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domingo, 28 de febrero de 2010

Antes y después de 1968


Carlos Montemayor

Desde un primer momento, varios sectores del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970) afirmaron reiteradamente que el movimiento estudiantil de 1968 fue fomentado, sostenido y armado por agentes comunistas de la Unión Soviética y de Cuba. Es difícil saber en qué medida inf luyó esta versión gubernamental en una ulterior concepción del movimiento estudiantil del 68 como matriz de las organizaciones guerrilleras urbanas que aparecieron a lo largo de la década siguiente. Es difícil saberlo porque la incorporación de estudiantes universitarios a la guerrilla posterior no fue un proceso automático derivado de la dinámica propia de ese movimiento, que aglutinó a nutridos contingentes de estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y de la Universidad de Chapingo. Una gran parte de los estudiantes que se incorporaron a la guerrilla provinieron de dinámicas diferentes, de una amplia gama de otros procesos políticos y universitarios de Michoacán, Chihuahua, Jalisco, Nuevo León y Sinaloa, sin conexión orgánica con el movimiento del 68.

La guerrilla rural y la guerrilla urbana surgieron de procesos en ocasiones tan aparentemente disímiles como la radicalización de las juventudes comunistas ante las viejas estructuras del Partido Comunista Mexicano (PCM) y del Partido Popular Socialista (PPS) o de la radicalización política de cuadros religiosos. En este sentido, la Liga Comunista 23 de Septiembre es un buen ejemplo del complejo cruce de caminos y de la amplia gama de procesos políticos que desembocaron en la guerrilla mexicana. Raúl Ramos Zavala, su fundador ideológico inicial, provenía de la juventud comunista de Nuevo León; Ignacio Salas Obregón, su primer dirigente reconocido, originario de Aguascalientes, se había formado en la Compañía de Jesús. El nombre de la Liga, por otro lado, no aludió a un movimiento estudiantil, sino al comunismo y a la guerrilla rural de la sierra de Chihuahua encabezada por Arturo Gámiz, Pablo Gómez y Salomón Gaytán; el título de su propio órgano de difusión, Madera, recalcó la referencia a la guerrilla rural chihuahuense, por el enclave de la sierra donde el Grupo Popular Guerrillero intentó tomar por asalto el cuartel militar, proceso que he descrito ampliamente en mi novela Las armas del alba.

El contexto político del movimiento del 68, la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco y, quizás de manera determinante, la masacre del Jueves de Corpus de 1971, constituyeron el referente nítido para muchas organizaciones obreras, campesinas y estudiantiles de que la lucha no podía ser pacífica. El Estado se había mostrado refractario por entero a la inconformidad social; con ambas masacres había hecho saber a todos el destino real de las luchas populares: resignarse a la represión y a la masacre, o intentar el recurso de la vía armada. Pero a pesar del vasto contexto político del movimiento estudiantil de 1968, no podemos reducirlo a la explicación causal de la guerrilla posterior; en la urdimbre de la guerrilla se encuentran hilos que provienen de condiciones anteriores y de contextos diferentes (...)

Fragmento del primer ensayo incluido en el nuevo libro del escritor y colaborador de La Jornada, que el próximo martes comenzará a circular con el sello Debate

fuente- la jornada

viernes, 2 de octubre de 2009

POLICIAS Y PROVOCADORES QUERIAN GENERAR OTRO TLATELOLCO

videos del MJL

Oaxaca de Juárez Oaxaca ciudad de la resistencia a 2 de Octubre del 2009. El día de hoy en marco de la conmemoración del 41 aniversario de la masacre de tlatelolco diversas organizaciones y colectivos aglutinados en la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca marcharon esta tarde de la prepa dos al zócalo de la capital.


Todo comenzó minutos antes de las tres de la tarde cuando los jóvenes se concentraron en el boulevard Eduardo Vasconcelos donde bloquearon un carril para dirigirse con rumbo al corazón de la ciudad, pero no marchaban solos, ya que a escasos cinco metros detrás de los marchistas se encontraban cinco patrullas de la policía Estatal preventiva, quienes portaban armas de grueso calibre de tipo R-15 como si fueran a detener a algún narcotraficante o secuestrador.

