martes, 29 de septiembre de 2009

La guerrilla vela armas


Para nadie es novedad: 2010 es cabalístico. En 1810 estalló la lucha por la Independencia de México, y en 1910 la Revolución. Hace 199 años fue para romper el yugo colonial español, y hace 99 se combinaron factores políticos y económicos, con el rechazo a la dictadura de Porfirio Díaz y el levantamiento campesino de Emiliano Zapata en contra de la modernización de las haciendas en Morelos. Para 2010, lo sabe el Gobierno, la guerrilla busca la insurrección nacional, y se están preparando.En la primavera, la Comandancia General del Ejército Popular Revolucionario (EPR), discutió si iniciaba acciones armadas antes de las elecciones federales, pero decidió aplazarlo para el próximo año. De cualquier forma, enviaron una comisión a Chiapas para hablar con los comandantes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
No se saben detalles de las conversaciones que tuvieron, pero no es el primer contacto que tienen. En 1993 discutieron el alzamiento contra el Gobierno mexicano en una cumbre guerrillera, pero las organizaciones predecesoras del EPR consideraron que no había condiciones insurreccionales y dejaron solo al EZLN.Los zapatistas tuvieron éxito y colocaron en la agenda nacional el tema indígena. Pero causaron suspicacia cuando a los 11 días de haberse levantado, aceptaron sentarse a negociar con un comisionado para la paz designado por el entonces presidente Carlos Salinas, Manuel Camacho, lo que es absolutamente inconsistente con la estrategia de la Guerra Popular Prolongada que rige la estrategia guerrillera.
El movimiento táctico zapatista provocó que poco más de 100 guerrilleros del ala militar abandonaran al EZLN con todo y armas y se incorporaran al PROCUP-PLDP, la placenta del EPR, que se fortaleció con su llegada. Nunca rompieron con el EZLN, y cuando el subcomandante Marcos encabezó sus marchas por el país, hubo acuerdos tácitos con las guerrillas para que no obstaculizaran su paso. Aunque mantuvieron contactos informales, se mantuvieron distanciados hasta hace unos dos meses.Tras una nueva cumbre guerrillera en Campeche, donde revisaron las condiciones insurreccionales que hay en el país, la comisión del EPR se reunió con el EZLN, para discutir las posibilidades de un levantamiento armado.
El EPR lo ha venido discutiendo desde hace varios meses al interior de sus órganos políticos. De hecho, en un comunicado distribuido en vísperas de las elecciones del 5 de julio, revelaron la discusión interna al respecto y la decisión, por mayoría, de aplazar el estallamiento de hostilidades.
La efervescencia se ha venido sintiendo desde hace unos meses, con la aparición de grupos desconocidos hasta antes en zonas donde hacía tiempo no se daban movimientos guerrilleros, como Sonora, desde donde arranca una franja guerrillera por toda la costa del Pacífico hasta Chiapas. Las zonas de mayor presencia guerrillera, además de Chiapas con el EZLN, son Oaxaca, Guerrero y la zona metropolitana de la ciudad de México, donde cuando menos hasta hace dos años se encontraba la Comandancia General del EPR.
Al no conocerse el detalle del diagnóstico de la insurrección de los grupos guerrilleros, no se puede evaluar la fortaleza o debilidad de sus argumentos. Pero se puede argumentar que no hay condiciones objetivas para una insurrección nacional. No existen los quiebres en las élites que hubo en 1810 y 1910, aunque hay algunas condiciones similares a episodios vividos durante los años de la República Restaurada de Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada, marcada por la crisis política, la oposición de las fuerzas civiles y militares y el golpeteo permanente de los periódicos.
El resultado de esos años de democracia descontrolada y anarquía, provocó la dictadura de Díaz.Las guerrillas, por lo poco que ha logrado trascender de sus encuentros, parecen estar pensando en que se puede articular un levantamiento armado en varios estados del país, ante falta de consenso político y mediático del gobierno con respecto a su guerra contra el narcotráfico y una crisis económica que ha afectado a todos los grupos socioeconómicos. El planteamiento, en una primera aproximación, parece equivocado.
Aunque también habría que señalar que la insurrección no significa automáticamente una guerra civil. En la búsqueda del quiebre de la autoridad legal está el intento por conquistar el respaldo de un grupo de la sociedad inconforme y molesto con el gobierno, para ir ganando espacios políticos y sociales.Ejemplos de esta estrategia sobran en América Latina.
En México, quienes lo han hecho por razones no ideológicas sino de negocios, son los cárteles de las drogas, que han ganado consenso entre la población civil -aportan recursos a los municipios para obras públicas y financian actividades sociales-, y espacios políticos con el respaldo involuntario de políticos y medios que critican sistemáticamente la estrategia del gobierno para combatirlos sin definir con claridad de qué lado quieren estar -oponerse a los cárteles no significa apoyar al gobierno en sus actos-, lo que crea espacios grises que permiten a los criminales moverse dentro de los canales institucionales.
Como ha venido sucediendo con los narcotraficantes, la forma como interactúan los actores políticos y sociales sí favorece los objetivos guerrilleros por el deterioro de la credibilidad de las instituciones, que aunque siguen teniendo el respaldo mayoritario de la población, no logran resolver el sentimiento de incertidumbre de la sociedad.
La apuesta al 2010, está lanzada. Si lo cabalístico es el pretexto, el periodo a observar será entre septiembre y noviembre, las fechas en las que el país se inventó y se reinventó. El ciclo se presenta una vez más. La interrogante de los próximos meses es si este es un ciclo histórico que viene de regreso, o si habrá esa imaginación hoy ausente en México para reinventar, como en 1810 y 1910, a la nación.
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