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sábado, 10 de julio de 2010

El legado de León Trotsky

El próximo 20 de agosto se cumplirán 70 años del asesinato de Trotsky, un tiempo más que suficiente para establecer un cierto balance de un legado que no cumplió sus propias expectativas pero sí superó la que sus enemigos le otorgaban.

El 20 de agosto de 1940, las expectativas del “trotskismo” (un concepto que Trotsky siempre escribía con comillas, consciente de la instrumentalización que el estalinismo había hecho de él, primero como un contrapunto del “verdadero leninismo”, y desde mitad de los años treinta como la manifestación más pérfida del “quintacolumnismo”), eran bastante oscuras…En aquel momento, la sección rusa de la Oposición (la “madre” de la oposición internacional), había sido exterminada; la revolución), lo que quedaba del “trotskismo” español cabía en un taxi…En los años de la II Guerra Mundial, el “trotskismo” resultó casi totalmente aniquilado en Europa: además de comunistas y judíos, fueron tratados como “apestados” por los sectores de la Resistencia ligados al estalinismo.

El final de la guerra, los dejaba completamente desarbolados, a duras penas consiguió restablecer una cierta estructuración. Por otro lado, la hipótesis central expresada por Trotsky en El programa de Transición, estuvo lejos de confirmarse. Si bien, la II Guerra Mundial había mostrado la locura y la sinrazón del capitalismo de manera todavía más acusada que la Primera, las condiciones subjetivas habían retrocedido drásticamente. No hubo lugar para nada parecido a una reedición de la experiencia de Zimmervald: la socialdemocracia ni el comunismo oficial no sufrieron ningún desbordamiento por la izquierda significativo. Antes al contrario, de un lado, el capitalismo conoció una tercera revolución industrial con las fórmulas keynesianas que le permitieron una expansión y una estabilidad tal que se legó a pensar que la época de las grandes crisis sociales quedaba atrás, y de otro, el estalinismo victorioso se extendía por la Europa del Este y a finales de los años cuarenta en China.

Los años cincuenta fueron de abierta crisis. Fuera de los grandes aparatos de la socialdemocracia y del comunismo oficial, apenas si quedaron algunos restos de las grandes tradiciones radicales, del socialismo de izquierda, el anarquismo y del “trotskismo”…no fue hasta los años sesenta que, con el empuje de la revolución anticolonialista (India, China, Cuba, Argelia, etc), y de la crisis chino-soviética, que emergieron las diversas fracciones maoístas que sí bien respondían a tareas y exigencias inmediatas, tomaban sus referencias teóricas de algunas de las fases del estalinismo: los más izquierdistas del periodo del “socialfascismo”, los más moderados del período del Frente Popular…En los países sometidos todavía dictaduras de origen fascista (España, Grecia, Portugal), los partidos comunistas mantenían casi integra su aureola de resistencia.

De ahí que todos los cismas derivados de la Cuarta Internacional, y que tanto desconciertan todavía a los profanos, tengan su punto de partidas en las sucesivas crisis de esta época, normalmente situadas como expresiones del gran dilema que planteaba una situación histórica tan diferente a la que vio alumbrar la revolución de Octubre, o a la que precedió el final de la revolución española animada por anarcosindicalistas, socialistas de izquierda, comunismo democrático e incluso con un partido comunista que no había renunciado a la revolución en aras de las exigencias de la política exterior de Stalin. Ya en los años treinta, el “trotskismo” se había distinguido por la búsqueda de fórmulas tácticas renovadas, y no fue otra cosa lo que intentó en Alemania, Francia y España en unas circunstancias cada vez más adversas, y por lo tanto, cada vez con menos capacidad para incidir en los hechos. La metáfora del “planeta sin visado” era también la de una situación cada vez más marginal: la misma que hizo que la II Guerra Mundial concluyera rehuyendo toda posibilidad revolucionaria…

El asesinato de Trotsky tiene una enorme fuerza simbólica: refleja el final de toda una época. Ya no quedaba nadie de los tiempos de los gigantes…En los años cincuenta –seguimos con el hilo-, el “trotskismo” se dividió en base a dos tentaciones: de una lado, la “tradicionalista” (la paleotrotskista según una expresión muy extendida), que ponía el énfasis en que las grandes cuestiones de antes de la II Guerra Mundial seguían estando ahí, y que por lo tanto, El Programa de Transición seguía teniendo una estricta vigencia: solamente había que interpretarlo bien. La otra era la que había cruz y raya con aquel periodo y trataba de buscar nuevas fórmulas en consonancia, una orientación que se ha llamado también neotrotskista, “revisionista” o “pablista” según las diversas corrientes que se dicen representar –cada una de ellas- la “verdadera” continuidad.

Guante los sesenta, en los países industrializados comienza surgir una “nueva izquierda” diferente a la tradicional de las grandes opciones ligadas a la “guerra fría”, y sus expresión más desarrollada serán los mayos del 68 que atraviesan el mundo, y que crean una nueva situación….

En el tramo final de esta fase, servidor pudo publicar su primer libro, Conocer a Trotsky y su obra (Ed. Dopesa, Barcelona, 1979), en una colección y en una editorial ligada al “Grupo Mundo”, cuyos medios fueron muy receptivos del “sesentayochismo” y del momento político del país, y no fue por asaltad que fuese uno de los últimos en aparecer (la anécdota es que n minuto después de cobrar en un banco la primera cantidad por los derechos, me llamo el cajero que me había atendido para decirme que si hubiera llegado dos minutos después, no habría podido pagarme), y de la que me permito reproducir su epílogo con la intención de comentarlo en una próxima ocasión.

De una lado se daba la tentación de trabajar en base a todo lo que se estaba dando de nuevo (las revoluciones an

Epílogo: El legado de León Trotsky


Resulta francamente difícil «encerrar» la vida y la obra de Trotsky en tan breve espacio. Se trata de cerca de medio siglo de intensa vida militante, que se sitúa en el centro mismo del escenario creado por la Gran Revolución Rusa, cuya trascendencia sólo es comparable con la Gran Revolución Francesa de 1789. Trotsky ocupa por derecho propio el lugar de protagonista, antes, durante y después de esta revolución y el cuadro de sus actividades se multiplica en un amplio campo de problemas de primera magnitud que van, desde la lucha por el poder y la tensión polémica y dramática constante, hasta las cuestiones «menores» como el arte y la cultura.
Cada etapa de su trayectoria vital, cada polémica, cada cuestión, han dado lugar a ríos de tintas compuestos por los más variados colores. Deutscher, un «trotskista heterodoxo» que escribió una biografía digna de él, dice:

“Tan copiosa y espléndida fue la carrera de Trotsky, que cualquier parte o fracción de ella habría bastado para llenar la vida de una personalidad histórica sobresaliente. De haber muerto a la edad de treinta o treinta y cinco años, poco antes de 1917, Trotsky habría ocupado su lugar en un mismo nivel que pensadores y revolucionarios rusos como Bielinsky, Herzen o Bakunin, como su descendiente o su equivalente marxista.