Desde el crucero de la Volkswagen iniciaron las pintas, pero pocos metros más adelante a la altura del ADO jóvenes encapuchados que posteriormente fueron señalados por los mismos organizadores como “infiltrados” empezaron a romper cristales e incluso intentaron crear una confrontación entre policías y manifestantes, a lo cual los policías contestaron con gases lacrimógenos y amenazas, pero fue gracias a la intervención de un grupo consecuente con la lucha quienes intervinieron para intentar calmar los ánimos, así llamaron a la unidad y a la no confrontación de manera violenta, entre las personas que contuvieron la ferocidad policial estuvo una madre de familia quien encaro sola a los uniformados (como se puede apreciar en el video) quien de manera valiente y con su propio cuerpo los increpo, permitiendo así la reorganización del contingente que no cayó en la provocación policial.


El contingente avanzo por avenida Juárez, pero al doblar por la calle de Morelos, los uniformados intentaron golpear con sus toletes a un joven, quien fue apoyado por sus compañeros, acto que fue aprovechado por los provocadores que lanzaron piedras, mientras los policías lanzaban gases lacrimógenos y empujaban a las jovencitas que se encontraban hasta la cola de la marcha, nuevamente intervinieron los organizadores para impedir un enfrentamiento directo con los cuerpos represivos, acto seguido los marchistas exigieron la expulsión de la movilización de los provocadores, pero el contingente se encontraba ya por arribar al primer cuadro del zócalo.


Ya eran las cuatro de la tarde cuando inicio la participación de los oradores a un costado de la catedral metropolitana, prácticamente todas las participaciones fueron en el mismo sentido : exigiendo la reorganización de los jóvenes y llamándolos a la mesura ya que de no ser así se justificaría una represión del estado, pero apenas acabado el mitin cuando arribaron a la plancha del zocalo otro contingente de manifestantes que bajaron de tinoco y palacios quienes empezaron a destruir vidrios del ex palacio y agredieron a miembros de la prensa, la reacción de la policía no se hizo esperar, detuvieron a varios muchachos y amenazaron a los periodistas, hecho que llama mucho la atención porque entre los detenidos no se encontraba ninguno de los jóvenes agresivos, si no integrantes visibles de la APPO que llamaron a no caer en la provocación y exigieron en el transcurso de la manifestación recordar el 2 de Octubre de manera combativa pero pacifica, personas como Gabriela Jiménez que son conocidas en el Movimiento Social Oaxaqueño por su congruencia y militancia, quien después de varias horas de ser golpeada, la liberaron al no poder comprobar su participación en actos vandálicos, pero aun así todavía se habla de más de diez detenidos por la policía, a quienes según testimonio de compañeros que ya fueron liberados están siendo torturados en el cuartel de santa María Coyotepec, se contemplan mas movilizaciones para exigir su liberación.

redaccion- Raul Alberto

jueves, 1 de octubre de 2009

Memorial de Tlatelolco


La oscuridad engendra la violencia
y la violencia pide oscuridad para cuajar el crimen.
Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche
para que nadie viera la mano que empuñaba
el arma, sino sólo su efecto de relámpago.
¿Y a esa luz breve y lívida quién?
¿Quién es el que mata?, ¿quienes los que agonizan, los que mueren
¿Los que huyen sin zapatos?
¿Los que van a caer al pozo de una cárcel?
¿Los que se pudren en el hospital?
¿Los que se quedan mudos, para siempre, de espanto?
¿Quién? ¿Quiénes? Nadie. Al día siguiente, nadie.
La plaza amaneció barrida, los periódicos
dieron como noticia principal
el estado del tiempo.
Y en la televisión, en la radio, en el cine
no hubo ningún cambio de programa,
ningún anuncio intercalado ni un
minuto de silencio en el banquete
(Pues prosiguió el banquete.)
No busques lo que no hay: huellas, cadáveres
que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa,
a la Devoradora de Excrementos.
No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.
Más he aquí que toco una llaga: es mi memoria.
Duele . Luego, es verdad. Sangre con sangre
Y si la llamo mía traiciono a todos.
Recuerdo, recordamos.
Esta es nuestra manera de ayudar a que amanezca
sobre tantas conciencias mancilladas,
sobre un texto iracundo, sobre una reja abierta,
sobre el rostro amparado tras la máscara.
Recuerdo, recordemos
hasta que las justicia se siente entre nosotros


