araizaga


FOTO: Eduardo Miranda

Apatzingán. Protesta de apoyo al cártel de La Familia

MÉXICO, D.F., 12 de diciembre (Apro).- Felipe Calderón es el hombre de la violencia. Mientras más muertos deje su gobierno, más éxito reclamará en su “guerra al narcotráfico”.
Desde hace un año optó por el aniquilamiento, por extremar la fuerza con el conocimiento de que esa medida le costará la vida a civiles inocentes.
El “presidente valiente”, como se presentó al inicio de su gobierno cuando declaró su guerra, propone como única salida la represión. Así lo dijo también desde el primer día.
Los primeros tres años de su mandato intentó bajar los enfrentamientos entre los cárteles del narcotráfico. No pudo. Decidió entonces hacer suya la salida
estadunidense: aniquilar algunos jefes.
Empezó hace un año en Cuernavaca, con Arturo Beltrán Leyva, El Barbas; siguió con Ignacio Nacho Coronel; luego Antonio Ezequiel Cárdenas Guillén, Tony Tormenta, y ahora Nazario Moreno González, El Chayo.
La medida es más efectista que efectiva. Puede decir que va contra todos, que no protege a ninguna organización, que le ha pegado a los Beltán Leyva, al cartel de Sinaloa, al cartel del Golfo y a La Familia Michoacana. En esa lógica tendría que seguir algún jefe de Los Zetas.
El movimiento del narcotráfico es circular: a la muerte del líder, sigue otro. Preparados para la traición interna o de sus protectores institucionales, los jefes
del narcotráfico forman a sus sucesores. Nadie está dispuesto a que se pierda el millonario negocio: ni los traficantes de droga, ni las autoridades que les apoyan,ni los que ponen su nombre para limpiar el dinero.
Tampoco Estados Unidos, cuyo objetivo sólo es “regular” el marcado ilegal de la droga en México mediante el control de la violencia, es decir, que sea el gobierno mexicano y no los cárteles los que decidan el nivel de violencia.
Pero en ese objetivo, Calderón desestimó lo que en Estados Unidos mismo se advirtió: el Estado mexicano se ha diluido en varias zonas del país, tanto en el control del territorio como en su autoridad ante los ciudadanos. Primero negó que así fuera y hasta retó a que se lo demostraran.
Después, su gobierno rechazó lo que también se viene diciendo desde hace tiempo en Estados Unidos, incluso por la propia secretaria de Estado, Hillary Clinton: que en México hay signos de narcoinsurgencia.
En Michoacán, su estado natal, tiene el ejemplo más claro de ambos fenómenos: ausencia de control en parte del territorio y acciones sociales de rechazo a
instituciones del Estado.
Es en su tierra donde la eliminación del Chayo, uno de los jefes de La Familia Michoacana ha desatado una inusitada reacción colectiva y organizada cuyas
consecuencias aún estamos por conocer.
Tres días después de que el vocero de seguridad nacional, Alejandro Poiré, anunciara la muerte de Nazario Moreno, El Chayo, durante los enfrentamientos con la Policía Federal, las protestas sociales en rechazo a ese hecho se mantienen.
El domingo, cientos de personas marcharon en Apatzingán en un rechazo abierto a la Policía Federal que está bajo la responsabilidad del secretario de Seguridad Pública, Genaro García Luna.
En la lógica de que esas manifestaciones sean pagadas por La Familia Michoacana, la protesta no deja serlo y, en todo caso, es una expresión del control que ha logrado el narcotráfico en sectores sociales.
Lo mismo se ha visto en Sinaloa y Nuevo León con el cártel de Sinaloa y Los Zetas, por mencionar otros casos.
Pero en ninguno como en Michoacán se había vivido el incendio desatado por Calderón, quien quiere despejar el camino para que su hermana, Luisa María, se quede con la gubernatura que él jamás logró.
El costo que está pagando su estado es demasiado alto, no sólo por la inestabilidad política que provocó con la detención de funcionarios estatales y municipales, sino por los muertos civiles que ha dejado su estrategia en toda la entidad.
Aún no se sabe el saldo real de la confrontación iniciada el miércoles, pero Calderón ha decidido echar más gasolina en los próximos días con el envío de miles
de tropas y policías.