Si su vida hubiese terminado en 1921 o después más o menos en el mismo momento en que murió Lenin, habría sido recordado como el jefe de Octubre, como el fundador del Ejército Rojo y su caudillo en la guerra civil, y como el mentor de la Tercera Internacional que habló a los trabajadores del mundo con el vigor y la brillantez de Marx y con acentos que no se habían vuelto a escuchar desde los días del Manifiesto Comunista. (Fueron necesarias varias décadas de falsificación y de calumnia estalinista para empañar y borrar esa imagen suya en la memoria de dos generaciones.)

Las ideas que él expuso y la obra que realizó como jefe de la Oposición entre 1923 y 1929 constituyen la suma y la sustancia del capítulo más trascendente y dramático en los anales del bolchevismo y el comunismo. Trotsky actuó como protagonista de la controversia más grande del siglo, como iniciador intelectual de la industrialización y la economía planificada, y por último como portavoz de todos aquellos que resistieron, dentro del partido bolchevique, el advenimiento del estalinismo. Aun cuando él no hubiera sobrevivido al año 1927, habría dejado tras de sí un legado de ideas que no podría ser destruido ni condenado al olvido permanente, el legado por el cual muchos de sus seguidores se enfrentaron al pelotón de fusilamiento con su nombre en los labios, un legado al que el tiempo va añadiendo pertinencia y peso y hacia el cual una nueva generación soviética va encontrando a tientas su camino”. (1 Oc., t. III, p. 460.)

Como ya hemos explicado, es su último combate, el del tercer exilio, el más importante para él y, sin duda, el más rico en su creación intelectual. Es en esta etapa cuando escribe Historia de la revolución rusa, La lucha contra el fascismo en Alemania, La revolución traicionada, El programa de transición y En defensa del marxismo. Tenemos derecho a creer que, de no haber muerto antes que Stalin —que nació el mismo año—, hubiera seguido siendo la encarnación viviente de la revolución (22. En 1939, el embajador francés ante Hitler, Coulondre, intentaba disuadir al líder nazi de la guerra, con el argumento de que el vencedor podría ser Trotsky. Hitler compartía el mismo temor. De hecho Stalin no vio seguro su poderío hasta su asesinato) habría escrito las obras que tenía proyectadas, hubiera modificado sustancialmente el curso de la Cuarta Internacional ‘y, sin duda, la crisis del estalinismo habría tomado una amplitud mucho mayor. Está lejos de nuestra inte1ción hacer de Trotsky algo mítico, pero no podemos por menos de subrayar que incluso en la derrota y el exilio, su trascendencia personal, carece de parangón.

No se puede, a nuestro juicio, hablar seriamente de marxismo en nuestros días sin conocer seriamente la vida y la obra de Trotsky. Para acceder a este conocimiento, el lector cuenta con la biografía que escribió Deutscher que (al margen de algunas críticas que se le puedan hacer) significa un esfuerzo gigantesco por reconstruir la verdad del comunismo del siglo XX y por situar en su justo lugar a Trotsky. Tiene al alcance de la mano lo principal de la enorme obra escrita de Trotsky, que representa un apasionante intento por enlazar la teoría —dentro de una espléndida prosa literaria— con la acción y el compromiso sin medianías: una obra que se sitúa a la altura de los más importantes clásicos del marxismo. Todavía no cuenta con un estudio sistemático sobre su pensamiento, aunque se están dando los primeros pasos en este sentido.

Nos limitaremos aquí, a modo de conclusión, a subrayar algunas de sus aportaciones más sobresalientes:

--1. Representa un notable esfuerzo por mantener y desarrollar las adquisiciones del marxismo clásico, en una época donde las guerras, las revoluciones y las contrarrevoluciones modificaban constantemente la realidad.

--2. Intentó, sin titubeos ni medias tintas, impulsar organizadamente una corriente de pensamiento y acción opuesta a la socialdemocracia y el estalinismo.

--3• Personificó un gran esfuerzo por enriquecer cuestiones de principios marxistas como son el internacionalismo proletario, la democracia obrera y la autonomía del movimiento obrero y revolucionario en relación a los partidos burgueses cuando la mayoría del movimiento obrero estaba atada a la burguesía “democrática”, «nacional», «antifascista», etc.

--4. Finalmente, hay que destacar su esfuerzo por recomponer y fortalecer las nuevas generaciones de cuadros marxistas revolucionarios.

Esta última tarea ha sido a veces menospreciada. Para entenderla en sus justos términos hay que comprender que, entre otras cosas, toda una generación de cuadros trotskistas fue diezmada por el estalinismo (o por el fascismo, en campos de concentración murieron Abraham Leon y Frank Jakubowski). La generación siguiente tuvo que esforzarse para resistir unas nuevas condiciones políticas en la que el predominio del estalinismo fue casi total en el movimiento comunista y el capitalismo vivió un largo período de estabilidad y reforzamiento ideológico.

Esta resistencia estuvo encarnada en una promoción de hombres y mujeres de la talla de Isaac Deutscher, Roman Rodolsky, Ernest Mandel, George Novack, Livio Maitan, Evelyn Reed, Joseph Hansen, Pierre Frank, J. P. Cannon, Pierre Broué y otros más. Esta generación de resistentes fue la que preparó las condiciones para el «transcrecimiento» que se opera en el movimiento trotskista después del mayo del 68, que marca el surgimiento de una nueva generación de militantes que cuenta con una base de implantación mucho más sólida. Es la hora de la renovación, de los Hugo Blanco, Alain Krivine, Jacques Valier, Perry Anderson, Jacqueline Heinen, Mary Alice Waters, Peter Camejo, Daniel Bensaïd, Denise Avenas, Bernadette Devlin, Alain Brossatt, Robin Blackburn, Caroline Lund y otros y otras, entre quienes se cuentan algunos españoles.

Al margen del acuerdo que se tenga con el trotskismo y de la valoración que nos merezca cada uno de estos personajes, reflejan un notable paso adelante por desarrollar el legado de Trotsky, por reconstruir el marxismo revolucionario en contra del estalinismo y de la socialdemocracia. Es una continuidad de la obra de Trotsky desigual y problemática pero con una presencia notable a la izquierda de los partidos tradicionales que ha de sorprender a los que, como Sartre, velan en el trotskismo una corriente estrictamente ligada a una personalidad ya enterrada. El mismo Sartre ha visto nacer y declinar otras corrientes «nuevas» y «superadoras» como lo fueron diversos socialismos de izquierdas, el «tercermundismo», el anarquismo, el maoísmo, etc.

viernes, 8 de enero de 2010

Trotsky molesta


Supongo que el artículo de Navarrete Trotsky no existe hay que leerlo en clave interna de su grupo. No obstante, creo que no estará de más decir cuatro cosas sobre su contenido aunque sea sin ánimo de resultar exhaustivo.