Escrito por Rosario Castellanos

Repaso del ’68, de 2 de octubre no se olvida


En la segunda mitad del siglo XX, ningún año en México tiene el halo mágico como 1968 y ninguna fecha tiene una significación trágica como el 2 de octubre. El ’68 estudiantil, en ciudades estadunidenses, sudamericanas, europeas y asiáticas, tuvo la velocidad y el esplendor del relámpago. Decir 1968 en México es recordar intensamente varias palabras: revuelta, utopía, democracia, matanza... Díaz Ordaz hubiera sido un presidente como otros si no hubiera ocurrido el 2 de octubre.

Dejó un país, como Adolfo Ruiz Cortines y Adolfo López Mateos, económicamente firme; lo perdió la idea fija de que la investidura presidencial era intocable, y de que el Orden, o lo que él entendía por el Orden, era lo que importaba. Oponerse a él, como lo hicieron antes los médicos y los maestros, representaba un ataque directo a México.
La noción de oposición, si no era la de los partidos domesticados (PPS, PARM), o con una presencia exigua (PAN), era una herejía medieval. Con Díaz Ordaz llegó a su extremo el presidencialismo autoritario de los regímenes priístas. Lógico: cuando hay un gobierno ciego y sordo a la crítica, al darse ésta, la respuesta invariablemente termina en un río de sangre. En el ’68, salvo levísimos atisbos (el diario menos cerrado era paradójicamente uno oficial: El Día), la prensa y la radio y la televisión estaban vigilados y controlados por el gobierno.
No en balde, un lema usual en los carteles callejeros de protesta y un grito frecuente frente a las instalaciones de la televisión y de los periódicos era Prensa Vendida.Muy bien consensuadas las seis demandas del pliego petitorio por los 210 miembros del Consejo Nacional de Huelga, representaban apenas el principio del principio de una apertura democrática.
Pero un ser de trato tan despótico, tan poco respetuoso de la opinión ajena, como Díaz Ordaz, no podía entender la mínima disidencia, mucho menos cuando se pedía diálogo público, lo cual, visto en perspectiva, era menos que ilusorio. ¿Por qué? Porque los funcionarios priístas estaban habituados desde hacía décadas, primero, a la obediencia menos o más abyecta a los superiores en turno; segundo, por su falta de educación democrática para aceptar la crítica o entablar el diálogo; tercero, porque su manera de neutralizar la disidencia era a través de la compra simulada o directa de los opositores (puestos, dinero, contratos, becas), y, en último término, si esto no se daba, las amenazas y el acoso, las golpizas, la cárcel, el asesinato. En su inmensa mayoría la priísta fue una clase política mediocre acostumbrada a la genuflexión, a bajar la cabeza y a congratularse con sus superiores felicitándolos hasta por sus equivocaciones.
Hasta Salinas (con Zedillo disminuye) el presidente de la República fue asimismo el verdadero presidente del PRI, e imponía sus decisiones al Legislativo y tenía, cuando lo creía conveniente, influencia sobre el poder judicial. Bajo los gobiernos priístas en México se tuvo por décadas todo tipo de libertades, menos las políticas.
En el ’68 los halcones mayores, encabezados, entre otros, por Díaz Ordaz, Luis Gutiérrez Oropeza y Luis Echeverría, acabaron imponiendo su estilo personal de someter. El coro desdeñablemente menor lo representaban Alfonso Martínez Domínguez, Fidel Velázquez, Octavio Hernández y Luis M. Farías, que no perdían ocasión de denostar el movimiento.
Para entender mejor la inutilidad de la matanza debemos partir de que a grandes rasgos el movimiento del ’68 se dividió en dos partes. Si bien surge el 26 de julio, la manifestación del 1 de agosto, encabezada por el rector de la UNAM Javier Barros Sierra, como protesta por la agresión y violación de parte del ejército de la autonomía universitaria al tomar cuatro días antes las instalaciones de San Ildefonso, le da mayor legitimidad.
Del 1 al 27 de agosto los estudiantes de las instituciones educativas más importantes del país, sobre todo esos que designa Sergio Zermeño como la gran base radical en su libro México: una democracia utópica (Siglo XXI, 1978), tienen la iniciativa y ponen en jaque a las instituciones. El gobierno se halla a la defensiva, y aún más, rebasado.
Fue algo que no se había visto en mucho tiempo: un tiempo imaginativo de organización espontánea y de irresistible algarabía, de crítica filosa y de desahogo, luego de una contención personal de años, a través del insulto en público.Pero allí termina la primera etapa. Después de la represión de la madrugada del 28 de agosto por parte del ejército en la plaza del Zócalo, salvo la llamada Manifestación del Silencio del 13 de septiembre, se dio una cacería implacable contra estudiantes, maestros, intelectuales y artistas.
