domingo, 13 de septiembre de 2009

Guerra Mundial y anticomunismo



JOSÉ HARO HERNÁNDEZ
Hasta no hace mucho, nos han presentado la II Guerra Mundial como un hecho épico desarrollado en lo fundamental por los marines americanos para librar a la humanidad del nazismo. A esta interpretación maniquea y simplista se ha sumado un nuevo ingrediente en los últimos tiempos, al calor de las conmemoraciones sobre el 70 aniversario del inicio, en septiembre de 1939, de aquella ingente carnicería humana.
Me refiero a que los fabricantes de opinión han encontrado recientemente un nuevo culpable del horror que sacudió Europa y el mundo entero: la Rusia soviética, con Stalin a la cabeza.
El crimen lo habría perpetrado el georgiano cuando llegó a un acuerdo con Hitler de no agresión que implicaba el reparto de Polonia, dando paso al ataque alemán a este último país que condujo a la conflagración mundial. Esta interpretación, en la medida que esconde hechos, está escorada ideológicamente. Stalin había intentado insistentemente, desde 1935, llegar a un acuerdo con Francia e Inglaterra para contener la amenaza hitleriana, pero estos dos países respondieron a las pretensiones soviéticas apaciguando a Hitler en Munich mediante un trato, suscrito en septiembre de 1938, que propició la invasión nazi de Checoslovaquia.
La URSS se encontró absolutamente sola frente a quien se había trazado como objetivo fundamental de su política exterior la expansión hacia el Este (la conquista del 'espacio vital' alemán, Labensraum) y la aniquilación del bolchevismo, asimilado en la propaganda nazi al judaísmo.
Así, el pacto entre Molotov y Ribbentrop, firmado en agosto de 1939, es el resultado de una efímera confluencia de intereses entre dos enemigos irreconciliables condenados a enfrentarse a muerte. Hitler ganaba tiempo con el fin de preparar a su ejército para el asalto a la URSS a la vez que se acercaba, anexionándose Polonia, a las fronteras soviéticas. Recíprocamente, Stalin creaba un colchón de seguridad (la parte polaca que quedaba bajo su influencia) a modo de tampón protector de su propia frontera, amenazada desde el acceso de Hitler al poder.
También ganaba tiempo para reconstruir un ejército diezmado por las purgas de 1937 que inexorablemente iba a encontrarse, más temprano que tarde, con la más mortífera máquina de guerra conocida hasta entonces. Así pues, en su génesis, la II Guerra Mundial se prefiguró a partir del objetivo de la conquista alemana del Este europeo y la destrucción del socialismo soviético. No en vano, las fuerzas conservadoras y las clases dominantes de Occidente no ocultaron su admiración, hasta bien entrada la guerra, por ese dictador histriónico que metía en cintura a los comunistas y a los sindicatos.
Lo que ocurrió después avala precisamente esta interpretación: la II Guerra Mundial, en lo que al escenario europeo se refiere, fue en realidad una guerra entre nazismo y bolchevismo. Las cifras no pueden ser más explícitas.
La URSS perdió a treinta millones de personas, la mitad del total mundial. Sólo en la batalla de Stalingrado, dos millones de soldados perecieron. El ejército rojo provocó la destrucción del 75% del material de guerra nazi y del 70% de sus tropas. Ello llevó a Winston Churchill a afirmar que "fue el ejército ruso lo que le sacó las tripas a la máquina de guerra nazi".
Por todo ello sorprende que, en este 70 aniversario, en lugar de reconocer el papel determinante de la URSS en la victoria sobre el nazi-fascismo, se impute a esta nación, y más en concreto al 'comunismo', una responsabilidad criminal en el origen del conflicto, cuando la realidad es muy otra y nos conduce a la siguiente pregunta: ¿quién hubiera parado a Hitler si derrota al Ejército Rojo, ocupa la URSS y se apodera de todos sus recursos estratégicos? Algunos sostienen que es posible que la esvástica todavía ondeara en nuestros edificios oficiales. Nunca lo sabremos, pero lo que sí es seguro es que, ante la crisis del capitalismo y la emergencia de corrientes racistas y fascistas, los medios adscritos al poder han decidido criminalizar las ideas que plantean una alternativa al insostenible sistema mundial actual, y para ello no han dudado en reescribir la historia de la Segunda Guerra Mundial.



fuente- en la opinon de murcia.es

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