0. Para empezar…Si se trata de constatar que Trotsky murió hará 70 años, y que desde entonces ha llovido mucho, me parece fuera de cuestión.

No tengo duda de que su obra, leída incluso desde una valoración alta, responde a una época cuyos ejes resultan bastante diferentes a los actuales. Desde entonces han tenido lugar varios “cataclismos”: II Guerra Mundial, ascenso, crisis y descomposición del estalinismo, apogeo del neoliberalismo…

También creo que está fuera de duda de que la gran cuestión actualmente pasa por recomponer los movimientos sociales desde abajo, y en ese sentido es my importante concentrar la mayor fuerza posible. En esta lucha, puede que la devoción excesiva a una escuela suponga un obstáculo, y que lo que más importa es lo que haces. De esta manera puede suceder que en la cotidianidad, militancias diferentes, a veces incluso muy distantes. Sin embargo…

No creo que el debate histórico sea un asunto menor, sobre todo considerando que la situación actual se caracteriza por el desprestigio radical de las izquierdas tradicionales que bloquearon el movimiento obrero durante la fase histórica anterior…Por lo tanto, el socialismo del siglo XXI o e opuesto al burocrático-policiaco que se gestó en la URSS, o no será.

Trotsky murió hace 70 años. Durante los años cuarenta y cincuenta apenas si se publicaron sus obras. En los sesenta fue diferente, su nombre se encuentra entre los referentes más importantes de lo que se llamó la “nueva izquierda”. En los setenta, su tradición conoció un rico “aggiornamiento”, y supuso un desafío (aunque insuficiente) a la hegemonía del comunismo oficial. En lo que ahora se está cociendo, la situación ha comenzado a cambiar, Francia y Portugal son ejemplos de situaciones que hasta hace poco podían parecer imposibles.

En cuanto al viejo, lo cierto s que se están publicando nuevamente sus obras y la de camaradas suyos (Nin, Serge, etc). Aparecen las buenas (Mi vida, Historia de la revolución rusa…), y las malas (Comunismo y terrorismo, la peor, y la primera editada en el Estado español), se efectúan antológicas (la de Jaime Pastor en Libros de la Catarata), se editan y reeditan biografías, , su historia atrae a cineastas y a escritores. De una manera u otra se vuelve a hablar, y mucho del “gran negador”. Esta reanimación tiene un sentido puesto a las diferentes biografías sobre Stalin, el personaje que ocupó el vértice de la historia comunista desde la segunda mitad de los años veinte, y que cuando murió podía presumir de acabar con un cisma como el de Tito con su pequeño dedo. Mientras que estas biografías van en el sentido de la campaña de desprestigio del “comunismo”, la “resurrección” de Trotsky es una llamada a la revolución. A la explicación de lo sucedió en el siglo XX, el siglo de las revoluciones traicionados según palabras certeras de Camus..

Quien reduzca esto a una confrontación de “tribus” está muy equivocado.

Otra cosa que en nombre de Trotsky se de también la tentación sectaria. El “trotskismo” no ha atravesado el desierto sin desarrollar sus propias patologías, pero en este caso habría que concretar quienes y porqué…

1. Trotsky molesta. En pleno triunfal-capitalismo, con el “comunismo” ya derrotado, corrió una consigna para tribunalista y editorialistas: no había que permitir ninguna duda sobre una “presunta” diferencia entre el tiempo de Lenin y el de Stalin, y entre este y Trotsky. En la línea de “no hay alternativa”, esta consigna fue reproducida fielmente, y en diarios de “izquierdas” como El País (o Le Monde) se hizo ley. No la han cambiad. Así, en muchas de las reseñas del best seller de Leonardo Padura, El hombre que amaba los perros, reinciden sobre la simetría: verdugo y víctima son equiparadas por el mismo “totalitarismo”. Es evidente que no han leído la novela, o lo que también es posible: han leído lo que han querido leer.

Es curioso: anticomunistas y estalinistas coinciden en el primer extremo: Stalin fue el continuador de Lenin, y por lo mismo, existe una continuidad entre 1917 y el “Gulag”.

2. El justo medio. No lo puedo evitar, cuando ante actitudes antagónicas alguien trata de establecer un “justo medio”, no puedo por evitar un ataque de cólera. Los lectores comprender, me he criado en un ambiente que podría llamarse de la “tercera España”, gente trabajadora que no tuvo tiempo para llegar a vivir la República (la vida siempre había sido lo mismo), y que después de rechazar el “gran terror” franquista, trataban de cortar mi búsqueda de la República diciendo que “en otras partes los otros hicieron lo mismo”. Este “justo medio” se ha erigido en un elemento capital para la historia oficial escrita al servicio de la monarquía parlamentaria…

Se trata de una equiparación de la que se sirve Manuel M. Navarrete en su Trotsky no existe, que es como decir que Trotsky le molesta. En base a este principio establece su propia versión, busca al peor Trotsky y no dice nada del peor Stalin, y al pesar de negarlo personaliza. Habla de millones de muertos como si fueran moscas, del asesinato de Trotsky y su familia con “liberalidad”, y pasa por alto todo un historial bárbaro que los fanáticos achacan a una “campaña burguesa”. Esto por no hablar de otros detalles, por ejemplo de la miseria teórica de sus partidarios que antepusieron la fe ala razón crítica.

Por ejemplo, se olvida de pequeños detalles como el carácter problemático de Octubre (primer eslabón de la cadena, donde será más fácil conquistar el poder pero mucho más difícil construir una alternativa obrera en un océano campesino), o como que la guerra civil dejó la revolución al borde del abismo. En ese contexto, uno y acabaron representando “partidos” opuestos.

3. Defensa de la URSS. Recuerdo que allá a principios de los años noventa me topé con n viejo amigo anarquista que no veía casi desde la juventud, y después del cordial saludo, me comentó: “No te lo crearas, pero vengo de un programa de radio donde me he visto defendiendo a Stalin…”. Yo hubiera hecho lo mismo con mayor facilidad ya que mi amigo se io confrontado contra un frente neocon, y por lo tanto tuvo que replicar. Sintéticamente, servidor les habría objetado:

---a) que el estalinismo fue un monstruo producido ante todo por la combinación entre la actuación “contra” de los imperialismos, con la vieja casta burocrática que había gestionado el país desde tiempo inmemorial;

---b) que sus principales adversarios y también sus principales víctimas fueron los comunistas insumisos, quienes además proporcionaron los elementos críticos para un análisis marxista del fenómeno, elementos en lo que han bebido todo el socialismo militante ulterior;

---c) que, a pesar de los pesares, los logros de la sociedad soviética (sin soviets desde 1921), era un logro frente a lo que había ahora, significó un avance en cuestiones fundamentales como la planificación económica, una brecha en un sistema capitalista que bloqueaba cualquier avance en el “Tercer Mundo”, un apoyo incierto pero real para las naciones que querían apartarse del imperialismo…