El 18 de septiembre el ejército toma la universidad y cinco días después, a sangre y fuego, Santo Tomás y Zacatenco, y en los días siguientes se dan batallas enconadas en la zona de Tlatelolco y en el norte de la ciudad. Es decir, cuando ocurre la matanza en la plaza de Tlatelolco, ha pasado más de un mes de acoso sin tregua.
Los estudiantes se hallaban para entonces dispersos y, aun me atrevería a decir, en desbandada. El mitin del 2 de octubre era un intento del Consejo Nacional de Huelga de exponerle al gobierno y a la prensa extranjera que los estudiantes no estaban vencidos, o si se quiere, que existía aún resistencia. Pero el gobierno temía el boicot de los jóvenes a los Juegos Olímpicos que se inaugurarían 10 días después, y más, temía que el COI los cancelara.
Y respondió excesiva y despiadamente. El miedo era infundado. Era más una fantasía o una paranoia que un hecho real. Desarticulados los estudiantes, la crítica, de darse, no hubiera pasado en las jornadas olímpicas de unas protestas aquí y allá, es decir, algo que no hubiera tenido mayor relevancia si México hubiera sido un país democrático.
Lo que aún nos causa azoro treinta y siete años después es que al gobierno diazordacista no le importó llevar a cabo la matanza hallándose presentes los corresponsales de la prensa extranjera, y aun, una famosa periodista italiana, Oriana Fallacci, recibió en la refriega dos balazos. Octavio Paz escribió con lucidez en Posdata (Siglo XXI, 1970), cosa de un año y cuatro meses después de los sucesos: "Así, pues, puede decirse que el movimiento estudiantil y la celebración de la Olimpiada en México fueron hechos complementarios: los dos eran signos del relativo desarrollo del país.
Lo discordante, lo anómalo y lo imprevisible fue la actitud gubernamental. ¿Cómo explicarla? Por una parte, ni las peticiones de los estudiantes ponían en peligro al régimen ni éste se enfrentaba a una situación revolucionaria; por la otra, ningún acto de ningún gobierno —ni siquiera el de Francia, ése sí amenazado con una oleada revolucionaria— tuvo la ferocidad, no hay otra palabra, de la represión mexicana [...] Una reacción exagerada o excesiva delata, en cualquier organismo vivo, miedo e inseguridad; y la esclerosis no es sólo signo de vejez sino de incapacidad para cambiar."La mayor paradoja de la matanza fue que los asesinos que ordenaron disparar contra una multitud indefensa se pusieron el marbete de salvadores del país, y los estudiantes, profesores, artistas e intelectuales, que pedían en la calle un país libre y plural, fueron encarcelados y les organizaron unos juicios que representan en nuestra historia un ultraje al Derecho.
Un juez que acata con sumisión las recomendaciones del poder político ya es una mancha para el sistema judicial, pero que ese juez invente para encarcelar a los opositores una decena de delitos desorbitados es una muestra de que se vive en un país de leyes sin sentido. Basta asomarse al libro Los procesos de México 68.
Acusaciones y defensa (Editorial Estudiantes, 1970). Enumero solamente los delitos por los que fueron condenados sesenta y cinco estudiantes, profesores, intelectuales y artistas, y que es un ejemplo de hasta dónde puede llegar la maldad humana, que, si no fuera dramático, sería jocoso: Daño en Propiedad Ajena, Ataques a las Vías Generales de Comunicación, Sedición, Asociación Delictuosa, Invitación a la Rebelión, Robo, Despojo, Acopio de Armas, Homicidio y Lesiones contra Agentes de la Autoridad y Falsificación de Documentos y Uso de Documento Falso. Aquellos procesos del ’68 representan el remedo trágico e irrisorio de los que llevaron a cabo en el siglo XX las dictaduras fascistas y comunistas, donde de antemano ya se sabía que el acusado era culpable.
El juez Eduardo Ferrer Mac Gregor vivirá para siempre, parafraseando a Borges, en la historia nacional de la deslealtad a la profesión.El 2 de octubre, a su manera, llevó al encierro y a la soledad a los dos personajes opuestos del movimiento estudiantil: el presidente Díaz Ordaz y el rector Barros Sierra. No volvieron a ser los mismos. No volvieron a cruzar una palabra entre sí. Como recordó varias veces en entrevistas y artículos uno de sus amigos íntimos y colaborador cercanísimo en la UNAM (Gastón García Cantú), para Barros Sierra el 2 de octubre fue una herida que no cerró en los pocos años que le quedaban de vida. Vale la pena anotar que Javier Barros Sierra siempre vio con desdén intelectual al culpable mayor de la matanza; basta leer algunas respuestas que da al mismo García Cantú en sus Conversaciones.