jcarrasco@proceso.com.mx

fuente- proceso

Los cárteles de Televisa y del narcotráfico

Los poderes fácticos, como Televisa y las delincuencias –como expresión de cártelescon sobrado poder económico y capaces de maniobrar políticamente para disputarle al Estado constitucional su poder y competencia legal sobre el territorio– prácticamente se han impuesto sobre las instituciones legítimas, constituyéndose en abiertas rebeliones para establecer, con sus golpismos, gobiernos contrarios al estado de derecho. Ni la militarización (la otra cara de otro posible golpe de Estado si los políticos del Partido Acción Nacional, como van, siguen tan ineficaces generando ingobernabilidad y crisis de desastres económicos y sociales) ha podido neutralizar la violencia que se ha generalizado en casi todas las 32 entidades de un federalismo cuestionado por las incapacidades de sus gobernadores y presidentes municipales, al que quieren someter con la policía única que nos hará regresar al centralismo del Estado unitario.

El artículo 136 constitucional sólo plantea como solución que el pueblo restablezca el orden constitucional, cuyo relajamiento (Daniel Cosío Villegas, “La república restaurada”, en la Historia moderna de México: vida política) ya llegó a tal grado que ni los presidentes municipales ni los gobernadores, ni el presidente de la república ni los jueces de los poderes judiciales de los estados ni del Federal respetan, ya que todos ellos constantemente pasan por encima y pisotean la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, las constituciones estatales y sus leyes reglamentarias. Los amparos y las suspensiones no se acatan. Cada gobernante no las obedece y, mucho menos, las cumplen, en lo que ya es un desorden, una rebelión que ha interrumpido la observancia de la ley.

“Esta Constitución [escribieron los constituyentes del 17, en la ley suprema de toda la Unión] no perderá su fuerza y vigor, aun cuando por alguna rebelión se interrumpa su observancia. En caso de que por cualquier trastorno público se establezca un gobierno contrario a los principios que ella sanciona, tan luego como el pueblo recobre su libertad, se restablecerá su observancia, y con arreglo a ella y a las leyes que en su virtud se hubieren expedido, serán juzgados, así los que hubieren figurado en el gobierno emanado de la rebelión, como los que hubieren cooperado a ésta.”

Está claro que la rebelión de los cárteles, encabezados por Televisa, y del narcotráfico, más otras delincuencias armadas que han consumado rebeliones violentas, han interrumpido el cumplimiento constitucional. Somos una nación víctima de quienes en los poderes –económicos, sobre todo para financiar sus fines aviesos– ya impusieron su Estado fáctico y están gobernando a través de la violencia audiovisual, la obtención de beneficios al margen de la ley; del miedo a través de cientos de miles de homicidios, secuestros, desapariciones de ciudadanos y la metódica y sistemática violación de derechos humanos, desde los gobernantes replegados tras la militarización que no logra a sangre y fuego someter a esos cárteles. No hay garantías legales. Los tribunales ya no imparten justicia conforme a leyes, presionados por los cárteles, los sobornos y las amenazas. La rebelión en marcha de los intereses creados contra el Estado constitucional, democrático y republicano, ha impuesto sus cotos, donde loscárteles son la gobiernos contrarios a los principios constitucionales. Televisa y los narcotraficantes, con otros medios de comunicación, han usurpado funciones y facultades. Y se han sublevado como pandillas con poder político sustentado en una pavorosa concentración de riqueza, obtenida por la incontrolable publicidad y dineros mal habidos de Televisa, que le entregan empresarios y políticos más las concesiones gubernamentales del panismo calderonista. Mientras los cárteles de la otra violencia, de la delincuencia… ¡organizada!, comercian ilegalmente y obtienen fortunas semejantes a las del cártel de Televisa, la empresa de la violencia audiovisual.