Esto fue lo que defendió el comunismo democrático a lo largo de varias décadas, en un tiempo de supervivencia (y de persecución sistemática, lo peor que te podía pasar un país del “socialismo real” es que te llamaran “trotskista”), cuando la disidencia movía al menosprecio o a la ironía cuando no a la descalificación pura y simple (agentes de la CIA, y lindeza parecidas)…Ahora la situación es muy diferente. Ahora el comunismo democrático aparece como los que se enfrentaron a la burocracia y al monolitismo, y los que se pudieron equivocar en tal o cual cuestión, pero que nunca traicionaron. Siempre estuvieron en la barricada de la revolución, Nin es un ejemplo pero se pueden encontrar por todas partes. Se pueden contar con los dedos los que sobrevivieron en la URSS, pero aún y así dejaron una literatura marxista en medio del absoluto desierto teórico. Dejaron por ejemplo monumentos literarios y testimoniales como los Relatos de Kolyma.

Porque el siglo XX es el siglo de Auschwitz, Hiroshima, y Kolyma.

4. El estalinismo no es solamente la defensa del “socialismo real” y de las políticas del “comunismo oficial” en una larga historia de desastres…Es la filosofía del “mando único”, de la dirección vertical, del monolitismo, de la política como manobra, del comunismo como “institución”, la denigración “fascista” de los adversarios. El grado de desprestigio del “estalinismo” es tal que hasta los propios estalinistas más integrales dicen ahora que eso del “estalinismo” es un invento. Tanto tanto, que el problema central radica en que ha podido daña tanto tanto la causa socialista que a pesar de que el capitalismo se encuentra más desprestigiado que nunca, pero los movimientos que tendrían que darle la respuesta se encuentran todavía convalecientes del todas las consecuencias de la descomposición del “socialismo real”, y de la desintegración de lo que fue el movimiento comunista internacional…

En cuanto al término “trotskismo, hay una trampa. Primero, lo acuñaron los “viejos bolcheviques” (Zinóviev, Kámenev, Bujarin, Stalin), y lo consagró Stalin como una “quinta columna” de antes de 1917 (¿o es que no se han leído la Historia del PCUS (Bolchevique)?), todo para oponerlo al leninismo, por supuesto interpretado por las “supremas autoridades leninistas”. Esto del “leninismo” forma parte de una historia de la escolástica, y lo que ahora verdad hoy lo dejaba de ser mañana según dictaba el Presidium del PCUS. Hay anécdotas para dar y vender, por ejemplo el PCF echó para atrás una obra del filósofo Henri Lefrebvre, entonces este se inventó unas citas de Lenin, y entonces se la dejaron publicar.

Algunas de las afirmaciones de Navarrete sobre Trotsky (¡comparar la actuación sin piedad del Ejército Rojo con el tiro en la cabeza¡) solamente pueden ser fruto de una formación estaliniana (eso sí, en decadencia, a la defensiva), de alguien que no cita una sola fuente, posiblemente porque considera que los aportes de toda una legión de historiadores cuyo prestigio ha superado la prueba del tiempo como Deutscher, Carr, anderson, Liebmann, Mandel, Marie, etcétera, etcétera, son cosas del “trotskismo”.

5. Para terminar. Cuando a Ken Loach le preguntaron en una ocasión si era “trotskista”, respondió que la pregunta era un arma arrojadiza. Una manera de no abordar en sí misma una película o una cuestión a debatir…Cada día encontramos en las páginas de Kaos un buen número de exaltados que utiliza la palabra como algo peyorativo. Se trata de un equívoco. Defender el combate de la izquierda comunista contra el estalinismo, o reconocer la importancia capital de la obra de Trotsky y de su escuela no implica ser “trotskista”. En prime lugar porque sería restringir un legado que es mucho, pero que mucho más amplio. Fue su asilamiento en los años treinta lo que acentuó esa personalización.

En segundo lugar porque hay varios Trotsky, por época, y también con aportaciones o análisis que pueden ser contradictorios. En tercer lugar porque la perspectiva histórica nos permite apreciar desaciertos en algunas de sus actuaciones, la de la guerra de España es un buen ejemplo. En cuarto lugar pues, que han pasado muchos cosas. Habría canto menos un quinto punto. Suele suceder que la apropiación de un término (comunista, marxista, anarquista, trotskista, etc), viene a ser como una suerte de escudo heráldico o como una pócima con la cual mucha militancia que busca “su verdad” como refugio de autoridad, como una manera de soportar las inclemencias de una historia y de una realidad en perpetuo movimiento…

También algo tan importante y necesario como la unidad puede esconder su trampa. Evidentemente, en tal o cual plataforma vamos a defender la pluralidad y la participación, y vamos a respetar a la gente que trabaja lealmente. Pero esa no es la cuestión, porque no se trata de n hecho individual ni tan siquiera local. Se trata de algo mucho más importante. A saber que las palabras socialismo, comunismo, y otras no podrán ser recuperados en toda su dignidad y significación sin llevar a cabo un ajuste de cuentas radical con todos los desastres que hay detrás de nombres como los de Stalin, Mao, Ceaucescu, Enver Hoxa, Pol Pot, etcétera, etcétera.

Esta es una cuestión sine qua non. No debe de haber la menor duda. Una condición que veo además confirmada en la continuidad de los métodos burocráticos que algunos se atreven a llamar todavía “comunistas” o cuando alguien tilda e agente de la CIA o e anticomunista a los denuncian los horrores perpetrados en nombre del pueblo, del socialismo o de la clase obrera, o como amalgamar una evocación a la obra de Vasili Grossman con la propaganda de Libertad Digital, eso por no hablar de los recursos “poéticos” al piolet que, seguro, seguro, saldrá en algunos de exabruptos que suscitará este modesto trabajo..

Por lo demás, a pesar de la discrepancia, pienso que artículos como el de Manuel M. Navarrete ayudan a sacar estos debates de los círculos cerrados, y ayudan a clarificar posiciones que son parte de una historia que no cesa.

fuente- kaos en la red

domingo, 22 de noviembre de 2009

80 años de La Revolución Permanente


Para Celia Hart.

Llega a mis manos después de muchos años, el libro “La Revolución Permanente” de León Trotsky. Un periódico español de circulación estatal distribuyo este libro, con la compra del mismo.

En mis años juveniles en la Argentina, le di una leída rápida sin profundizar, ni prestarle mucha atención. Mejor dicho conocía lo que decía Trotsky, por boca de los que lo criticaban. Haciéndome eco de la Historia oficial “Comunista”.

De antemano el libro estaba satanizado por la “Santa Iglesias Estalinista”, por lo tanto todo lo que decía en el libro era mentira y sus planteamientos carecían de valor político.