Los propios líderes estudiantiles desde la cárcel acabaron reconociendo la conducta del rector. En una conmovedora carta del 2 de mayo de 1970, a tres días del término de su paso por la rectoría, Gilberto Guevara Niebla, Eduardo Valle, Luis González de Alba y Salvador Martínez della Roca, escribieron a Barros Sierra, entre otras cosas:Por muy distintos caminos, y aunque algunos hayan iniciado el recorrido más temprano, los hombres se encuentran en un punto común, en un cruce de caminos: la rectitud.
No es la primera vez que una causa justa une a personas que obran de buena fe; más bien es la frecuente [...] Ya antes habíamos comprobado juntos, que los insultos lanzados al amparo del poder, la cárcel y la persecución son las verdaderas condecoraciones de todo hombre libre; usted nuevamente viene a confirmarnos que no todo es sumisión ni alabanzas a los poderosos [...] Esta es la otra cara de la moneda, tal vez distinta de la que usted vivió, pero inseparable de ella. Era necesario decirlo porque con su labor en la Rectoría termina un periodo que tuvo para todos una importancia que aún no podemos apreciar [...] Estamos convencidos de que, aunque usted va por su camino y nosotros por el nuestro, no sólo nunca estaremos en campos enemigos, sino que nos seguiremos encontrando en circunstancias similares.
Pese a su aislamiento, el gran solitario de Palacio como se designó a sí mismo Díaz Ordaz, como tituló a una de sus novelas René Avilés Fabila, no disminuyó su rencor, y continuó la persecución de los disidentes del ’68, la cual culminó el día de Año Nuevo de 1970, cuando abrieron las rejas a los presos comunes para que golpearan y robaran a los presos políticos. José Revueltas escribió una crónica minuciosa del salvajismo calculado.Nadie puede arrogarse el ’68 como suyo.
Fue un movimiento colectivo donde todos los que se opusieron activamente en las aulas, en los auditorios, en las plazas, en la calle o en la prensa (líderes, estudiantes, profesores, intelectuales, artistas, periodistas) tuvieron su importancia. Sin embargo, considero que hay tres personajes altamente emblemáticos de la revuelta estudiantil: un rector, un escritor y un poeta: Javier Barros Sierra, José Revueltas y Octavio Paz.
El primero, por su defensa a ultranza de la autonomía universitaria contra el presidente más autoritario del México moderno; el segundo, no sólo por sus apuntes de análisis extraordinarios sobre la realidad inmediata, y los cuales se hallan recogidos en su libro México 68: Juventud y Revolución (Era, 1978), sino por su integración a los cincuenta y cuatro años, no como líder o ideólogo, sino como un estudiante más de la Facultad de Filosofía y Letras, y el tercero, por ser el único funcionario con valor civil del gobierno mexicano en atreverse a renunciar y por publicar un año y cinco meses después el libro más brillante de análisis político del ’68. A esto, si se me permite, quisiera añadir una entre muchas imágenes de aquellos días que no he podido olvidar nunca.
Es la fotografía del cuerpo acribillado en Tlatelolco de la bella edecán de diecinueve años Ana María Regina, a la cual el poeta Juan Bañuelos recordó emotivamente en un fragmento de su poema "No consta en actas": "A ti que me hiciste hablar/ sin haberte conocido/ ¿de qué materia fuiste hecha que las balas/ no destruyeron tu belleza?" El ‘68 ha quedado como el gran estigma de los regímenes priístas.
Nunca dieron una explicación satisfactoria y nunca han podido justificarlo. Pero las matanzas de opositores por los gobiernos priístas no terminaron en Tlatelolco.
Baste citar posteriormente el "halconazo" echeverrista del 10 de junio de 1971; la "guerra sucia" de los años setenta y principios de los ochenta; la matanza de indígenas en el pueblo de Wololchán en mayo y junio de 1980, en la selva baja de los altos de Chiapas, dirigida por el general Absalón Castellanos, que el poeta Víctor Manuel Cárdenas, actor y testigo del hecho, describió en un poema ("Árbol-de-ceniza"); los aproximadamente cuatrocientos perredistas asesinados en el sexenio de Carlos Salinas, y la matanza de Aguas Blancas, Guerrero, dispuesta por el entonces gobernador Rubén Figueroa hijo, y Acteal, consecuencia de la guerra de baja intensidad coordinada desde la Secretaría de Gobernación.