La rebelión actual no es de revueltas civiles ni levantamientos sociales (no faltando causas para unas y otros); son rebeliones de los cárteles económicos que han decidido disputar el poder político completo para, pervirtiendo las instituciones, ponerlas al servicio de sus intereses. Contra los cárteles del narcotráfico, está en marcha la militarización, con estrategias fallidas, donde los uniformados de las Fuerzas Armadas y de las policías federales han obtenido victorias pírricas, ya que son a costos tan altos que, real o aparentemente, pareciera que los narcos y sus sicarios llevan la delantera, pues los miles de homicidios tienen a los mexicanos entre la espada del terror y la pared del pánico colectivo.

El actual relajamiento constitucional por la rebelión de esos cárteles –los narcotraficantes y Televisa, con sus grupos de poder para imponer sus respectivas violencias– ya anuló a los poderes federales y de las entidades. Existe un caos. Hay anarquía por todo el país; los gobernantes no obedecen la legalidad. Y los particulares con poder fáctico hacen lo que se les pega la gana. Aquéllos se han hecho indignos de gobernar y administrar. Los otros, desde sus empresas, los bancos y el comercio, se enriquecen en el “río revuelto” de la ingobernabilidad como incapacidad de las instituciones políticas para dirigir la economía y la sociedad del país, en el contexto de la inestabilidad presidencial que sobrevive en la crisis de su permanencia hasta el final de su sexenio o su relevo con una Presidencia sustituta. Es esto o los cártelesserán los nuevos gobernantes, con la violencia a sangre y fuego y la violencia audiovisual, para repartirse el país con sus golpes de Estado.

http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2010/12/12/los-carteles-de-televisa-y-del-narcotrafico/

jueves, 9 de diciembre de 2010

La guerra perdida de Calderón




FOTO: Miguel Dimayuga

Felipe Calderón, titular del Ejecutivo

Martí Batres Guadarrama

MÉXICO, D.F., 8 de diciembre.- Felipe Calderón libra una guerra que está perdida de antemano: es la guerra por su legitimidad.

En su campaña por la Presidencia de la República puso en el centro de su discurso la economía, incluso habló de las desigualdades, y por ello se propuso ser “el presidente del empleo”. También tocó el tema migratorio, y recogió demandas de los empresarios. Criticó el endeudamiento y enfatizó la conducción responsable de la economía. Pero nunca habló de una guerra contra el narcotráfico.

Esa agenda, que se ha convertido en el discurso monotemático de su administración, nació el 2 de julio del 2006.

Impuesto por un fraude electoral en el gobierno federal, Calderón se dio a la tarea de encontrar un tema que lograra cohesionar a todos a su alrededor, que lograra aislar a sus adversarios, que permitiera colocar las cosas en blanco y negro, en buenos y malos, en héroes y criminales, y que de paso le ayudara a resguardarse detrás del uso de la fuerza y de la intimidación hacia el resto de la sociedad. Por eso apareció de repente la guerra contra el narco. Fue el consejo de sus asesores, no la idea propia. Fue la respuesta de coyuntura, no la estrategia largamente pensada.

Improvisadamente, sin el personal preparado, sin la información adecuada, sin los instrumentos necesarios, se lanzó a una guerra. Lo importante era empezar, aparecer, salir a cuadro, hacer como que hacía. Lo importante no era, y no es, derrotar el narcotráfico y el consumo de drogas. Lo importante era lo político. Lo importante era legitimarse. Encontrar en una gran causa la legitimidad que no obtuvo en las urnas.

En los primeros dos años de guerra contra el narco, sin embargo, las adicciones se dispararon en 120%, de acuerdo con las cifras oficiales de su propio gobierno. Cerca de 30 mil personas han muerto en dicha guerra, sin que sepamos con precisión cuántos han sido narcos, cuántos soldados y policías y cuántos inocentes. Han sido acribilladas por las fuerzas del orden, los “héroes” que nos “protegen”, familias enteras, por rebasar un retén y aun sin rebasarlo. Jóvenes universitarios han muerto por aparecer en fuegos cruzados. Algunos han sido despojados de sus identificaciones para hacerlos parecer narcos. Otros jóvenes han sido acribillados en fiestas o reuniones familiares por sicarios que llegan a realizar masacres como forma de venganza contra actos de las autoridades. En el proceso de militarización se cometen abusos, se violan derechos, se violan personas, mueren mujeres indígenas. Pero los costos se minimizan. Son “daños colaterales”.