Durante muchos año debatí con militantes trotskistas los contenidos de este libro. Debates duros, apasionados y fundamentalmente descalificadores, que en más de una vez terminaban en insultos e incluso en agresiones físicas.

Después de tantos años y después de darle una lectura tranquila y razonada, siento una enorme vergüenza intelectual e ideológica, por haber dicho tantas tonterías y haberme negado, la posibilidad de contar con este instrumento político, tan importante, como es La Revolución Permanente.

Del contenido del libro y del pensamiento revolucionario de Trotsky, charle largamente con Celia Hart en La Habana. Ambos coincidíamos en que en el balance de todos estos años del proceso revolucionario -que va desde 1917 hasta nuestros días- Troski tenia el análisis correcto. La concepción del socialismo en un solo país, la revolución por etapas termina destruyendo el movimiento comunista internacional, haciendo fracasar decenas de procesos revolucionarios, llevando al proletariado a un callejón sin salida y sin futuro.

La deriva estalinista del PCUS arrastro al conjunto del movimiento comunista internacional a políticas reformistas y claudicantes, ante el sistema capitalista mundial.

Según Trotsky en su Revolución Permanente -análisis que venia haciendo desde 1904- para que el socialismo triunfara deberia internacionalizarse y no quedar limitada a una sola nación.

Despues de Trotsky sera seguramente Ernesto Guevara quien entendera claramente este concepto de revolución permanente. El Che entendia que el enfrentamiento con el imperialismo debia darse de forma simultanea. Por ello su “internacionalismo permanente” y su idea de crear en Bolivia un ejercito guerrillero latinoamericano que hiciera posible la revolucion socialista.

La otra concepción, la estalinista, termina con regímenes burocráticos, donde lejos de implantarse la dictadura del proletariado, se impuso la dictadura del nacionalismo ruso con fachada comunista y los gobiernos del área socialista y los partidos comunistas en el ámbito mundial se convirtieron en simples marionetas, al servicio del proyecto del socialismo en un solo país.

Este modelo antileninista termino con la vergonsoza caida y autoinmolación del campo llamado socialista.

A pesar de las nefastas consecuencias de esta política, nuevos tiempos revolucionarios recorren el mundo. En Venezuela hoy se sitúa uno de las experiencias antiimperialistas más importantes, que esta radiando y contagiando a otros pueblos a la lucha anticapitalista.

Después de que León Trotsky terminara de escribir en Constantinopla el 30 de noviembre de 1929, hace exactamente 80 años La Revolución Permanente, su libro tiene más vigencia que nunca.

Con Celia hablábamos de la necesidad de una nueva internacional revolucionaria, que pudiera llevar estos ideales a todos los puntos de la tierra. Ahora más que nunca se hace necesaria.

Había termina este articulo ayer viernes por la noche y en Telesur escucho las declaraciones de Hugo Chávez "Yo creo que llegó la hora de que convoquemos la Quinta Internacional, y yo me atrevo a convocarla, creo que es una necesidad y me atrevo a pedir que la creamos, lo propongo: creo que está decidido", durante la clausura del Encuentro Mundial de Partidos y Movimientos de Izquierda.

Estábamos en el buen camino Celia.