Marco Antonio Campos


fuente- facebook

lunes, 30 de marzo de 2009

Echeverría: la historia no lo deja impune











JORGE CARRASCO ARAIZAGA
La historia no ha absuelto a Luis Echeverría y, sin duda, no lo absolverá. En cambio, el expresidente ya cuenta con la exoneración de las autoridades judiciales que han creado para él, según lo dijo el fiscal Ignacio Carrillo Prieto, un "nicho de impunidad" al liberarlo de toda responsabilidad en la matanza estudiantil del 2 de octubre de 1968. En ello coincide la subdirectora de Amnistía Internacional para las Américas, Kerrie Howard, quien critica al Estado mexicano porque, arguye, no sólo incumple sus compromisos internacionales en materia de derechos humanos, sino que garantiza la impunidad de aquellos que los violan. Exonerado la semana pasada por la justicia mexicana, el expresidente Luis Echeverría Álvarez quedó juzgado para la historia apenas ocurrida la matanza de estudiantes del 2 de octubre de 1968.El Quinto Tribunal Colegiado en Materia Penal del Primer Circuito, con sede en el Distrito Federal, ratificó el jueves 26 el argumento con el que la justicia federal llevó las acusaciones contra Echeverría: hubo genocidio aquella noche de Tlatelolco, pero él no fue responsable.El Colegiado confirmó el amparo obtenido por el exmandatario desde el 12 de julio de 2007, cuando el magistrado José Guadalupe Luna Altamirano, como titular del Tercer Tribunal Unitario en Materia Penal, aseguró que en las casi 59 mil fojas del expediente no encontró "ni una sola prueba" sobre su responsabilidad, pese a sostener que en la plaza de las Tres Culturas sí ocurrió ese delito de lesa humanidad y que éste aún no había prescrito.El criterio predominante en la justicia mexicana fue que no pudo procesar a ningún responsable de aquel hecho sangriento porque los acusados estaban muertos –empezando por el expresidente Gustavo Díaz Ordaz– o la acción penal había prescrito. Más aún, que Echeverría, ahora de 87 años y en ese entonces secretario de Gobernación, "no tuvo nada que ver" en la masacre.Con esta determinación no sólo concluye la prisión domiciliaria a la que Echeverría estuvo sometido desde el 28 de noviembre de 2006, por su probable responsabilidad en esos hechos, sino que prácticamente se terminan las acciones judiciales en su contra.En junio de 2005, la justicia federal también exoneró al exmandatario en definitiva de la matanza estudiantil del 10 de junio de 1971, perpetrada en San Cosme por el grupo paramilitar Los Halcones cuando él era presidente.Con el juicio de la historia a cuestas –ante la que Echeverría pasó como responsable de ambas masacres–, la ratificación del amparo fue criticada por la oficina de Amnistía Internacional (AI) en México, que hizo ver al gobierno de Felipe Calderón que la impunidad por los delitos del pasado se agrava con el clima de violencia e inseguridad que prevalece en el país.Este es un extracto del reportaje que publica la revista Proceso en su edición 1691 que empezó a circular este domingo 29 de marzo.