La guerra contra el narco desnudó la debilidad del Estado mexicano. El crimen organizado sabe ahora a ciencia cierta cuál es la fuerza y la capacidad real del poder público. Se ha perdido el efecto de disuasión. Le han tomado la medida al gobierno federal, a las policías y al Ejército. Y las mafias se han engallado. En ciudades como Nuevo León, en pleno día se realizan los narcobloqueos en las calles más céntricas. Han dejado de temerle al Estado.

Calderón no puede, pero aprovecha la situación. Sabe que no ganará la guerra contra el narco, pero se refugia en la confusión. Persigue a personajes cercanos de sus opositores. Detiene espectacularmente a alcaldes de su estado natal para generar un efecto electoral, aunque éstos sean liberados después. No importa si eran culpables o no. No importa si había solidez en las acusaciones en su contra. Lo importante era lo político, lo electoral. La guerra contra el narco es ahora el gran discurso para buscar hacer a su hermana gobernadora de su estado natal.

En dicha guerra caen algunos narcos, pero a otros, con todo y sus modernos instrumentos tecnológicos de inteligencia, el gobierno federal no los puede hallar.

Para el año 2011 se prevé un presupuesto de 50 mil millones de pesos para financiar la guerra contra el narco. Para el combate a las adicciones se destinarán 5 millones de pesos. En realidad, se ha perdido el horizonte original. No importa ya disminuir el consumo de drogas. Lo que importa es la guerra; es un fin en sí mismo.

Estamos obligados a preguntarnos: ¿Qué habría pasado si los cuantiosos recursos que se desvían a esa guerra se hubieran utilizado para el desarrollo del país? Es decir, si se hubieran construido las refinerías y las nuevas universidades por cada estado de la república; si se hubieran establecido la beca universal y la pensión universal; si se hubieran financiado el desarrollo comunitario, la empresa pública, la economía social y la pequeña industria; si se hubiera construido el tren bala… Se habría potenciado el desarrollo, la gente sería más feliz, y por supuesto, habría más seguridad.

Podrán detener a miles de narcos. Pero de las profundidades de la crisis saldrán miles más. Para algunos esta es su fuente de ingreso, su economía. Peor aún, para muchos jóvenes este es su verdadero “primer empleo”, en un país que decreció ocho puntos el año pasado y tiene la tasa más grande de desempleo en su historia. Sin empleo, sin ingresos, sin educación, sin crecimiento económico, sin garantías de existencia material para la población, la guerra contra el narco está condenada al fracaso, aunque dure 100 años. Como está destinada al fracaso la lucha inútil por la legitimidad de Calderón. Asaltó un gobierno, y así pasará a la historia, aunque finja hacerle la guerra a los malos.

fuente- proceso

jueves, 4 de noviembre de 2010

Chapo y Slim, en lista de poderosos de Forbes


El mexicano Carlos Slim y el narcotraficante Joaquín Guzmán Loera "El Chapo" están considerados por la revista Forbes en su listado de las personas más poderosas del Mundo.

De Guzmán Loera, quien aparece en el lugar 60, la publicación refiere que "lidera al cártel de Sinaloa, el abastecedor de cocaína más grande hacia los Estados Unidos".

Slim, principal accionista de Grupo Carso, es el mexicano mejor sitiado en el listado, en el lugar número 21.

El presidente de China, Hu Jintao, es la persona más poderosa del Mundo, de acuerdo con el listado de la revista publicado el miércoles.

Hu Jintao desplazó a Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, al segundo lugar. Obama apareció en el primer lugar el año pasado.

Para Forbes, Jintao merece el primer lugar por que "es el líder político del país más poblado de la Tierra; ejerce un poder dictatorial sobre mil 300 millones de personas, un quinto de la población del planeta."