fuente- kaos en la red

domingo, 8 de noviembre de 2009

La (contra) revolución permanente


El diario Publico ha editado la obra clásica de Trotsky en unos tiempos (todavía) de contrarrevolución permanente.
Conviene recordar que esta reedición se inserta en un proceso de reconocimiento mucho más amplio. En muy poco tiempo se han vuelto a editar otras obras suyas (Mi vida, en Cátedra; Historia de la revolución rusa, en Veintinueve letras), ya hemos hablado de las biografías, de la reedición de la trilogía de Deutscher, del trabajo de Liz…También habría que hablar de literatura, especialmente de El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura (Ed. Tusquets, Barcelona), sobre el que habrá que hablar. En este pequeño cuadro habría también que incluir el Trotskismos, de Daniel Bensaïd, así como las ediciones de autores afines como Andreu Nin, Victor Serge (el Destino de una Revolución está a punto en Libro de la Frontera)…
En el “blog” han aparecido informaciones complementarias sobre las ediciones de La revolución permanente por estos lares. La lejana de Fundamentos dentro de su línea de “obras escogidas” de Lenin, Rosa Luxemburgo, el Che, etc, y la más reciente da la Fundación Engels. Esta aportación teórica, lejos de ser una exclusiva de lo que se ha venido a llamar “trotskismo”, resulta ser un punto neurálgico en toda la historia social, comenzando por la premisa expresada por Saint-Just según la cual “toda revolución que se queda a mitad de camino cava su propia fosa”. Ha servido como hipótesis a los historiadores de la revolución inglesa, provocó un enconado debate entorno a la francesa (animado por Daniel Guérin). Esta importancia nes inherente a un aspecto central de la teoría, a saber: al miedo por parte de la burguesía liberal de ser desbordada por el movimiento obrero y popular.
Sin recurrir a esta teoría no se puede comprender que países socialmente atrasados como Rusia, Yugoslavia, China o Cuba, rompieran con cualquier liderazgo burgués, y se plantearan abordar las taras socialistas. Otra cosa es que, en las condiciones concretas en que lo hicieron, pudieran llevarlo a cabo. Globalmente, se puede hablar de un primer ensayo del que subsiste únicamente el de Cuba, y su principal problema ha sido su aislamiento. Uno de los motivos determinantes en la estrategia golpista made in USA en América Latina, fue la de mantener esta situación.
En la Rusia de 1917, la ruptura con el Gobierno Provisional se justificó como la “ruptura” del primer eslabón de la cadena imperialista, o sea como “prólogo” de una revolución internacional. Sí esto ya era un desafío de la lógica “marxista” tradicional (Gramsci dijo que la revolución fue contra El Capital), después de los desastres causados por la guerra civil (un factor objetivo determinante del que se suele prescindir, como si los bolcheviques pudieran haber escogido “modelos” democrático y/o libertaros al margen de estas circunstancias que dejaron el país al borde del abismo), loso obstáculos eran insalvables.
Fue Lenin quien tuvo más clara conciencia de estos obstáculos derivados de la suma del atraso y desastres de las guerras. De ahí que propusiera la NEP, y que llevara a cabo una crítica sistemática del Estado que se estaba construyendo. La maniobra de los “viejos bolcheviques” de entonces (Zinóviev, Kamenev, Bujarin, stalin), fue deslazar el debate…a los conflictos del exilo antes de la revolución de febrero, y luego de crear una culto y una doctrina “leninista” a la medida de sus propias exigencias. En el caso de Stalin se trató de emplear el arsenal teórico de los otros tres para erigirse en “el Lenin de hoy”, o sea un Lenin fuera del tiempo, convertido en un icono utilizable como él mismo denunciara en el prólogo de El Estado y la revolución, obra de próxima edición también en Público. En su momento, ya hablaremos sobre este libro.
Parece que hay amigos que consideran que toda estas cuestiones son agua pasada, y lo único que importa es el presente aunque este se manifieste con la pobreza teórica que en el campo del independentismo se su suple con el entusiasmo juvenil, pero lo cierto es que los cambios sociales y políticos cuando se quieren hacer desde abajo, obligan tanto a crear movimiento como a desarrollar propuestas programáticas lo más avanzadas y correctas posible….
Aparte de todo esto, de lo que no hay duda es que esta reedición popular (que llevará el libro donde nunca antes había llegado), se hace casi ochenta años después de su escritura. Desde entonces han pasado muchas cosas, entre ellas una guerra mundial que puso el mundo boca abajo, y más recientemente, una restauración conservadora que se ha llevado por delante todo el sistema del mal llamado “socialismo real”, que ha desarbolado lo que quedaba de socialdemocracia, y dejad malparados a los movimientos “tercermundista”. O se hace en una fase histórica de “contrarrevolución permanente”…
Esta terrible realidad (la que determina que cuando existen las condiciones objetivas más desarrolladas para la liberación, esta llegó a parecer totalmente inalcanzable y el desastre de la izquierda oficial y sindical es que se adaptado a esta derrota), no se explica sin entender algunas consideraciones como las siguientes:
---1. La historia del siglo XX se puede resumir como la historia de las revoluciones traicionadas (Albert Camus)…La Rusia soviética que “planteaba” (Rosa Luxemburgo), el inicio del proceso revolucionario, rompió el eslabón más débil de la cadena imperialista, pero partía de unas condiciones objetivas internas muy atrasadas y agravadas por una suma de guerras que diezmaron la industria, a la clase obrera, y creó las bases de un proceso de degeneración burocrática que tuvo sus notas más terribles en la represión interior (especialmente acentuada entre 1932 y 1939), y una política exterior que subordinaba los fines del movimiento obrero a las exigencias propias de la URSS…
---2. Después de numerosas crisis sociales (España 1934-1937), la revolución fue derrotada en el Occidente capitalista, pero siguió un curso periférico (China, Yugoslavia…), y ulteriormente, en el Tercer Mundo: Argelia, Cuba, Vietnam. En 1989 este ciclo se cierra, y únicamente permanece en pie, aunque con muchos problemas: Cuba. Una apreciación general no demuestra que las revoluciones sociales tropiezan con mayores dificultades que las revoluciones burguesas…La burguesía ya era hegemónica, la clase obrera está más sometida, y la burguesía cuenta con medios muy fuerte, la represión despiadada (el fascismo), o la corrupción a través de las instituciones y los sindicatos burocratizados.
---3. El ciclo revolucionario clásico (abierto, con mayorías y minorías socialistas), se cierra con la revolución española, concretamente en 1937…El final de la II Guerra Mundial demuestra que, a pesar de que le desastre civilizatorio ha sido mucho mayor que en 1914-1918, todo está atado por los aparatos: socialdemócratas (que se atan al “mundo libre”), o comunista burocrático de los partidos comunistas tradicionales que, de un lado practicaron el reformismo del programa mínimo, y de otro, hacían la referencia tradicional a la Octubre de 1917 y al modelo soviético. Esta dualidad comenzó a entrar en crisis después de que los tanques rusos invadieran Checoslovaquia en 1968
---4. El ciclo que sigue la II Guerra Mundial, comenzó a entrar en crisis en los años sesenta con las revoluciones anticoloniales y con la ola obrera-estudiantil de los mayos. Este movimiento apuntaba por igual contra el capitalismo, contra el imperialismo y contra la burocracia, luchar por el Vietnam era también protestar contra los tanques en Praga. Sin embargo, este movimiento declinó en la segunda mitad de los años sesenta, y tuvo su epílogo en la revolución sandinista. Las décadas siguientes son de total iniciativa neoliberal, sobre todo desde que el “socialismo real” se desploma bajo el peso de sus propias ignominias. Aún estamos padeciendo las consecuencias de este desastre.
Esta fase no ha acabado, ni mucho menos. La diferencia empero radica en que ya hemos dejado de correr, y ahora empezamos de nuevo. Las movilizaciones contra el neoliberalismo, el proceso abierto en América Latina, etc, contribuyen a crear un nuevo ambiente en el que se expresan avances significativos de la izquierda-izquierda, un tema sobre el que los lectores cuentan con buenos análisis, baste mencionar el reciente artículo del “Bensa” en El País, Emerge una nueva izquierda…En ausencia de una contraofensiva a la altura de las circunstancias, la contrarrevolución neoliberal puede seguir haciendo de las suyas aunque ya no se trata de un paseo como lo era en los tiempos de Bush.
En este nuevo contexto, resulta muy importante reconsiderar todos los errores y horrores cometidos en nombre de la clase obrera, y entonces sucede como en la historia de la Iglesia (que, por citar un ejemplo, cita al padre Las Casas para hablar de América Latina cuando se trató de una verdadera excepción): que menos mal que nos quedan los herejes…Nuestra lista es larga, es la tradición abierta, intelectual y horizontalista del socialismo antiburocrático, el que devuelva la palabra a la clase, a los debates, a la acción y al estudio
En ese terreno, nombres como el de Trotsky adquieren una especial relevancia, por su relación con las revoluciones de 1905 y 1917, pero sobre todo por su radical posición al estalinismo…Esto no significa que Trotsky esté fuera de la historia, su trayectoria siempre fue cuestionada, incluso or algunos próximos, y en ella hay momentos más polémicos. Pero decir Trotsky=Kronstadt es como decir Bakunin=Netchev…
En mi artículo anterior trataba de decir cuatro cosas sobre la edición de La revolución permanente en el diario Público, un pretexto como otro cualquier para insistir en un apartado central del legado sobre el que se han ofrecido en el “blog” añadiduras y precisiones que justifican su apertura cuando, dada la basura vertida normalmente cuando alguien trata sobre Trotsky y el mal llamado “trotskismo”…Resumiendo:
Este debate tiene que tener en cuenta un factor: la historia de la revolución ha sido –repetimos- mucho más ardua y compleja de lo que preveían los clásico…
Pero aquí ahora, ¿de qué estamos debatiendo?.
De nuestra historia inmediata, de nuestra impotencia.
Afortunadamente, hay señales poderosas de que esta historia está cambiando, y hay países que social y políticamente están avanzando, Francia, Portugal, Alemania…
El caso del Bloque portugués es muy sintomático. Toda una lección para nosotros. Allí donde “trotskistas”, exmaoistas que habían hecho su lectura crítica de la caída de la “banda de los cuatro”, e independientes, lograron unificarse y apuntalar un punto de encuentro. Algo así pudo suceder aquí entre finales de los sesenta, principios de los ochenta.
No fue otra cosa lo que algunos y algunas creímos que podrían hacer el MCE y la LCR, pero el primero se hizo el “hara-kiri”, y sus dirigentes prefirieron que “sus bases” se fueran a casa antes de seguir el camino…
Este fracaso nos ha creado una bolsa de tiempo perdido que hay que recuperar. Hay que escapar del círculo vicioso de una política institucional en la que todo está atado y bien atado. Tenemos que trabajar con los mejores instrumentos posibles por una alternativa desde abajo al capitalismo y a sus gestores. En ese trayecto habrá muchos encuentros y reencuentros.
La puerta ya está abierta.