fuente- proceso

viernes, 27 de marzo de 2009

Exculpa tribunal a Luis Echeverría



Gustavo Castillo

El quinto tribunal colegiado en materia penal del primer circuito determinó este jueves que el ex presidente Luis Echeverría Álvarez es inocente del delito de genocidio por la matanza del 2 de octubre de 1968, y quedó absuelto de todos los cargos que le imputó la extinta Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado, que estuvo a cargo de Ignacio Carrillo Prieto.
El Consejo de la Judictaura Federal informó por medio de un comunicado de prensa que “los magistrados Rosa Guadalupe Malvina Carmona Roig, María Eugenia Estela Martínez Cardiel y Manuel Bárcena Villanueva, al resolver el recurso de revisión 132/2007 interpuesto por el agente del Ministerio Público de la Federación y el quejoso Luis Echeverría Álvarez contra la sentencia dictada por el tercer tribunal unitario en materia penal del primer circuito, confirmó la resolución impugnada en la que se consideró que la acción penal no había prescrito, que se acreditó el cuerpo del delito de genocidio, no así la probable responsabilidad de Luis Echeverría Álvarez en su comisión”.
Esto significa que, si bien sí se cometió el delito de genocidio el 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas y no había prescrito en 2007, el ex mandatario no tuvo ninguna responsabilidad en lo ocurrido.
Al respecto, el abogado Juan Velázquez afirmó: “ya no queda nada. Las dos acusaciones que había contra mi cliente resultaron sin cargos para él. Los casos fueron la matanza del 10 de junio de 1971, conocida como el halconazo, y el 2 de octubre en Tlatelolco 1968.
“Estamos agradecidos, Luis Echeverría y yo, con el fiscal del pasado porque nos permitió que mi cliente fuera sometido a un juicio y que en un proceso legal se le declarara inocente. Desde hoy, uno será el dicho de la gente y otro, absolutamente distinto, el fallo de un tribunal”.
Minutos después de que el litigante conociera la decisión del tribunal colegiado, acudió a la casa de Luis Echeverría y dijo que intentaría que el ex presidente subiera a su coche para darle una vuelta a la manzana como un símbolo de que había recobrado su libertad.
“Tendré la mayor satisfacción de un penalista, acompañar a mi cliente del aprisionamiento a la libertad, ya que voy a llevarlo a dar una vuelta en el coche y luego lo regresaré a su casa, no habrá nada de show”, agregó Juan Velázquez.
El 2 de julio de 2002, Echeverría fue llamado a comparecer ante el MP Federal. La primera orden de captura en su contra fue en junio de ese año, pero obtuvo un amparo. Luego, el 30 de noviembre de 2006, un magistrado federal libró una orden de aprehensión domiciliaria y ordenó que fuera juzgado por ser probable responsable del delito de genocidio.
Ayer, el ex mandatario recuperó su libertad plenamente.
fuente- la jornada