"Hu puede construir ciudades, encarcelar disidentes y censurar Internet sin la intromisión de burócratas o cortes", apunta la revista.

La lista incluye a 68 personajes de todo el mundo. Destacan el papa Benedicto XVI y el empresario Steve Jobs.

En el top ten se encuentran Hu Jintao, Barack Obama, Abdullah bin Abdul Aziz al Saud, Vladimir Putin, el papa Benedicto XVI, Angela Merkel, David Cameron, Ben Bernanke, Sonia Gandhi y el dueño de Microsoft, Bill Gates.

También destaca la aparición de la recién electa presidenta de Brasil Dilma Rousseff, en el lugar 16 y Sebastián Piñera en el 51.

Osama bin Laden, buscado por terrorismo por los Estados Unidos figura en el lugar 57 y Joseph Blatter, presidente de la FIFA en el 65.
fuente- El universal

domingo, 31 de octubre de 2010

Los muertos de Calderon


Rodrigo Vera

La guerra calderonista contra el narcotráfico ha causado decenas de miles de muertes (el gobierno federal reconoce más de 28 mil y algunos conteos independientes sitúan la cifra en poco más de 25 mil), más que las habidas durante la Independencia o la invasión de Estados Unidos a México, afirman a Proceso especialistas en estadística criminal; aseguran que no hay números
absolutamente confiables al respecto y señalan además que lo que no se puede medir no se puede conocer ni combatir efectivamente...

MÉXICO, D.F., 30 de octubre (Proceso).- Las decenas de miles de muertos que ha dejado la guerra emprendida por Felipe Calderón contra el narcotráfico superan el número de bajas de algunos conflictos bélicos de la historia mexicana: la Independencia, con 23 mil fallecidos; la guerra contra Estados Unidos, con la misma cantidad; la de Reforma, cuyo saldo fue de 8 mil, o la guerra sucia de los setenta que dejó 436 muertos, de acuerdo con cifras generalmente aceptadas.

Lo grave, afirman los analistas, es que cada año duplica al anterior en número de muertos de la guerra contra el narcotráfico: en 2006 había dos bajas por cada 100 mil habitantes y ahora son 8.4. Agregan que de continuar la estrategia de Calderón, al término de su sexenio serán asesinadas 14 personas por cada 100 mil habitantes. Una cifra muy alta para los estándares internacionales.

El especialista en estadística criminal Arturo Arango Durán comenta a este semanario: “La actual guerra contra el narcotráfico ha resultado sumamente letal. Su costo en víctimas ya es altísimo. Pero lo peor de todo es que es una guerra perdida de antemano, pues fortalece a la delincuencia organizada mientras más la ataca. Al reducir la oferta de droga hace que los precios suban y los cárteles obtengan mayores ganancias.

“Así, queriéndolo o no, el Estado fortalece a la delincuencia organizada y se convierte en el gran regulador del mercado de la droga. Se metió en un círculo vicioso, sin salida. Además la guerra está atizando las disputas entre un cártel y otro por el control de las plazas.

“Todo esto tiene un efecto multiplicador de la violencia y, por consiguiente, de muertes. Esto es justamente lo que hace que el número de fallecidos se duplique de un año a otro. En términos absolutos, hablando estrictamente de pérdida de vidas humanas ya estamos por encima de las provocadas por casi todas las otras guerras civiles que ha padecido México desde su Independencia.”

Analista en la misma materia, Juan Pablo Arango aclara: “Debemos tomar en cuenta que nuestras guerras civiles por lo general fueron ocasionadas por disputas ideológicas entre amplios sectores de la población; en cambio la actual es, sobre todo, el resultado de una acción emprendida por el gobierno federal para combatir a los cárteles de la droga”.

A petición de Proceso ambos peritos hacen un minucioso análisis estadístico sobre el incremento de muertes que ha provocado el actual conflicto armado, así como su comparación con las guerras del pasado en México.

Extracto del reportaje principal que se publica en la edición 1774 de la revista Proceso, ya en circulación