Posdata. En toda esta discusión militante, desarrollada a todos los niveles posibles, no cuentan los residuos más impresentables del estalinismo.
Con gente que se ha quedado en la cuneta de la historia. No he querido que cierren el “blog” porque junto con la paja también hay suficiente trigo, y se trata de avanzar por todos los medios abiertos en debates serios y fraternales, pienso que para eso trabaja básicamente Kaosenlared. Este estalinismo residual me ha acompañado desde que empecé a trabajar en esta Web, pero mucha gente que se dedicaba a denigrar y a repetir fórmulas muertas de la “Historia Sagrada” de stalin y Mao, se ha ido quedando atrás. Era, es, gente que no conseguirá ni tan siquiera levantar una bandera propia en un cortejo, la cosa no da para tanto, si acaso para mostrar la fidelidad a algún grupo o líder que todavía sigue creyendo que representa la “historia proletaria” frente a la “historia burguesa” y a revisionistas y/o trotskistas. Está claro que no es posible ninguna discusión ya que, para colmo, ni tan siquiera leen lo que maldicen.
Por lo tanto, ya que el “blog” abierto conlleva esta servidumbre, se trataría de aprovecharla, y en mi modesta opinión, dejar de lado todo lo que no se levante del suelo, todo lo que repita la enésima copia de argumentos podridos. Así es que los Sade, Gramciez, Granados, etcétera, sigan con lo suyo, no hay que quemarse la sangre. Al margen, discutamos entre todos y todas los que tengan algo digno que decir desde cualquier punto de mira. Todos son de interés si son serios y fraternales.
fuente- kaos en la red

martes, 25 de agosto de 2009

Retorno a los orígenes



En tanto que estamento a cargo del poder político en las sociedades divididas en clases, la derecha existió siempre, mientras la izquierda, como se le conoce actualmente, apareció en Europa occidental a medidos del siglo XIX donde debutó con Carlos Marx, Joseph Proudhon y otros forjadores hace unos 160 años.
La partida de nacimiento de la izquierda moderna fue la fundación de la Primera Internacional en 1864. En aquella oportunidad se trató de un encuentro de personalidades y no una reunión de partidos. Entonces, a pesar de la abundancia de matices, hubo consenso en la crítica al capitalismo salvaje expresada en el discurso inaugural y en los estatutos, ambos redactados por Carlos Marx, el primer ideólogo de la izquierda y el primer líder socialista a escala europea.
Aquella matriz única alimentó las coincidencias esenciales que dieron lugar a la fundación partidos de izquierda, bautizados por el propio Carlos Marx como socialdemócratas y que adoptaron el socialismo como opción para enfrentar al capitalismo. El primero de aquellos partidos fundadores nació en Alemania en 1869 y el último en Rusia en 1898 y, a pesar de la hostilidad de la reacción, en varios países europeos alcanzaron una enorme influencia política. Lenin, Rosa Luxemburgo, Karl Kautsky, Fernando Lassalle, Jean Jaurés, estuvieron entre los líderes de las formaciones iniciales.
Antes que partidos políticos, el marxismo, la socialdemocracia, el anarquismo e incluso la doctrina socialcristiana fueron expresiones del pensamiento político avanzado, nacidas de reflexiones que formaron una especie de tronco común y compañeras de viaje hasta que, a principios del siglo XX, por coyunturas asociadas a la Primera Guerra Mundial, se distanciaron. La guerra terminó, más la desunión en la izquierda persistió, entre otras cosas porque Stalin entró en la escena.

La fractura de aquella coherencia virtual en la izquierda europea comenzó cuando varios partidos adoptaron posturas reformistas. El hecho de que en 1899 Alexandre Millerand, un socialista francés ocupara un cargo de ministro que pudo ser un suceso positivo se convirtió en un factor de ruptura, agudizado cuando ese mismo año, Eduard Bernstein propuso la alianza con otras fuerzas para alcanzar metas socialistas. El crack definitivo llegó cuando los partidos integrantes de la II Internacional se dividieron en torno a la aprobación de los créditos de guerra en los respectivos parlamentos, hecho calificado por Lenin de traición y que precipitó la bancarrota de la primera organización socialista europea.
Por una coincidencia histórica, a raíz de aquella polémica, triunfó la revolución bolchevique de cuyo liderazgo, emanó el proyecto de crear una organización internacional sustitutiva para la difusión de las ideas marxista y para impulsar la revolución mundial que entonces se creía inminente. En 1919 nació la III Internacional que auspició la creación de partidos comunistas en todo el mundo. En 1920 la Internacional adoptó las 21 condiciones que excluían cualquier alianza de los comunistas con otras fuerzas políticas locales, cercenaba la libertad de acción de los partidos y codificaba la obediencia a Moscú.
Ayer como hoy ninguna fuerza, partido o líder político, por más partidario que sea de una corriente ideológica mundial, puede sustraerse de los entornos nacionales en los cuales actúa, donde se encuentran sus bases sociales, se definen sus tareas y prevalecen los factores que condicionan su actuación y determinan sus alianzas. La idea de convertir las coincidencias políticas, en metas estratégicas comunes y de hacer del “Movimiento Comunista Internacional” una entidad orgánica, regida desde Moscú, fue primero una quimera y luego una suma de errores, especialmente costosos al aplicarse a la realidad latinoamericana.
Es probable que una vez concluida la guerra civil y derrotada la intervención extranjera, Lenin y Trotski, partidarios de la Nueva Política Económica que incluía el propósito de atraer el capital extranjero, habrían incentivado los esfuerzos para insertar al Estado soviético en los ambientes europeos, proceso que inevitablemente hubiera conllevado a una aproximación a la izquierda socialdemócrata que había elevado considerablemente su protagonismo político e incluso participaba en el gobierno en varios países.
Esa posibilidad fue cancelada con la muerte de Lenin, la defenestración de Trotski y el acceso de Stalin al poder, hecho que crearon un abismo ideológico y político entre los comunistas y la izquierda socialdemócrata que luego, bajo la ocupación nazi, en muchos países fue virtualmente exterminada.
Ahora, cuando ningún líder y ninguna fuerza aspira a la hegemonía, renace la pluralidad y unas corrientes progresistas no excomulgan a otras, en América Latina, la izquierda renace formando un arco iris de fuerzas sociales cohesionadas por el interés en el cambio social y por el compromiso con las causas populares. En ese ambiente, el marxismo genuino, sin imposiciones, dogmas ni sectarismo, retoma su lugar como uno de los elementos, no el único en la ideología y la práctica de la izquierda renacida que retorna a sus orígenes plurales.
Jorge Gómez Barata
fuente- kaos en la red

miércoles, 22 de julio de 2009

Los trotskistas, más libres, más internacionalistas, pero leninistas

1. “Camaradas (invitan los compañeros trotskistas mexicanos) este fin de semana es el congreso extraordinario del PRT. Las sesiones de trabajo serán el sábado 25 y domingo 26 de julio” en la ciudad de México. Es interesante. Esta organización la conocí a principios de los años sesenta y se ha mantenido con altas y bajas, pero en casi 50 años no ha caído en la trampa del electoralismo y del registro burgués. Nunca milité en fracción alguna de esta organización, pero como amigo de la historia y la política, sobre todo de los militantes de izquierda consecuentes, puedo decir que conocí sus corrientes internacionales (mandelianos, posadistas, lambertistas, pablistas) y mexicanas, así como las escisiones que han sufrido. A pesar de mi vieja militancia en el espartaquismo y el socialismo libertario, siempre le tuve afecto a las otras corrientes de izquierda social.
2. Los trotskistas me ayudaron, a partir de 1965, a entender lo que había pasado con la revolución rusa, la revolución china, el stalinismo y el llamado “campo socialista”. En primer lugar la extensa obra del historiador filotrotskista Isaac Deutscher; después historiadores de la calidad de EH Carr y el liberal GDH Cole. Desde entonces pude entender más con la confrontación ideológica chino/soviética, Betelheim, Claudín, Castoriadis, Rubel, Korch, el Viejo Topo y los anarquistas encabezados por Bakunin. Antes de ellos, en los cinco años anteriores (militando en la juventud del PC) había leído con mucho dogmatismo –no críticamente- los principales trabajos de Marx, Engels y Lenin, así como los manuales soviéticos de Nikitín y Afanasiev. Ni modo.
3. La realidad es que tengo mucha deuda y mucho respeto al trotskismo (sobre todo en sus parte libertaria, feminista… pero también al maoísmo, al guevarismo y el anarquismo. Pienso que si aplicamos sus principios “a pie juntillas” se llevaría a una confrontación de “los mil demonios”; pero si tomamos esas corrientes como enseñanzas para una militancia consecuente o enraizada de izquierda, pensando en la liberación de los trabajadores, se puede avanzar muy bien sin dogmas. Ninguna corriente central del marxismo o de izquierda –quizá sólo los déspotas y autoritarios que amenazan, reprimen y asesinan por amor al poder- se ha puesto al servicio del imperialismo, como se acusó a Trotski cuando se asiló en México. Todos ellos me ayudaron a entender que debemos acabar con los dogmas para ser libres.
4. Antes de 1965 no había oído hablar mucho de trotskismo. Del posadista Gilly a partir de un discurso de Fidel Castro. La posición política e ideológica de Trotski fue muy combatida por las corrientes seguidoras de Stalin apenas concluida la revolución rusa de octubre/noviembre de 1917. Durante muchos años estuvo más cerca del menchevismo y sólo unos meses antes de la revolución del coincidió políticamente con Lenin haciéndose bolchevique y ambos se convirtieron en líderes de la Revolución del 17. Sus antecedentes no bolches los llevarían a la derrota después de la muerte de Lenin en 1924. Lo expulsaron del Comité Central, del Partido y del país; en 1940 los mismos stalinistas se encargaron de asesinarlo en México, no sin antes desprestigiarlo en todo el mundo como “maldito agente del imperialismo”, sobre todo en 1938 cuando aparece la IV Internacional.
5. Los partidos comunistas del mundo, creados por la III Internacional fundada en 1918 por el gobierno de Lenin en Moscú, a la muerte de éste fueron dominados por el gobierno de Stalin. La URSS se convirtió en la “Gran Patria del Socialismo” y los partidos comunistas tenían que cuidarla ante el verdadero acoso y las agresiones de los EEUU y demás países capitalistas. Al ser expulsado Trotski a fines de los veinte por sus críticas a “los traidores del socialismo”, se convirtió en un gran enemigo de Stalin y de todos los partidos comunistas del mundo. Era muy difícil entender la lucha ideológica en un período entre guerras, mucho menos en los países donde el capitalismo apenas comenzaba a desarrollarse y los “socialistas” sólo los guiaba la pasión y la voluntad.
6. La leve crítica que le he hecho siempre al trotskismo, es por su acendrado leninismo; me ha parecido que para no ser acusados de antileninistas quisieran ser más leninistas que Lenin. Qué incluso, a pesar de que el menchevismo era más amplio y democrático, por querer Trotski ser más radical que Lenin y ganar posiciones en el partido bolchevique, tomó actitudes autoritarias y prepotentes como jefe del Ejército Rojo en el Décimo Congreso Obrero que reclamaba libertad y ante los marinos de Kronstand a quienes mandó reprimir por exigir cumplimiento de las demandas de la Revolución. Trotski tuvo trabajos teóricos interesantes (Nuestras Tareas) en los tiempos en que Lenin imponía en su folleto ¿Qué hacer?, tareas centralizadoras y de vigilante nocturno (según crítica de Luxemburgo)
7. Lo primerito que leí de trotskismo fue un breve folleto de Michel Pablo con estilo de catecismo trotskista de preguntas y respuestas. Los primeros trotskista que conocí en México fueron a Manuel Aguilar (El Internacionalista), Peralta, Sevilla, Edgar y el GCI; Vázquez, Torres y la LOM; Jaime, Cano, Peñalosa, Lupín, las Solano y la Liga Socialista; a Lucinda y la corriente Rojo; Tito Armando y el POR, y muchos más que luego fueron mis amigos. Conservo aún un rico archivo de interesantes publicaciones que ahora ya estoy dispuesto a donarles. Lo interesante es que he envejecido junto a todas aquellas corrientes y aquellos amigos que nunca aceptaron a la socialdemocracia y su electoralismo en busca de cargos políticos y subsidios. Allí seguiremos otros años más en un movimiento social que sigue igual de débil y fuerte que hace 40 años.
8. Debo reconocer que desde mediados de los ochenta no he sabido ni del trotskismo nacional ni del internacional. He estado en permanente contacto con Manuel y Edgar, he leído algunos números de sus revistas y he visto a varios jóvenes en las manifestaciones vendiendo sus periódicos; nada más. Les veo mucha actividad en el Internet y ayudando a algunos movimientos sociales. Espero que en el congreso que llevaran a cabo este fin de semana lo usen para consolidar un trabajo; Rosario Ibarra les ha servido como un gran pilar, por lo menos desde que la hicieron candidata a la Presidencia. En los últimos años he tenido permanente contacto con los posadistas uruguayos y argentinos ¿Qué habrá sucedido con las otras corrientes internacionales que como Mandel tuvieron interesantes análisis internacionales?

fuente- kaos en la red